López Obrador y su propuesta de desarrollo económico para México

Entre los puntos más controversiales del proyecto de gobierno de Andrés Manuel López Obrador se encuentra su propuesta de desarrollo económico. Sin más, ésta consiste en hacer renacer el Estado del Bienestar, la cual López Obrador sustenta, principalmente, en la eliminación de la corrupción en la administración pública y en lo que él llama “Austeridad Republicana”. Supuestamente, con lo ahorrado en la reducción de la corrupción y la reducción en un 50 por ciento de los salarios de los empleados de primer nivel federal, y el cierre de algunos programas federales, habrá dinero suficiente para echar andar su modelo económico. Sus discursos hacen referencia, permanentemente, a su propuesta, además, en su último libro, titulado “2018 La Salida, Decadencia y renacimiento de México”[1], López Obrador desarrolla a cabalidad este proyecto. Lo controversial no es su proyecto económico, propiamente dicho, el cual consiste en establecer “un Estado de Bienestar, igualitario y fraterno, para garantizar que los pobres, los débiles y los olvidados encuentren protección ante incertidumbres económicas, desigualdades sociales, desventajas y otras calamidades, donde todos podamos vivir sin angustias ni temores”, sino en la cohabitación de este proyecto con el neoliberalismo. Por lo que, López Obrador se cura en salud al señalar en su libro que habrá cero endeudamiento, algo que sería un requisito fundamental para evitar el descalabro financiero y el desequilibrio fiscal  http://lopezobrador.org.mx/2016/08/11/conferencia-cambio-y-porvenir-de-mexico-en-acapulco-guerrero/.

Retomando el elemento moral de su discurso pudiéramos decir que es agradable al oído, pero la economía es una ciencia que toma en consideración los recursos, la creación de riqueza y la producción, distribución y consumo de bienes y servicios, justamente, para satisfacer las necesidades humanas y su quehacer no descansa, necesariamente, sobre los principios morales que López Obrador sustenta. Los imperativos éticos o morales, en este caso en particular, de no quedar adscritos a un marco legal se mantendrán en el ámbito del deber y no en el de la “obligación”, so pena de castigo o condena punitiva. La corrupción en la administración pública es solo uno de varios factores que impiden el buen desarrollo económico de un país y no, como lo señala López Obrador[2], “la causa principal de la desigualdad y de la tragedia nacional que padecen los mexicanos; la deshonestidad de los gobernantes y de las élites del poder es lo que más ha deteriorado la vida pública del país, tanto por el mal ejemplo como por la apropiación de bienes de la colectividad”.

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que más de la mitad de su último libro consiste en señalar ejemplos de corrupción en la administración pública federal. Sin embargo, adolece de un buen diagnóstico económico de México. Cualquier propuesta de desarrollo económico, mínimamente, debe partir de un diagnóstico económico-social del país donde se pretende aplicar. Por ejemplo, en el caso de México, la crisis de los ochenta implicó replantear la forma de acumulación y reproducción social para el capital y el Estado bajo un entorno de globalización, lo que modificó las formas de producción generando procesos de desindustrialización nacional y reindustrialización flexibles acorde al nuevo modelo de desarrollo económico. Esto, dentro del marco de procesos de apertura comercial y financiera como puede sintetizar la firma en 1993 del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá y los más de 40 tratados que a la fecha se tienen firmado. El modelo de desarrollo económico que impera actualmente en México es uno de economía abierta de enclave exportador. Este modelo se implantó en un contexto de fuertes desequilibrios estructurales inducidos por el estilo de industrialización de y con una abierta vulnerabilidad a la dinámica económica internacional. México es el tercer socio comercial de Estados Unidos y, en el caso de México, éste concentra 64% de su comercio total y 80% de sus exportaciones. Otro elemento que no puede ser esquivado en el análisis económico es que, las remesas son la tercera fuente de ingresos externos del país, después de las exportaciones manufactureras y petroleras. De acuerdo al Banco de México las remesas son la cantidad en moneda nacional o extranjera proveniente del exterior, transferida a través de empresas, originada por un remitente residente en el exterior que transfiere recursos económicos a sus familiares en México. En el 2015 se enviaron de Estados Unidos a México aproximadamente 24.300 millones de dólares y en el 2016, en los primeros 11 meses la cantidad recibida asciende a 20 mil 047 millones de dólares (20,047 millones), lo que hace a las remesas un factor económico ineludible.

