López Obrador y el neoliberalismo en México

Parte de la campaña política de Andrés Manuel López Obrador, desde la década del 2000, ha consistido en atacar abiertamente al neoliberalismo y al supuesto efecto “corruptor” de este modelo económico en México. Sin embargo, al examinar detenidamente, tantos sus dichos públicos como los escritos, lo que encontramos es un gatopardo[1] (leopardo jaspeado), “cambiar todo para que nada cambie”. Aunque, López Obrador recorre su permanente campaña atacando el “fantasma” del neoliberalismo, acusándolo de todos los males de México, éste no va al meollo del modelo económico que denuncia ni presenta una propuesta para erradicarlo, ni siquiera se puede encontrar algo que nos sugiera una modificación mínima al modelo económico neoliberal. Su propuesta es de carácter “moral” con algunas “pequeñas reformas”.

Andrés Manuel López Obrador
Andrés Manuel López Obrador

Es un absurdo plantear que de “simples cambios morales y de algunas pequeñas reformas” se puedan resolver los problemas político-económicos de México. La premisa no articulada a este respecto, encontrada en su último libro “2018 La Salida, Decadencia y renacimiento de México[2],” es que, López Obrador apoya el modelo económico neoliberal con todo los defectos y críticas que pueda señalar en decenas de páginas y en cientos de discursos altisonantes. Tanto en su libro como en los 50 puntos programáticos presentados y aprobados el domingo 20 de noviembre de 2016, durante el II Congreso Nacional Extraordinario de Morena, López Obrador señala lo siguiente: “Se mantendrán equilibrios macroeconómicos, se respetará la autonomía del Banco de México y se promoverá la inversión privada nacional y extranjera…” Como buen gatopardo, se ausenta en la deliberación sobre qué es el neoliberalismo y cuáles son las estructuras que lo sostiene. El corazón del neoliberalismo consiste en la enajenación de la titularidad-rectoría de la economía nacional por parte del Estado y, este a su vez, se la entrega al banco central de cada país respectivo, lo que permite mantener una política macroeconómica dependiente del sistema financiero internacional, por lo que, la actividad económica interna de cada país se supedita a los lineamientos internacionales regidos, a su defecto, por su banco central.

El López Obrador neoliberal, cubierto con el ropaje anti-neoliberal demagógico, puede observarse claramente en su último libro, el cual está concebido como un documento base para la discusión y la construcción de un proyecto de gobierno de cara al sexenio 2018-2024. En las dos páginas que conforman la Introducción de su libro (pp 9-10), López Obrador expone con claridad lo que presentará en detalle en 278 páginas. Tanto el libro como la Introducción se resumen con una frase y una cita: “la prosperidad del pueblo y el renacimiento de México se conseguirá, como decía el general Francisco J. Múgica, “de la simple moralidad y de algunas pequeñas reformas.” En su narrativo, López Obrador utiliza la manipulación emocional cargadas de falsos supuestos, de premisas no articuladas, de contradicciones o de datos descontextualizados, lo que demerita la publicación, pero evidentemente, cumple con el papel propagandístico.

general Francisco J. Múgica
general Francisco J. Múgica

Es más que evidente que, de desear López Obrador cambiar el rumbo del modelo económico neoliberal, su libro estaría hablando de transformación política reales y viables, no de evocaciones emotivas pretendiendo cambiar el comportamiento moral de los mexicanos y presentando algunas pequeñas reformas administrativos-punitivas, que en la práctica sólo altera la parte superficial de las estructuras de poder, conservando intencionadamente el elemento esencial de estas estructuras.

La geografía histórica del capitalismo en México se ha visto marcada por trasformaciones sufridas durante el desarrollo económico y urbano posteriores al periodo de las Leyes de Reforma y Nacionalización (1856-57). México inicia la tarea de modernizarse abriendo las puertas a los capitales e inversionistas poseedores de tecnología de avanzada, fueran estos europeos o norteamericanos. Posterior a la Revolución del 1910, el Estado benefactor continuó con el proyecto modernizador-industrializador y urbano que hasta los setentas priorizó la producción y consumo en masa, en un entorno proteccionista. La crisis de la década de 1980 implicó replantear la forma de acumulación y reproducción social para el capital y el Estado. El modelo neoliberal entra en juego a partir de ese momento, en un entorno de globalización, que modifica las formas de producción y va generando procesos de desindustrialización nacional y reindustrialización flexibles acorde a los nuevos tiempos, en el marco de procesos de apertura comercial y financiera como puede sinterizar la firma en 1993 del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá y los más de 40 tratados que a la fecha se tienen firmado. El neoliberalismo mexicano se ancla en las reformas constitucionales, las cuales dan el marco legal para su ejercicio y en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Ambas cosas van generando cambios estructurales y sociales que enraízan, no tan solo las vías y los modos de hacer negocio de ahora en adelante sino, también, en el estilo de vida de las personas en el país.

