Enfermedad y muerte en la cuenca del Atoyac

Cada día aumenta la incidencia de enfermedades crónico degenerativas y de muertes en la cuenca del Atoyac -primero la fauna y luego los individuos aledaños a la rivera del Atoyac- producto de los cancerígenos ambientales. El desarrollo industrial y urbano en el área que comprende la cuenca del Atoyac, ha transformado esta zona en una de alto riesgo para la salud. El río que emerge de esta región acarrea toxinas, metabolitos, metales pesados, entre otros, capaces de producir enfermedades crónico degenerativas mortales, como lo es el cáncer, en los habitantes del área. Las autoridades sanitarias han sido negligentes en la identificación de los agentes causales directos de estas enfermedades. Se desconoce, aún más, el efecto nocivo sumatorio que estos agentes puedan causar en los seres humanos, en la fauna, así como en la vegetación. La ausencia de una política salubrista que detenga la descarga de estos agentes causales de enfermedades a través del medio ambiente, está sentando las bases para el desarrollo generalizado de este tipo de enfermedades.

Cuenca del Atoyac

Para demostrar el origen industrial de esta polución y su gravedad, en mayo de 2013, Greenpeace documentó la situación de las cuencas de los ríos Lerma, en el Estado de México, y del Atoyac, en Puebla. Esta investigación complementa el estudio realizado por la organización en 2012, con el cual se evidenció el deficiente trabajo de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) en el río Santiago, ubicado en Jalisco[1] (cuenca baja del río Lerma), donde se mostró la falta de cumplimiento de las normas de descarga, la nula inspección, supervisión y sanción para las diversas industrias- tanto nacionales como extranjeras- que descargan sustancias tóxicas en el río, propiciando la contaminación del medio ambiente y graves problemas de salud a cientos de comunidades de esta entidad que viven cerca de esa cuenca[2].

Según señala Greenpeace, en México, la descarga a los ríos de aguas residuales -tanto residenciales como industriales- sin análisis ni tratamiento previo, es un problema histórico. Esta situación se agrava debido a la permisividad gubernamental a nivel federal, estatal y municipal, así como a la falta de cumplimiento de la de por sí laxa normatividad en materia de agua, ya que las normas de descarga –NOM001 y NOM002- regulan de acuerdo con pocos criterios de contaminación como la demanda química de oxígeno (DQO) y la demanda bioquímica de oxígeno (DBO), criterios internacionales que no identifican sustancias específicas en el agua[3]. De las industrias que descargan sustancias directamente al río Atoyac y que fueron evaluadas por el Instituto Mexicano de la Tecnología del Agua (IMTA)[4], 78 por ciento no cumplieron con lo establecido en la norma NOM-001 para algunos de los parámetros básicos como son metales pesados; 74 por ciento de las industrias presentaron niveles de toxicidad altos. Esos datos indican que las industrias no limpiaron sus cargas contaminantes e intoxican el río, el cual es propiedad nacional.

Aguas residuales sin tratamiento

La historia de las descargas a los ríos de aguas residuales, conocidas redes de saneamiento, se remonta al inicio del siglo XX, donde en las ciudades europeas surgen en respuesta a los problemas sanitarios y epidemiológicos generados por la deficiente evacuación de las aguas fecales. En aquel momento la mayoría de estas ciudades disponían ya de un sistema de cloacas destinadas a la evacuación de las aguas de lluvia. La conexión del alcantarillado al sistema ya existente configuró de origen redes de tipo unitario en la mayoría de los casos. A partir de la introducción del alcantarillado, la expansión en las ciudades ha ocurrido en forma intermitente a lo largo de muchas décadas. Mientras que la cobertura de alcantarillado está todavía un tanto rezagada con respecto al abastecimiento de agua, la generación de aguas residuales va en constante aumento a causa del veloz crecimiento de la demanda de agua urbana. Muchos sistemas de alcantarillado descargan a los cursos de agua sin tratamiento alguno o con tratamiento parcial y con poca dilución en el estiaje, por lo que los caudales de aguas residuales disponibles para el riego son en realidad aguas negras.