Andrés Manuel López Obrador
Andrés Manuel López Obrador

Señalar que la corrupción es la causa de que la economía mexicana se presente con un visible agotamiento, es ignorar los diferentes mecanismos aplicados a fin de obtener una estabilidad económica, la cual, aun con todas las medidas tomadas se mantiene en crisis, producto de la combinación del propio modelo de economía abierta y de la contractilidad de la política económica. Datos sobre esto se encuentra en diferentes reportes de investigación económica. El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp) alertó que la deuda pública se incrementó 64 por ciento o 12.8 puntos del producto interno bruto (PIB) en lo que va del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto. Sobre el saldo histórico de la deuda o de los requerimientos financieros del sector público, destacó que representan más de la mitad del PIB nacional (50.5 por ciento) http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2017/02/05/deuda-publica-se-elevo-64-este-sexenio-ceesp. La creciente deuda en que ha incurrido el sector público provocó que el año pasado (2016) el costo de pagar intereses consumiera recursos que superan los canalizados por el Estado para la Secretaría de Educación Pública (SEP) y prácticamente cuadruplican el presupuesto de la Secretaría de Salud, revelaron documentos oficiales. Mientras la partida presupuestal destinada a cubrir los intereses de la deuda pública, tanto la contratada dentro como fuera del país, fue en aumento, la inversión que realiza el sector público, recursos que a la larga se traducen en crecimiento económico, fueron a la baja en 2016 respecto de los gastados en 2015, según información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2017/02/09/intereses-de-la-deuda-publica-se-llevaron-mas-recursos-que-la-sep. Bajo ninguna circunstancia podemos decir que esto es producto únicamente de la corrupción.

El proyecto de López Obrador de renacer el Estado de Bienestar, además de recalcar en el elemento moral de la corrupción, también se sustenta en la supuesta falta de crecimiento económico durante los últimos 31 años. Algo que requiere ser relativizado y ponerse en el contexto adecuado, a fin de elaborar estrategias correctas, es el del crecimiento económico del país. López Obrador señala en la página 209 de su último libro que: “El fracaso del modelo neoliberal se manifiesta precisamente en la falta de crecimiento de la economía: en 31 años, desde el 1984 a 2015, el crecimiento del PIB promedio anual ha sido de 2 por ciento, pero si consideramos el aumento de la población, el Producto per Cápita (PPC) creció apenas 0.3 por ciento (datos del Banco Mundial). Antes de continuar quiero señalar que, si bien las reformas neoliberales comenzaron durante la presidencia de Miguel de la Madrid (1 de diciembre de 1982 al 30 de noviembre de 1988), este periodo debe ser analizada con criterios particulares, tomando en consideración en qué condiciones económicas y sociales José López Portillo termina su periodo presidencial. El gobierno de Miguel De la Madrid, propiamente dicho, puede caracterizarse como la transición de la transición, se rompe con el modelo económico del “Estado de Bienestar” y se inician diversos programas de estabilización económica. Además, durante su gestión México sufrió uno de sus peores desastres naturales de su historia, el terremoto del 19 de septiembre de 1985, por lo que, debería haber un apartado especial para este periodo de transición económica.