Algunos expertos constitucionalistas han señalado que, en la Constitución mexicana conviven el espíritu social y el neoliberal. La Constitución de 1917 llegó a su centenario con 229 reformas, que se traducen en 695 cambios a 114 de sus 136 artículos. Los cambios hechos a partir del sexenio de Miguel de la Madrid (1982-88) y hasta las últimas modificaciones en la administración del presidente Enrique Peña Nieto han transformado un Estado social, plasmado en el texto de 1917, en uno neoliberal. El periodo en que más cambios se han introducido a la Carta Magna inicia en 1982 y continúa en la actualidad: casi dos tercios de las reformas (66.9 por ciento) y más de la mitad de los decretos (56.4 por ciento) son posteriores a ese año, de acuerdo con un estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM. La reforma educativa, la energética, la electoral, la del sistema de pensiones o la de los derechos humanos son algunas de las que se han registrado en este periodo. Los cambios a la ley fundamental han incluido asuntos como el control de la constitucionalidad de las leyes, la autonomía de gobierno y administración de los municipios, el sistema electoral y representativo (federal y local), los derechos y autonomía de los pueblos indígenas, la propiedad y justicia agraria, la transparencia y acceso a la información pública gubernamental, los sistemas de justicia penal y seguridad pública, las relaciones del Estado con las iglesias y las comunidades religiosas, y la explotación de recursos energéticos y empresas productivas del Estado. (Entrevista a Alejandro del Palacio Díaz, a Diego Valadés y a Miguel Pérez López hecha por La Jornada) http://www.jornada.unam.mx/2017/02/04/politica/010n1pol.

Al momento de discutir las reformas hechas a la Constitución por los partidos en el grupo “Pacto por México” durante los primeros dos años de la gestión presidencial de Enrique Peña Nieto, López Obrador señala que sería un comportamiento autoritario solicitar la abrogación de tales reformas constitucionales. En relación a estas reformas (laboral, educativa, fiscal, energéticas, entre otras) López Obrador expone que, “no responderemos a una imposición con otra imposición; en cambio, se consultará a la gente si tales reformas se mantienen o se cancelan, … En caso de que la mayoría se manifieste a favor de revertir la llamada reforma energética, de inmediato se iniciará el proceso legal que corresponda. Para esto ayudará mucho que se gane la Presidencia, sino, también, la mayoría en el Congreso.” p 103-104. No bebemos ignorar que el mundo político constitucional, precisamente, se mueve como pantera nebulosa, lleno de trabas y negociaciones, lo que facilita siempre engañar a la masa votante. Por ejemplo, mientras en otras partes del texto se indica que se propondrán reformas constitucionales sin ninguna consulta previa, por ejemplo, el fuero presidencia p 124, en las llamadas reformas estructurales, la que luego se limita a la energética, se invoca una consulta al votante.

La consulta al votante no tiene cabida en las reformas constitucionales, se obtenga o no la mayoría para un cambio, el resultado solo tendrá valor político o propagandístico. Para lograr una reforma constitucional se requiere que el Congreso de la Unión, a través de cada una de sus dos Cámaras, apruebe el cambio con el voto de dos terceras partes de los representantes presentes, y que esto sea ratificado por los congresos de 16 estados. Con una mayoría simple de los partidarios de López Obrador no se podrá llevar a cabo ninguna reforma constitucional. Así que se hará mucho ruido y al final se dirá: “nos ganaron compadre”, frase que refleja que nunca se quiso cambiar nada.

He señalado que el TLCAN es parte del ancla que sujeta firmemente a México dentro del modelo neoliberal, sin embargo, para López Obrador es solo un instrumento que requiere ser modificado en el área de desarrollo y crecimiento. La ausencia de un análisis del contenido de los tratados neoliberales-globalizantes que tiene México con Canadá y Estados Unidos, así como otros países y regiones es señal de, no de desconocimiento, sino de no querer cambiar las cosas como están. La crisis generada por Donald Trump, presidente de EEUU, obligará a los candidatos a la presidencia en el 2018 a abordar abiertamente el tema del TLCAN y ahí se verá cuál es su propuesta.