Une visite aux égouts de París, alcantarillados de París

La red de saneamiento o de drenaje consta de un sistema de estructuras y tuberías para la recolección y transporte de las aguas residuales y pluviales de una población. Estas redes comienzan en el lugar en que se genera la acumulación de agua hasta el sitio en que se vierten al medio natural o donde se tratan. Normalmente las redes de alcantarillado están constituidas por canales de sección circular, enterrados la mayoría de las veces bajo las vías públicas. Los alcantarillados pueden formar sistemas de dos grandes tipos: redes unitarias, las cuales reciben en un único conducto, tanto las aguas residuales (urbanas e industriales) como las pluviales generadas en la cuenca o población drenada y las redes separativas, que constan de dos canalizaciones totalmente independientes, una para transportar las aguas residuales domésticas, comerciales e industriales hasta la estación depuradora y otra para conducir las aguas pluviales hasta el medio receptor. Actualmente se está reduciendo el uso del sistema separativo debido a lo poco costo-efectivo y a la inviabilidad técnica. Además, las aguas pluviales urbanas no son aguas limpias, si no que están fuertemente polucionadas, por lo que su vertido directo al cauce puede generar una contaminación apreciable.

Instlación de red de alcantarillado con tubos de Poliester

En la ciudad de Puebla el sistema de drenaje y alcantarillado sanitario funciona por gravedad, en el 2005 se tenían registradas un total de 365,866 descargas domiciliarias. El sistema se integra por una red de atarjeas, subcolectores y colectores. El sistema de atarjeas funciona para recolectar y transportar las aportaciones de las aguas negras domésticas, comerciales e industriales, hacia los subcolectores, colectores y emisores. Los subcolectores reciben las descargas de aguas negras de las atarjeas, éstas se conducen a través de un colector hacia la planta de tratamiento. La red de atarjeas de la ciudad de Puebla tiene una longitud total de 2 mil 734.25 Km[5]. La red de descargas industriales y urbanas desembocan en el río Atoyac, almacenándose finalmente en la presa derivadora Echeverría y en la presa de Valsequillo, para su luego utilización en el sistema de riego.

Descargas de aguas residuales en ríos.jpg

Mientras la preocupación de principios de siglo XX eran las lluvias y la materia fecal, hoy, en la década del 2016, nuestra preocupación añade a la anterior los desechos domésticos, los tóxicos industriales, los contaminantes emergentes y los disruptores hormonales. El área de la cuenca del Atoyac, con un aumento poblacional emergente, donde casi 3 millones de personas se encuentran circunscritas en la zona, ha recibido los contaminantes permanentes, en especial en el agua, de los corredores industriales de la zona por décadas y en los últimos 30 años los residuos industriales de empresas capitalistas cada vez más automatizadas, de intensivo uso de energía y capital.

Ciclo de los contaminantes emergentes

En los últimos 20 años se han incorporado a la lista de contaminantes una serie de sustancias de diferente origen y naturaleza química, de los cuales se sabe relativamente poco respecto de su impacto en los distintos compartimentos ambientales y en el ser humano, sustancias que los investigadores han dado en denominar contaminantes emergentes. Los contaminantes emergentes se definen como contaminantes previamente desconocidos o no reconocidos como tales cuya presencia en el medio ambiente no es necesariamente nueva, pero si la preocupación por las posibles consecuencias de la misma. Su propia definición explica la razón por la cual no hayan sido regulados, además del por qué no se tiene disponible los métodos para su análisis o que estos sean limitados[6].

El peligro de los contaminantes emergentes

Durante décadas, la comunidad científica centró sus esfuerzos en el estudio de los contaminantes químicos cuya presencia en el medio ambiente ha estado o está regulada en las distintas legislaciones, estos contaminantes son en su mayoría apolares, tóxicos, persistentes y bioacumulables, como los hidrocarburos aromáticos policíclicos, los policlorobifenilos (PCBs) o las dioxinas. Sin embargo, en los últimos anos, el desarrollo de nuevos y más sensibles métodos de análisis ha permitido alertar de la presencia de los contaminantes emergentes. Entre los contaminantes emergentes, los que probablemente suscitan mayor preocupación y estudio, en los últimos años, son los fármacos y, en particular, los antibióticos. Las primeras evidencias de la presencia de fármacos en el medio acuático se produjeron en los años 70 con la identificación en aguas residuales en EEUU del ácido clofibrico, que es el metabolito activo de varios reguladores de lípidos en sangre (clofibrato, etofilin clofibrato, y etofibrato). Sin embargo, no ha sido hasta principios de la década de los 90 que el tema de los fármacos en el medio ambiente ha surgido con fuerza[7].