Por otro lado, el economista y columnista Enrique Quintana (2010, 4 de febrero, Reforma) reunió datos sobre éste y otros temas muy ilustrativos, como los siguientes: “En la primera parte del sexenio de Salinas, la tasa media de crecimiento de la economía fue de 4.5% al año; para la segunda mitad del sexenio bajó al 3.3%, que no estuvo tan mal, pero ilustró el agotamiento del impulso inicial de las reformas. En el caso del sexenio de Zedillo se empezó mal con un crecimiento de apenas 2% promedio en la primera mitad de esa administración. Al concretarse el efecto del TLC y reactivarse la economía de Estados Unidos por efecto de las políticas de Clinton, despegamos y se obtuvo un crecimiento promedio de 4.8% en los últimos tres años. En el caso de Fox, también la primera mitad fue la peor: el promedio del crecimiento en la primera mitad de su sexenio fue de 0.2%: el más bajo desde los tiempos de De la Madrid. La segunda mitad del gobierno de Fox tuvo un buen resultado económico: el promedio del crecimiento fue de 4.1%. El patrón se repitió en la administración de Felipe Calderón: la peor primera mitad de sexenio alguno en el México moderno. Luego del derrumbe sin precedentes del año pasado, el crecimiento promedio fue de -0.8% anual. Este año, la tasa de crecimiento bien podría llegar al 4% y no estará tan abajo en los próximos dos años. Y concluye Quintana: “El hecho de que no podamos hilar un sexenio completo sin tropezarnos, tiene que ver con la inconsistencia de las políticas y con la ausencia de motores propios en nuestra economía. O nos hundimos nosotros solos (como ocurrió en 1994-95) o no tenemos manera de amortiguar el jalón que nos da Estados Unidos cuando se viene abajo, y no estará tan abajo en los próximos dos años”[3]. Utilizando los datos anteriores tenemos un promedio de crecimiento de 2.74, por lo que, la premisa de que en el neoliberalismo no hay crecimiento es falsa. El tema del crecimiento económico es más complejo que la simple enumeración de cifras.

López Obrador no es el primero ni el único que está proponiendo el restablecimiento del Estado de Bienestar como mecanismo alternativo de crecimiento. En diferentes países del mundo, el renacer la expansión de los programas de bienestar, actuados desde el Estado, se han justificado no sólo con el fin de acudir a las necesidades más primarias de la población, sino también como política para regular el mercado y reavivar el consumo. En este caso, la de estimular el crecimiento económico. Por lo que, esta política de bienestar, gestada desde el Estado, enciende las luces de alerta ya que, implican aumentar el gasto público y las cargas fiscales.

El experimento de renacer el Estado de Bienestar por parte de López Obrador confronta su antítesis, el neoliberalismo. En su propuesta de los 50 puntos programáticos, así como en su último libro señala lo siguiente: “Se mantendrán equilibrios macroeconómicos, se respetará la autonomía del Banco de México y se promoverá la inversión privada nacional y extranjera…” Deseo señalar que una política económica gobernada por un Estado, nuevamente rector como es el caso del Estado Benefactor, entraría en fuertes contradicciones con un banco central nacional autónomo, el cual se rige por el sistema financiero internacional. El corazón del neoliberalismo consiste en la enajenación de la titularidad-rectoría de la economía nacional por parte del Estado y, este a su vez, se la entrega al banco central de cada país respectivo, lo que permite mantener una política macroeconómica dependiente del sistema financiero internacional, por lo que, la actividad económica interna de cada país se supedita a los lineamientos internacionales regidos, a su defecto, por su banco central.

La incompatibilidad del Estado de Bienestar con una eficaz política monetaria, una de control de la inflación y una de disciplina fiscal se evidencia justo en estos momentos cuando el peso se encuentra en franca devaluación y aun así el Banco de México aplica una política restrictiva-recesiva. El neoliberalismo pretende el crecimiento económico de los países involucrados, pero su política financiera internacional favorece la macroeconomía al desarrollo interno de ese país. Un ejemplo de esto son los recientes ajustes presupuestales donde se redujo el gasto en salud en casi 6 mil millones de pesos. Pensar que estos ajustes son producto de la maldad del presidente en turno o de la ignorancia del secretario de Hacienda, es desconocer la ortodoxia del neoliberalismo. Es evidente que el Estado mexicano ha dado prioridad al control de la inflación sobre el crecimiento económico. Estas medidas económicas no son de sorprenderse, tomándose en consideración lo antes mencionado.