No es sorprendente ver a López Obrador evocar estímulos emocionales para lograr sus fines. Su discurso es demagógico y de tipo caudillezco, los supuestos análisis económicos que presenta en su libro vienen preñados de evocaciones al estado de anímico, intentando desinformar al lector. Las críticas que López Obrador utiliza contra el neoliberalismo son las siguientes: falta de crecimiento; corrupción en los procesos de privatización, concesiones y contratos que el Estado lleva acabo y que, el neoliberalismo es un neoporfirismo.

Un dato que requiere relativizarse y ponerse en el contexto adecuado, a fin de elaborar estrategias correctas, es el del crecimiento económico del país. En la página 209, el autor señala: “El fracaso del modelo neoliberal se manifiesta precisamente en la falta de crecimiento de la economía: en 31 años, desde el 1984 a 2015, el crecimiento del PIB promedio anual ha sido de 2 por ciento, pero si consideramos el aumento de la población, el Producto per Cápita (PPC) creció apenas 0.3 por ciento (datos del Banco Mundial). Antes de continuar quiero señalar que, si bien las reformas neoliberales comenzaron durante la presidencia de Miguel de la Madrid (1 de diciembre de 1982 al 30 de noviembre de 1988), este periodo debe ser analizada con criterios particulares, tomando en consideración en qué condiciones económicas y sociales José López Portillo termina su periodo presidencial. Con Miguel De la Madrid, propiamente dicho, se rompe con el modelo económico del “Estado de Bienestar”, además, durante su gestión México sufrió uno de sus peores desastres naturales de su historia, el terremoto del 19 de septiembre de 1985, por lo que, no debería incluírsele en el análisis de crecimiento durante el periodo neoliberal. Por otro lado, el economista y columnista Enrique Quintana (2010, 4 de febrero, Reforma) reunió datos sobre éste y otros temas muy ilustrativos, como los siguientes: En la primera parte del sexenio de Salinas, la tasa media de crecimiento de la economía fue de 4.5% al año; para la segunda mitad del sexenio bajó al 3.3%, que no estuvo tan mal, pero ilustró el agotamiento del impulso inicial de las reformas. En el caso del sexenio de Zedillo se empezó mal con un crecimiento de apenas 2% promedio en la primera mitad de esa administración. Al concretarse el efecto del TLC y reactivarse la economía de Estados Unidos por efecto de las políticas de Clinton, despegamos y se obtuvo un crecimiento promedio de 4.8% en los últimos tres años. En el caso de Fox, también la primera mitad fue la peor: el promedio del crecimiento en la primera mitad de su sexenio fue de 0.2%: el más bajo desde los tiempos de De la Madrid. La segunda mitad del gobierno de Fox tuvo un buen resultado económico: el promedio del crecimiento fue de 4.1%. El patrón se repitió en la administración de Felipe Calderón: la peor primera mitad de sexenio alguno en el México moderno. Luego del derrumbe sin precedentes del año pasado, el crecimiento promedio fue de -0.8% anual. Este año, la tasa de crecimiento bien podría llegar al 4% y no estará tan abajo en los próximos dos años. Y concluye Quintana: “El hecho de que no podamos hilar un sexenio completo sin tropezarnos, tiene que ver con la inconsistencia de las políticas y con la ausencia de motores propios en nuestra economía. O nos hundimos nosotros solos (como ocurrió en 1994-95) o no tenemos manera de amortiguar el jalón que nos da Estados Unidos cuando se viene abajo, y no estará tan abajo en los próximos dos años”[3]. Utilizando los datos anteriores tenemos un promedio de crecimiento de 2.74, por lo que, la premisa de que en el neoliberalismo no hay crecimiento es falsa. El tema del crecimiento económico es más complejo que la simple enumeración de cifras.

Otro ejemplo que considero señalar, dado que se refiere al crecimiento económico es el siguiente. En la página 24 López Obrador señala: “en cuanto a crecimiento económico nos hemos colocado incluso por debajo de Haití.” Sin embargo, (22/09/2015), la realidad es otra: “Según el Banco Mundial, la pobreza endémica, los débiles ingresos fiscales y la muy fuerte concentración del sector privado son obstáculos que retrasan el desarrollo del país. El Banco Mundial (BM) lamentó “el crecimiento económico decepcionante” de Haití en las últimas cuatro décadas… Haití tiene como ventajas su proximidad con el mercado estadounidense y tener una población fundamentalmente joven. Pero la pobreza endémica, los débiles ingresos fiscales y la muy fuerte concentración del sector privado son obstáculos que retrasan el desarrollo del país. El informe de la organización internacional subraya que entre 1971 y 2013 el PIB por habitante bajó 0,7% anualmente en promedio en ese país, el más pobre del continente americano… http://www.latercera.com/noticia/crecimiento-economico-de-haiti-es-decepcionante-segun-banco-mundial/