Dioxinas, daño en el ser humano.png

La lista de contaminantes emergentes incluye una amplia variedad de productos de uso diario con aplicaciones tanto industriales como domésticas. Entre ellos se encuentran: los retardantes de llama bromados, son compuestos químicos antropogénicos que se añaden a productos de consumo o comerciales (ordenadores, muebles, textiles, etc.) para mejorar su resistencia al fuego, se sabe que pueden afectar al desarrollo del sistema nervioso y causar desajustes hormonales; los cloroalcanos, se utilizan en la industria metalúrgica formando parte de los metales industriales en fluidos usados, aunque también como aditivo en la fabricación del caucho, sobre todo para las bandas transportadoras, además, forma parte de algunas pinturas y aerosoles, utilizándose también en la industria del cuero y textil; los pesticidas polares; los compuestos perfluorados, son sustancias químicas sintéticas que repelen tanto el aceite como el agua, son persistentes debido a la fortaleza inherente de los enlaces entre carbono y flúor, provocan disfunciones en el sistema inmunológico y se comportan como promotor tumoral; los fármacos; las drogas de abuso, y los metabolitos y/o productos de degradación de las clases de sustancias anteriores.

Contaminantes emergentes, ejemplos

De acuerdo al informe presentado por Barceló y López de Alda, los grupos de fármacos que en la actualidad se consideran más peligrosos y demandan investigación son: los antibióticos, por la posibilidad de que se desarrollen cepas bacterianas resistentes que hagan que estos compuestos resulten ineficaces para el fin para el que fueron diseñados[8], además de que los antibióticos ocupan el tercer puesto en volumen de uso de todos los fármacos empleados en medicina humana, y el 70% de los empleados en medicina veterinaria; los medios de contraste en rayos X, porque son muy persistentes, no resultan eliminados en las plantas de tratamiento y alcanzan fácilmente las aguas subterráneas por percolación a través de suelos; los citostáticos, porque debido a su gran potencia farmacológica, exhiben con frecuencia propiedades carcinogénicas, mutagénicos o embriogénicas, y, al igual que los anteriores, parecen presentar una eliminación despreciable en los procesos de depuración, y los estrógenos, utilizados fundamentalmente como anticonceptivos y para el tratamiento de desórdenes hormonales tan frecuentes como la menopausia, que son los responsables en muchos casos de la aparición de fenómenos de feminización, hermafroditismo, y disminución de la fertilidad.

Fármacos en el agua

Dependiendo de las propiedades físicas y químicas de los fármacos, de sus metabolitos, de sus productos de degradación, y de las características de los suelos, estas sustancias pueden llegar a alcanzar las aguas subterráneas y contaminar los acuíferos o bien quedar retenidas en el suelo y acumularse pudiendo afectar al ecosistema y a los humanos a través de la cadena trófica. Esta situación es de vital importancia para las ciudades y poblados que se encuentran circunscritos en la cuenca del Atoyac, especialmente aquellos donde el acuífero se encuentra a solo unos metros de la superficie, como es el caso de San Martín Texmelucan. El agua que consume la ciudad de Puebla proviene en su totalidad del acuífero Valle de Puebla, de llegar a contaminarse se estaría poniendo en un grave peligro a los habitantes que consumen el agua de ese acuífero. Los fármacos que más se han detectado en el medio ambiente acuático, ya sea directamente o sus metabolitos, incluyen analgésicos/antiinflamatorios, antibióticos, antiepilépticos, β-bloqueantes, reguladores de lípidos, medios de contraste en rayos X, anticonceptivos orales, esteroides y otros, como broncodilatadores, tranquilizantes, etc[9].

