Las reformas estructurales en el contexto electoral

Dentro del contexto electoral que se avecina, para el 2018, las reformas estructurales y el propio modelo neoliberal van a ser tema de discusión. Aunque, las reformas estructurales promovidas por el “Pacto por México” pueden acaparar el centro de atención, sobre todo la reforma energética, la concepción del propio Estado y su democratización siguen siendo tema de un intenso debate. Dado el fracaso en los objetivos medulares, principalmente en las reformas promovidas por el Pacto por México: combatir el espectro de la informalidad del mercado laboral, reducir los niveles de pobreza, así como la desigualdad de ingreso y de oportunidades, activar la economía del país, entre otras, hace inevitable que los diferentes concursantes a la presidencia del país aborden estos temas. Además, algo inimaginable en el contexto de las últimas contiendas electorales: el efecto Donald Trump en la economía mundial. En un excelente editorial, La jornada Nacional expone lo siguiente: “Resulta difícil, aunque no inconcebible, imaginar una economía mundial de mercado sin la participación de Estados Unidos: esta sencilla verdad está siendo, para los apóstoles del neoliberalismo, más contundente que los razonamientos que sistemáticamente son recibidos, examinados y desechados por los asistentes al Foro de Davos, y que señalan puntualmente los demoledores efectos que la actual gobernanza tiene sobre los países emergentes o en economías de transición.” http://www.jornada.unam.mx/2017/03/17/edito

Firmantes del Pacto por México
Firmantes del Pacto por México

Dadas las condiciones actuales, y los vientos que se avecinan, voy a ubicar las reformas estructurales mexicanas en su contexto histórico y así vislumbrar a que se enfrentan los pre-candidatos a la presidencia de México. Reformas estructurales o reforma del Estado y democratización del país, concebidas como una re-ingeniería gubernamental comenzaron a partir de la crisis económica de la década de 1980, abriendo paso al modelo neoliberal que actualmente vivimos. A partir de esa década, en un entorno de globalización, inician las modificaciones para cambiar las formas de producción e ir generando procesos de desindustrialización nacional y reindustrialización flexibles acorde a los nuevos tiempos, en el marco de procesos de apertura comercial y financiera como puede sinterizar la firma en 1993 del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá y los más de 40 tratados que a la fecha se tienen firmado. El neoliberalismo mexicano se ancló a través de reformas constitucionales, las cuales dieron el marco legal para su ejercicio y en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Ambas cosas van generando cambios estructurales y sociales que enraízan, no tan solo las vías y los modos de hacer negocio de ahora en adelante sino, también, en el estilo de vida de las personas en el país.

Firmantes del TLCAN
Firmantes del TLCAN

Las reformas estructurales que dieron pie al modelo de desarrollo económico que impera actualmente en México, economía abierta de enclave exportador, se implantó en un contexto de fuertes desequilibrios estructurales inducidos por el estilo de industrialización con una abierta vulnerabilidad a la dinámica económica internacional. Actualmente, después de más de 30 años de reformas estructurales, México sigue teniendo fuertes desequilibrios estructurales y una dependencia casi absoluta a la economía norteamericana. México es el tercer socio comercial de Estados Unidos, concentra 64% de su comercio total y 80% de sus exportaciones con ese país.

Durante el proceso de apertura comercial la migración se convirtió en una fuente de ingreso de divisas, así como de sustento para la economía familiar del país. Las remesas son la tercera fuente de ingresos externos del país, después de las exportaciones manufactureras y petroleras. De acuerdo al Banco de México las remesas son la cantidad en moneda nacional o extranjera proveniente del exterior, transferida a través de empresas, originada por un remitente residente en el exterior que transfiere recursos económicos a sus familiares en México. En el 2015 se enviaron de Estados Unidos a México aproximadamente 24.300 millones de dólares y en el 2016, en los primeros 11 meses la cantidad recibida asciende a 20 mil 047 millones de dólares (20,047 millones), lo que hace a las remesas un factor económico ineludible.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos evidenció lo vulnerable de la economía mexicana. Desde el 2008, México empezar a gastar más de lo que le permiten sus propios ingresos, y actual gobierno no solamente no lo corrigió, sino que lo agravó. Este desequilibrio fiscal, que hoy pone al país como el más vulnerable en el mundo frente a las medidas de Donald Trump, ha desembocado en el aumento descontrolado de la deuda pública (50 por ciento del PIB). Los recientes ajustes al gasto público no han sido suficientes para compensar la caída de los ingresos a raíz de la crisis en el sector petrolero.

Donald Trump, haré América grande
Donald Trump, haré América grande

Las reformas estructurales incluyeron su apartado para la refuncionalización y democratización del Estado mexicano. Sin embargo, la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa; en el que la policía municipal de Iguala (220 km al sur de la ciudad de México) persiguió y atacó a estudiantes durante la noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27 de septiembre del 2014, y donde además se cuenta con un saldo de 9 personas fallecidas y 27 heridos, puso en evidencia la precaria situación legal del país. Las reformas estructurales no generaron un imperio de la ley como se esperaba. La corrupción continúa en los más altos niveles gubernamentales y la impunidad y la falta de justicia impera en el país. Mientras escribo este artículo se está eligiendo al Fiscal anti-corrupción, lo que, de acuerdo a los analistas políticos aparenta ser toda una farsa.