Es un error señalar que la política económica actual es una copia fiel de la que se aplicó en el porfiriato, como señala en la página 25. No creo que sea el lugar ni el momento para dilucidar las diferencias entre el liberalismo económico del siglo XIX y el neoliberalismo-globalizante de finales del siglo XX y principios del XXI. Lo que si señalaré es que, el gobierno del expresidente general José de la Cruz Porfirio Díaz Mori estabilizó el país después de las cruentas luchas de la Reforma, desarrolló las leyes secundarias a la constitución de 1857, industrializó México abriendo las puertas a la segunda Revolución Industrial y diversificó la inversión extranjera saliendo de las garras de imperialismo norteamericano, entre otras tantas cosas. Debería existir una comisión de historia (economía-sociología-filosofía-historia) que actualice esta “Leyenda urbana” construida con fines propagandísticos entorno a José de la Cruz Porfirio Díaz Mori y lo ubique a su justo lugar en la historia Nacional.

general José de la Cruz Porfirio Díaz Mori
general José de la Cruz Porfirio Díaz Mori

Con respecto al concepto de concesión podemos decir que, es la aplicación del precepto de la Corona española donde todo, en los territorios españoles, pertenece a ésta y se otorga por “Merced”, es la vía de asignación de los recursos de la Corona a individuos o instituciones particulares, algo que Porfirio Días aplico para el desarrollo y uso de las propiedades de la Nación. Por ejemplo, en el caso del uso del agua, Jacinta Palerm-Viqueira señala lo siguiente: “La legislación mexicana a nivel federal y hasta finales del siglo XIX no contemplaba las concesiones de aguas, antes realizadas por la Corona bajo el nombre de merced de aguas. Es con la Ley de 1888 y un decreto de 1894 que pasa a ser el Ejecutivo federal, a través de la Secretaría de Fomento, el encargado de otorgar concesiones sobre aguas de propiedad nacional. En las primeras leyes de aguas a nivel federal (1888, 1910, 1929) se hace referencia, entonces, a concesión o confirmación, por ejemplo, en la Ley de 1910 el capítulo III de las confirmaciones, Art. 31-36 y en la Ley de 1934, Art. 18.” El Proyecto de Ley entiende por concesión lo que se señala en el artículo 10 fracción XVII: Título que otorga el Ejecutivo Federal a través de la Comisión para la explotación, uso o aprovechamiento de las aguas nacionales y de sus bienes públicos inherentes. De la misma forma que se hace con el agua, se hace con todas las posesiones o propiedades de la Nación. Este espíritu, donde el Soberano es el propietario de la tierra y el agua, se preserva en la Constitución: el párrafo primero del artículo 27 establece que la propiedad de las tierras y las aguas del territorio mexicano corresponde originalmente a la nación, y que de ahí se deriva la propiedad privada. El que al llevarse a cabo una concesión o un contrato por parte del Estado intervengan los sobornos, moches, diezmos o mordidas no quiere decir esto es prerrogativa exclusiva del neoliberalismo. Estos actos ilegales tienen su origen en la desposesión del poder al pueblo soberano. La corrupción en las prácticas del poder da entrada las relaciones de compra-ventas de manera particular, cuando estas deberían ser materia pública. Lo público se hace privado porque el poder ha sido secuestrado por el gobernante.

En mi disertación haré un breve paréntesis para caracterizar al neoliberalismo, esto en beneficio de aquellos que, como yo, no somos economistas. Para este fin citaré a David Harvey[4], especialista en el tema, el cual señala que, ante todo, el neoliberalismo es “una teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano, consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo, dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada, fuertes mercados libres y libertad de comercio. El papel del Estado es crear y preservar el marco institucional apropiado para el desarrollo de estas prácticas. Por ejemplo, tiene que garantizar la calidad y la integridad del dinero. Igualmente, debe disponer las funciones y estructuras militares, defensivas, policiales y legales que son necesarias para asegurar los derechos de propiedad privada y garantizar, en caso necesario mediante el uso de la fuerza, el correcto funcionamiento de los mercados. Por otro lado, en aquellas áreas en las que no existe mercado (como la tierra, el agua, la educación, la atención sanitaria, la seguridad social o la contaminación medioambiental), éste debe ser creado, cuando sea necesario, mediante la acción estatal. Pero el Estado no debe aventurarse más allá de lo que prescriban estas tareas. La intervención estatal en los mercados (una vez creados) debe ser mínima porque, de acuerdo con esta teoría, el Estado no puede en modo alguno obtener la información necesaria para anticiparse a las señales del mercado (los precios) y porque es inevitable que poderosos grupos de interés distorsionen y condicionen estas intervenciones estatales (en particular en los sistemas democráticos) atendiendo a su propio beneficio.” Este tipo de sistema económico, el cual descansa sobre el sistema financiero mundial, no se transforma con recetas morales.