Las concentraciones a las que se han encontrado en aguas superficiales (como consecuencia de una eliminación incompleta en las plantas de depuración de aguas) o en aguas subterráneas (debido a la escasa atenuación que experimentan algunos compuestos durante la filtración a través de suelos) se sitúan normalmente en el rango de nanogramos/litro o microgramos/L, mientras que en suelos y sedimentos, en donde pueden persistir durante largos periodos de tiempo (la vida media del ácido clofibrico, por ejemplo, se estima en 21 años), alcanzan concentraciones de hasta g/Kg[10]. Pero lo que ha despertado una mayor preocupación ha sido el hallazgo de algunos de ellos (como el ibuprofeno, el diclofenaco, la carbamacepina, o el ácido clofibrico) en aguas potables[11]. En consecuencia, para una evaluación realista del medio acuático es necesario un estudio integrado agua subterránea-suelo/sedimento-agua superficial suelo[12].

La principal fuente de ingreso al ecosistema de este tipo de compuestos son las descargas de aguas servidas no tratadas y los efluentes de las plantas de tratamiento de esta agua; y en lo que respecta a la presencia de productos y subproductos farmacéuticos en agua para consumo humano, el riesgo no debe ser menospreciado. Actualmente las plantas de tratamiento, ya sea de agua para consumo humano como las de aguas servidas, no están diseñadas para tratar y eliminar productos y subproductos farmacéuticos, por lo que conocer de su presencia en nuestro entorno es fundamental. Además de estos, existen compuestos que resultan sólo parcialmente degradados y formen subproductos aún más tóxicos que los compuestos originales, como es el caso de los detergentes de tipo alquilenol etoxilado (surfactantes no iónicos) y que son filtrados a los acuíferos. Por otra parte, existen contaminantes naturales que también son emergentes; el florecimiento de algales, los cuales por el tipo de alga pueden generar una toxina que se incorpora al agua, las microcistinas. Estas toxinas generan problemas en las plantas tratadoras de agua potable, ya que el agua suministrada puede contenerlas al ser el cuerpo de agua una fuente de abastecimiento para las plantas potabilizadoras. Estas toxinas han resultado ser potentes promotores de tumores hepáticos y por tanto de la aparición de especies potencialmente productoras en nuestros ambientes acuáticos por lo cual es igual de importante tener conocimiento de su presencia para aplicar un método de tratamiento para su eliminación[13].

Disruptores hormonales

Entre los contaminantes emergentes, también se encuentran los disruptores hormonales. Los resultados del muestreo realizado por Greenpeace[14] en el río Atoyac indican la presencia de disruptores hormonales, es decir, sustancias químicas sintéticas que interrumpen las funciones normales del sistema endócrino, el cual está conformado por glándulas y hormonas. Por lo que, los disruptores hormonales o estrógenos ambientales son un grupo de compuestos con estructura química diferente pero que comparten su capacidad para afectar al sistema endocrino al mimificar total o parcialmente la acción fisiológica de los estrógenos[15].

Disruptores endócrinos.jpg

Las glándulas endócrinas (pituitaria, tiroides, suprarrenal, timo, páncreas, ovarios y testículos) liberan cuidadosamente pequeñas cantidades de hormonas al torrente sanguíneo y actúan como mensajeros químicos con el fin de controlar y ajustar muchas funciones vitales como crecimiento, desarrollo y maduración. Una interrupción puede ocurrir a través de la alteración de los niveles hormonales, al detener o estimular su producción o al cambiar la forma en que las hormonas viajan a través del cuerpo puede causar problemas reproductivos como infertilidad además de cáncer y malformaciones, dañar la tiroides, el funcionamiento del cerebro, del metabolismo y el equilibrio en el nivel de la glucosa e insulina. La exposición a disruptores hormonales, aun en pequeñas dosis puede alterar el flujo de hormonas y provocar grandes estragos en la salud. El pentaclorofenol (encontrado en el río Atoyac) es un disruptor hormonal altamente tóxico para la vida acuática y los seres humanos. Este disruptor hormonal generalmente se utiliza en la industria textil, el cual tiene graves efectos a largo plazo: es un mutágeno que causa alteraciones en el sistema inmunológico y endócrino.