López Obrador propone un gasto recurrente permanente para el establecimiento del Estado de Bienestar en los siguientes rublos: cobertura universal en telecomunicaciones; pensión a los adultos mayores; todos los estudiantes de nivel medio superior contarán con una beca mensual equivalente a medio salario mínimo; ningún joven será rechazado al ingresar en escuelas preparatorias y universidades públicas, es decir, habrá 100% de inscripción; serán gratuitos los medicamentos y los servicios en consultorios, clínicas y hospitales públicos, desde el primer nivel de atención hasta la medicina especializada http://www.proceso.com.mx/463327/amlo-doce-sus-polemicas-propuestas-2018.

A lo que señalo que, sin importar cuánto dinero se ahorre llevando a cero la corrupción, reduciendo en un 50 por ciento el salario de la alta burocracia y llevando una política de austeridad, el modelo de desarrollo económico con dos sistemas paralelos (neoliberalismo-Estado de Bienestar) traerá fuertes contradicciones, estos modelos son antitéticos, lo que podría llevar a un proceso de desestabilización económica fuerte, al colapso económico como ha ocurrido en varios países de Latinoamérica que han intentado este experimento.

Además, estos comentarios de carácter estrictamente económicos deben ser conjugados dentro de la disfuncionalidad del Estado mexicano. La combinación de un Estado presidencialista en decadencia unidas a la economía de mercado, auspiciados por las políticas neoliberales, dan al traste con la funcionalidad gubernamental. Manuel Villa Aguilera[4] señala: “En estas circunstancias, poderes del mercado y clase política ganan beligerancia, autonomía y capacidad para doblegar y hasta distorsionar a las instituciones. El problema en países como México se agrava porque, tanto en lo político como en el mercado, los grupos de poder no son plenamente contemporáneos: coexisten fuerzas dinámicas, sincrónicas con la dinámica del capitalismo de punta, con otras configuraciones anacrónicas pero poderosas, oligarquías en el ámbito territorial, así como con las organizaciones del mercado, la política y las parasitarias del poder social.” A esto añado lo que los investigadores Edmar Salinas Callejas y María Elena Tavera Cortés[5] señalan: “Las limitaciones del subdesarrollo precedente no las supera la economía abierta en el contexto de globalización por los causes que ha generado: un sector exportador con una diversificación limitada y la inversión extranjera directa (IED) como promotora fundamental del crecimiento. Se requiere más que nunca la participación eficiente del Estado en el mecanismo de formación de capital y de incubación de empresas modernas en estrecha asociación con el empresario nacional. Si la acción del Estado, la capacitación de la población, la promoción del progreso técnico, la conformación de un nuevo empresario eficiente, la formación de capital y el crecimiento económico continuará rezagados.” Un proyecto innovador, alternativo, no puede recurrir a modelos económicos del pasado, los cuales obedecieron a circunstancias específica, mismas que no se encuentran en este momento. La corrección de la disfuncionalidad del Estado mexicano tiene que ir de la mano con los señalamientos de política económica antes expuestos, de otra forma daremos vuelta sobre el mismo punto sin avanzar.

 

[1] López-Obrador AM., (2017) 2018 La Salida, Decadencia y renacimiento de México, ed. Planeta, México

[2] http://lopezobrador.org.mx/2016/08/11/conferencia-cambio-y-porvenir-de-mexico-en-acapulco-guerrero/

[3] Tomada de Villa-Aguilera M. Del presidencialismo omnímodo al presidencialismo disfuncional, http://www.elcotidianoenlinea.com.mx/pdf/18712.pdf

[4] Villa-Aguilera M. Del presidencialismo omnímodo al presidencialismo disfuncional, http://www.elcotidianoenlinea.com.mx/pdf/18712.pdf

[5] Vidal G. y Guillen-R A., (coodinadores) (2007) Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización, ed. CLACSO, Buenos Aires; Salinas-Callejas E., y Tavera-Cortés ME., La transición de la economía mexicana, pp 275 – 290

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