Ninguna de estas reformas estructurales se hubiera podido llevar acabo sin las debidas reformas constitucionales correspondientes. Algunos expertos constitucionalistas han señalado que, en la Constitución mexicana conviven el espíritu social y el neoliberal. La Constitución de 1917 llegó a su centenario con 229 reformas, que se traducen en 695 cambios a 114 de sus 136 artículos. Los cambios hechos a partir del sexenio de Miguel de la Madrid (1982-88) y hasta las últimas modificaciones en la administración del presidente Enrique Peña Nieto han transformado un Estado social, plasmado en el texto de 1917, en uno neoliberal. El periodo en que más cambios se han introducido a la Carta Magna inicia en 1982 y continúa en la actualidad: casi dos tercios de las reformas (66.9 por ciento) y más de la mitad de los decretos (56.4 por ciento) son posteriores a ese año, de acuerdo con un estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM. La reforma educativa, la energética, la electoral, la del sistema de pensiones o la de los derechos humanos son algunas de las que se han registrado en este periodo. Los cambios a la ley fundamental han incluido asuntos como el control de la constitucionalidad de las leyes, la autonomía de gobierno y administración de los municipios, el sistema electoral y representativo (federal y local), los derechos y autonomía de los pueblos indígenas, la propiedad y justicia agraria, la transparencia y acceso a la información pública gubernamental, los sistemas de justicia penal y seguridad pública, las relaciones del Estado con las iglesias y las comunidades religiosas, y la explotación de recursos energéticos y empresas productivas del Estado. (Entrevista a Alejandro del Palacio Díaz, a Diego Valadés y a Miguel Pérez López hecha por La Jornada) http://www.jornada.unam.mx/2017/02/04/politica/010n1pol.

El único candidato, hasta el momento, que ha presentado críticas al Pacto por México y sus reformas, en especial a la reforma energética, es Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, su posición es tibia, y como se dice coloquialmente, políticamente podría vivir sin ellas. López Obrador ha señalado que sería un comportamiento autoritario solicitar la abrogación de tales reformas constitucionales y en relación a las reformas promovidas por el Pacto por México (laboral, educativa, fiscal, energéticas, entre otras) expone en su último libro titulado “2018 La Salida, Decadencia y renacimiento de México”[1] (p 103-04) que, “no responderemos a una imposición con otra imposición; en cambio, se consultará a la gente si tales reformas se mantienen o se cancelan, … En caso de que la mayoría se manifieste a favor de revertir la llamada reforma energética, de inmediato se iniciará el proceso legal que corresponda. Para esto ayudará mucho que se gane la Presidencia, sino, también, la mayoría en el Congreso.” Cautelosamente, López Obrador separa la reforma energética de las otras reformas llevadas a cabo por el Pacto por México. La lectura de su libro no sugiere que va a invertir gran cantidad de tiempo y energía en revertir tales reformas, cosa diferente en la energética. No bebemos ignorar que el mundo político constitucional se mueve como pantera nebulosa, lleno de trabas y negociaciones, lo que facilita siempre engañar a la masa votante.

Andrés Manuel López Obrador
Andrés Manuel López Obrador

La posición de López Obrador no va acorde a sus críticas, sobre todo por la urgencia que él señala de revertir dicha reforma para utilizar los ingresos petroleros en el desarrollo económico del país. La consulta al votante no tiene cabida en las reformas constitucionales, se obtenga o no la mayoría para un cambio, el resultado solo tendrá valor político o propagandístico. Para lograr una reforma constitucional se requiere que el Congreso de la Unión, a través de cada una de sus dos Cámaras, apruebe el cambio con el voto de dos terceras partes de los representantes presentes, y que esto sea ratificado por los congresos de 16 estados. Con una mayoría simple en el Congreso de la Unión, de los partidarios de López Obrador, no se podrá llevar a cabo ninguna reforma constitucional. Así que se hará mucho ruido y al final se dirá: “nos ganaron compadre”, frase que refleja que nunca se quiso cambiar nada.

He señalado que el TLCAN es parte del ancla que sujeta firmemente a México dentro del modelo neoliberal, sin embargo, tanto para los diferentes pre-candidatos ya exhibidos como aspirantes la presidencia del país, así como para López Obrador, este tratado es solo un instrumento que requiere ser modificado en el área de crecimiento económico. La ausencia de un análisis del contenido de los tratados neoliberales-globalizantes que tiene México con Canadá y Estados Unidos, así como otros países y regiones es señal de, no de desconocimiento, sino de no querer cambiar las cosas. La crisis generada por Donald Trump, presidente de EEUU, obligará a los candidatos a la presidencia en el 2018 a abordar abiertamente no solo el TLCAN, sino también, el propio modelo neoliberal y la disfuncionalidad del Estado mexicano, los cuales dan signos evidentes de agotamiento.

[1] López-Obrador AM., (2017) 2018 La Salida, Decadencia y renacimiento de México, ed. Planeta, México

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