Además, en las muestras de agua residual y de los sedimentos del Atoyac, tomadas por Greenpeace, se detectaron 51 compuestos orgánicos volátiles (COV) y semi-volátiles (sCOV), algunos de los cuales son clasificados como potencialmente cancerígenos para vertebrados y probables cancerígenos para humanos. La mayoría de las sustancias presentes en las muestras son consideradas disruptores hormonales, es decir, que tienen efectos directos sobre el sistema endócrino y en la reproducción. Lo anterior los hace potencialmente riesgosos ya que por sus propiedades fisicoquímicas son fácilmente dispersados en el aire y en consecuencia el riesgo de exposición es alto.

La ubicuidad de los disruptores hormonales es de tal modo que todos estamos expuestos diariamente a su actividad estrogénica, dado que son muchos los alimentos o las aguas que están contaminados con compuestos residuales de estrógenos ambientales, tales como los pesticidas organoclorado, bifenilos policlorados (PCBs), y los bifenilos polibromados (PBBs). Los PCBs se han relacionado con el cáncer de hígado y de pulmón, así como con alteraciones de la función reproductiva (p.e.: impotencia). La presencia de niveles altos de PBB en sangre es un fuerte indicador de posible cáncer de mamas, de linfoma no-Hopkins o de cáncer del sistema gastrointestinal. Al igual que los pesticidas organoclorado y los PCB, los PBB sufren procesos de bio-amplificación y bio-magnificación a través de las cadenas tróficas (alimenticia). Estas sustancias parecen contribuir a la pubertad prematura y, por consiguiente, a una exposición mayor de estrógenos en la mujer[16]. La exposición a estrógenos por periodos largos de tiempo, durante la vida, está unida a un riesgo mayor de desarrollar cáncer dependiente de estrógeno[17]. La función hormonal masculina también es influida por estos tipos de compuestos.

Generalmente, las aguas residuales urbanas están compuestas de material orgánico e inorgánico, gases como el sulfuro de hidrógeno (que huele a huevo podrido, H2S) junto con una gran porción de microorganismos vivos. Además de los desperdicios fecales, estas aguas contienen otros productos que resultan muy peligrosos para la salud de los seres vivos y para el terreno. Un ejemplo de ellos son los siguientes: los limpiadores de baños, del inodoro, destapadores de tuberías, detergentes con alto contenido de fosfato, pinturas, disolventes, tintes, grasas, herbicidas, insecticidas, aceite de motor, hormonas, antibiótico entre muchos otros. Estos desechos afectan a la planta de tratamiento de aguas usadas y a las tuberías que las transportan. Estos desperdicios son peligrosos porque son difíciles de remover de las aguas y además deterioran el equipo de tratamiento de las aguas usadas.

Disruptores endocrinos, unas sustancias químicas empleadas masivamente

De acuerdo a los registros públicos de la ciudad de Puebla[18], en el 2005, el saneamiento comprendió todo el proceso de recolección de las aguas residuales desde la red de atarjeas que está organizada en cinco sistemas que captan las descargas de las diferentes zonas de la ciudad, y que son: Parque Ecológico, San Francisco, Barranca del Conde, Atoyac Sur y Alseseca. Estos sistemas corresponden a las plantas de tratamiento del mismo nombre, mismas que captan las aguas negras para su tratamiento, y ya recicladas se vierten a la presa de Valsequillo y hacia el río Nexapa en la zona de Atlixco- Matamoros, así como El Valle de Tecamachalco (Distrito de riego 030 Tecamachalco). En términos de saneamiento, las estadísticas de nivel de cumplimiento son engañosas ya que actualmente, cuando se habla de aumentar el porcentaje de agua residual tratada, los planes gubernamentales solo se refieren al agua colectada en los sistemas formales de alcantarillado municipal y que reciben tratamiento, pero no consideran las descargas industriales[19].

De acuerdo a Jorge Castillo, La Jornada de Oriente, ninguna de las cinco plantas tratadoras de aguas residuales en Puebla cuenta con títulos de concesión o permisos federales para operar a los márgenes de los ríos. Lo que implica que los ríos Atoyac y Alseseca no son saneados.  Además, las aguas residuales que se extraen para ser saneadas se vierten de regreso sin ser tratadas y con altos índices de contaminación. Por lo que, Conagua multó al Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado (SOAPAP) por 1 millón 150 mil 659 pesos por las diversas irregularidades encontradas en las visitas de supervisión realizadas en 2014 http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2015/11/09/un-fraude-plantas-tratadoras-de-agua/.