En el proceso de industrialización y desarrollo económico de México, el Estado mexicano ha desempeñado un papel decisivo en la acumulación por desposesión. El concepto de “acumulación por desposesión” refiere al papel continuo y persistente de las prácticas depredadoras de la acumulación del capital[5]. Entre las diferentes modalidades de acumulación por desposesión, desde la perspectiva de Carlos Marx a partir del concepto de acumulación primitiva, se pueden mencionar los procesos que incluyen lo siguiente: mercantilización y privatización de la tierra y la expulsión forzosa de poblaciones campesinas; la conversión de formas diversas de derechos de propiedad (comunal, colectiva, estatales, etc.) en derechos exclusivos de propiedad privada; la supresión de los derechos sobre los bienes; la mercantilización de la fuerza de trabajo y la eliminación de los modos de producción y de consumo alternativos (autóctonos); procesos coloniales, neocoloniales e imperiales de apropiación de activos (recursos naturales entre ellos); y por último, la usura, el endeudamiento de la nación y, lo más devastador, el uso del sistema de crédito como medio drástico de acumulación por desposesión[6].

El rasgo fundamental de la acumulación por desposesión es la privatización. Esta consiste esencialmente en la «transferencia de activos públicos productivos a empresas privadas. Entre estos activos productivos se encuentran los recursos naturales: tierra, bosques, agua, aire. Estos activos los posee el Estado en nombre del pueblo al que representa (….) Arrebatárselos para venderlos a empresas privadas representa un proceso bárbaro, a una escala sin precedentes en la historia»[7]. Este es el principal instrumento de dicha acumulación y el mayor intento por solucionar el problema de la sobreacumulación. La liberación del mercado de capitales acompañada de la privatización de las empresas públicas permitió en México la expansión del capital trasnacional, y en el caso de los bienes públicos como agua y aire (bosques) así como los servicios públicos en general (electricidad, telefonía, banca, etc.), se han hecho las respectivas reformas constitucionales para abrir las puertas al capital privado. Nuevamente repito, este tipo de sistema económico no se transforma con recetas morales o pequeñas reformas. No puedo decir que Andrés Manuel López Obrador desvaríe o que desconoce el tema, todo lo contrario, sabe perfectamente bien que desea y hacia dónde va, lo que sí puedo decir de él es que es una pantera nebulosa, un gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”; Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. “…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”[8].

 

[1] Traducción conscientemente errónea de Il Gattopardo, cuyo significado real es el leopardo jaspeado. Esta metáfora proviene de la novela escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa, entre finales de 1954 y 1957. En ella el personaje de Tancredi declara a su tío Fabrizio la conocida frase:

“Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie” (en italiano: “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi”).

El “gatopardismo” o lo “lampedusiano” es el “cambiar todo para que nada cambie”, paradoja expuesta por Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957). La cita original expresa la siguiente contradicción aparente:

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. “¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. “…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”.

Se basa en la cita de Alphonse Karr “plus ça change, plus c’est la même chose” (“cuanto más cambie, es más de lo mismo”), publicado en enero de 1849 en la revista Les Guêpes (“Las Avispas”).

[2] López-Obrador AM., (2017) 2018 La Salida, Decadencia y renacimiento de México, ed. Planeta, México

[3] Tomada de Villa-Aguilera M. Del presidencialismo omnímodo al presidencialismo disfuncional, http://www.elcotidianoenlinea.com.mx/pdf/18712.pdf

[4] Harvey D., (2007), Breve Historia del Neoliberalismo, (Oxford University Press), ed Akal, Madrid pp. 6-7

[5] Harvey, D. (2003). El nuevo imperialismo. Madrid, España: ed. Akal, p 116

[6] Ibid Harvey p 116

[7] Ibid Harvey p 127

[8] Ibid Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Il Gattopardo

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