La planta tratadora de aguas residuales de la presa de Guadalupe

De acuerdo al expediente[20] entregado por Conagua a Intolerancia Diario, mediante la ley de transparencia, citado por Castillo, se detalla lo detectado en las visitas de supervisores del organismo. En las cinco plantas de tratamiento de aguas residuales se encontraron las mismas irregularidades, que van desde mal uso del equipo hasta las descargas de las mismas aguas a los ríos sin ningún tratamiento. Las tomas de muestra de aguas fueron estudiadas en Onsites (visita en lugar) laboratorios, donde se detectó niveles altos de Demanda Bioquímica de Oxigeno (DBO5) en las cinco plantas de tratamiento.

Plantas tratadoras de aguas residuales en Puebla

En la planta Atoyac Sur, ubicada en la 149 Poniente y 21 Sur, en la prolongación de la 11 Sur colonia Carmelitas, recibe aguas del norponiente y centro del municipio de Puebla. Ahí se detectó 79 miligramos por litro de DBO5 y solo se permiten 60. La misma situación se presentó en la planta Barranca del Conde, ubicada en calle Río Atoyac en San Miguel Apetlachica, con las mismas multas. En este sitio los DBO5 detectados llegaron a cerca del triple de lo permitido (152 miligramos por litro), además de un exceso de nitrógeno, donde se permiten 30 mg por litro, pero se midieron 47.99. En las tres plantas tratadoras restantes, la de San Francisco, ubicada en calle Kepler a un costado de la vía Atlixcáyotl; Parque Ecológico, en calle Juan de Palafox entre 28 y 30 Sur y Alseseca Sur, al igual que las dos primeras, rebasaron los límites de DBO5 y Nitrógeno, y operan sin concesión en los márgenes de los ríos Atoyac y Alseseca.

Debido a que la planta de tratamiento de aguas residuales de San Martín Texmelucan no funciona desde hace 12 años

Las aguas superficiales limpias suelen estar saturadas de oxígeno, lo que es fundamental para la vida. Si el nivel de oxígeno disuelto es bajo indica contaminación con materia orgánica, mala calidad del agua e incapacidad para mantener determinadas formas de vida. En conjunto, son residuos orgánicos producidos por los seres humanos, animales y otros organismos vivos e incluyen heces y otros materiales que pueden ser descompuestos por bacterias aeróbicas, es decir en procesos con consumo de oxígeno. Cuando este tipo de desechos se encuentran en exceso, la proliferación de bacterias agota el oxígeno, y ya no pueden vivir en estas aguas peces y otros seres vivos que necesitan oxígeno.

Cuando no hay oxígeno disuelto en el agua

La DBO5 (demanda bioquímica de oxígeno a cinco días) y la DQO (demanda química de oxígeno) se utilizan para determinar la cantidad de materia orgánica presente en los cuerpos de agua provenientes principalmente de las descargas de aguas residuales, de origen municipal y no municipal. La DBO5 determina la cantidad de materia orgánica biodegradable y la DQO mide la cantidad de materia orgánica. Por otro lado, el aumento de DQO indica presencia de sustancias provenientes de descargas no municipales. Este es un parámetro que mide la cantidad de oxígeno consumido al degradar la materia susceptible de ser consumida u oxidada por medios biológicos que contiene la muestra líquida, disuelta o en suspensión. Lo anterior quiere decir que se miden los contaminantes bacteriológicos o gérmenes en las aguas. Para saber la contaminación por desechos orgánicos se mide la cantidad de oxígeno disuelto (OD) en agua.

Al igual que muchos otros estudios, los laboratorios de investigación de Greenpeace Internacional encontraron metales pesados en el río Atoyac: cadmio y cromo, lo que constituye un factor de preocupación pues ambos metales tienen la calificación más alta en la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (IARC). Es sabido que los metales pesados representan un riesgo para la salud por su alta toxicidad y que la mayoría están clasificados como cancerígenos o probables cancerígenos para los seres humanos[21].

La visita a cualquier zona del río Atoyac resalta la destrucción de lo que tradicionalmente debería ser un lugar de recreación y vida, la pestilencia es inmunda, el color negro de sus aguas denota muerte. Hasta el momento, las comunidades circundantes a la cuenca del Atoyac no han podido hacer valer su derecho a la salud. Aunque la literatura reseña los casos de cáncer debido a las sustancias contenidas en el río Atoyac, esto no ha transcendido al grado de generar una alerta regional o una contingencia local. La negligencia se ha impuesto como medida reguladora.

Proyecto aguas residuales

[1] Arellano-Aguilar O., Ortega Elorza, L., Gesundheit, P., Montero, R., Estudio de la contaminación en la cuenca del río Santiago y la salud pública de la región, 2012. http://www.greenpeace.org/mexico/es/Footer/Descargas/reports/Toxicos/Contaminacion-de-la-cuenca-del-Rio-Santiago/

[2] Ríos tóxicos: Lerma y Atoyac, La historia de negligencia continúa, Greenpeace, http://www.greenpeace.org.mx, file:///C:/Users/Rafael/Downloads/Rios%20t%C3%B3xicos%20Lerma%20y%20Atoyac-WEB.pdf

[3] Ibid, Ríos tóxicos

[4] IMTA et CONAGUA, Instituto Mexicano de Tecnología del Agua y Comisión Nacional del Agua, Estudio de clasificación del río Atoyac, Puebla-Tlaxcala, Informe final, resumen ejecutivo, 2008.

[5] SOAPAP, Programa Institucional 2005-2011

[6] Barceló L Damià y López de Alda María José, Contaminación y calidad química del agua: el problema de los contaminantes emergentes, Panel Científico-Técnico de seguimiento de la Política de Aguas, Fundación Nueva Cultura del Agua, Convenio Universidad de Sevilla-Ministerio de Medio Ambiente, Instituto de Investigaciones Quimicas y Ambientales-CSIC (Barcelona)

[7] Proyecto, Desarrollo de metodología de laboratorio para detección de contaminantes emergentes y su identificación en cuerpos de agua -agua sedimento- y en aguas residuales -en influente, efluente y lodos de PTAR, CLAVE: TC1214.1, Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, SEMARNAT, http://repositorio.imta.mx:8080/cenca-repositorio/bitstream/123456789/1392/1/TC-1214.1.pdf

[8] Diaz-Cruz S, Lopez de Alda MJ, D. Barcelo (2003) TrAC-Trend. Anal. Chem. 22, 340.

[9] Hernando MD, Heath E, Petrovic M, Barcelo D (2006b) Anal. Bioanal. Chem. 385, 985.

[10] Diaz-Cruz MS, Barcelo D (2005) TRAC-Trend. Anal. Chem 24, 645.

[11] Bedner M, Maccrehan WA (2006) Environ. Sci.Technol. 40, 516.

[12] Este artículo se basa en el informe, Contaminación y calidad química del agua elaborado por Barceló L Damià y López de Alda María José.

[13] Ibid, http://repositorio.imta.mx:8080/cenca-repositorio/bitstream/123456789/1392/1/TC-1214.1.pdf

[14] Ibid, Ríos tóxicos

[15] Arnold, S.F.; Klotz, D.M.; Collins, B.M; Vonier, P.M.; Guillette Jr., L.J. and McLachlan, J.A. (1996): “Synergistic activation of estrogen receptor with combinations of environmental chemicals”. Science 272: 1489-1492.

[16] 2008–2009 ANNUAL REPORT | PRESIDENT’S CANCER PANEL

[17] Kelsey J, Gammon M, John E. Reproductive factors and breast cancer. Epidemiol Rev. 1993;15(1):36-47.

[18] SOAPAP, Programa Institucional 2005-2011

[19] BID, Banco Interamericano de Desarrollo, Tratamiento de aguas residuales en México, mayo 2013. http://hispagua.cedex.es/sites/default/files/hispagua_documento/Tratamiento_de_aguas_residuales_en_Mexico.pdf octubre, 2013.

[20] Expedientes de visita: Parque Ecológico 0203/2014, Barranca El Conde 0205/2014, Alseseca Sur 0207/2014, Atoyac Sur 0207/2014, San Francisco 0204/2014

[21] Ibid, Ríos tóxicos

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