Las casas de baño y la actividad homosexual

Las casas de baños, también conocidas como saunas o baños y, en nuestro trabajo “Las Termas”, son lugares donde un hombre puede ir a tener sexo con otro hombre. La actividad sexual es generalmente anónima. Aunque, en una ciudad como la de Puebla donde el número de lugares de reunión para personas que se identifican como gay es muy reducido, las relaciones totalmente anónimas son limitadas. Los hombres que acuden a las Termas o a otras casas de baños para encontrar hombres con quien tener sexo no tiene, habitualmente, contacto social entre sí, salvo en encuentros casuales donde la comunicación es, generalmente, muy limitada. Este fenómeno es muy característico de las casas de baños, los hombres que acuden a estos establecimientos no participan en la vida diaria de sus encuentros sexuales y la comunicación, de existir en el mundo exterior, se mantiene a través del nombre de pila que se utilizó en los baños.

Las Termas
Las Termas

En las casas de baños, a diferencia de los burdeles, no se ofrece servicio de prostitución. El usuario paga por los servicios de las facilidades del baño público. Y como cualquier otra casa de baños  utiliza los servicios de regaderas, baño de vapor o de calor seco, jacuzzi, albercas, lockers-casilleros y pequeños cuartos privados. En algunos casos estas facilidades puede tener salón de videos, cuartos oscuros y área común de esparcimiento donde los comensales pueden platicar o simplemente descansar. La actividad sexual, si ocurre, es un acto voluntario entre los comensales y no media el dinero. En las Termas, en Puebla, la prostitución está explícitamente prohibida.

Las Termas, salón de lokers
Las Termas, salón de lokers

El uso de las casas de baños para encuentros entre hombres puede documentarse hasta tiempos del Renacimiento en Italia. Esto no quiere decir que este tipo de encuentro no se diera en los baños de la antigua Roma o en cualquier otro lugar donde hubieran baños públicos para la población, por ejemplo, Turquía, o en cualquier otro país del mundo, pero el caso de la Florencia renacentista es interesante porque existen actas judiciales que documentan la actividad sexual en el lugar y se acompañada de una legislación contra la sodomía.

Imágenes griegas
Imágenes griegas

En las relaciones entre hombres, tanto entre los griegos clásicos como entre los romanos mediaban diversas consideraciones. En la Grecia antigua y en la Roma imperial la sexualidad es considerada como parte de la vida, sus diferentes expresiones no pasaban por prohibiciones, sino más bien por regulaciones culturales de interés social y por reflexiones moralizantes. En el caso de los griegos la sexualidad se hizo extensiva a la educación. Según Eva Cantarella[1], los griegos y los romanos, más allá de las profundas diferencias entre las dos culturas, vivían las relaciones entre hombres de un modo diferente al que lo hacen (obviamente salvo excepciones) los individuos que eligen actualmente mantener un tipo de relación homosexual: para griegos y romanos la homosexualidad no era una elección exclusiva. Amar a otro hombre no era una opción fuera de la norma, distinta, de alguna manera desviada. Era solamente una parte de la experiencia vital: era la manifestación de una pulsión sea sentimental, sea sexual que a lo largo de la existencia se alternaba complementaba (quizás al mismo tiempo) con el amor por una mujer.

Cerámica griega, un adulto y su joven amante
Cerámica griega, un adulto y su joven amante

La sexualidad, como experiencia vital, marca la vida de todas las sociedades. Los diversos actores sociales que ejercen dominio van armando el andamiaje social donde ésta es constitutiva. Como bien explica Cantarella, en Atenas, donde la homosexualidad es abiertamente pederasta, el amor entre un adulto y un muchacho ocupa un una posición relevante en la formación moral y política de los jóvenes. El lugar privilegiado del amor, la expresión de los sentimientos más elevados, la posibilidad de manifestar la parte más noble de uno mismo se buscaba en la relación entre hombres.

Las relaciones sexuales entre hombres
Las relaciones sexuales entre hombres

 Entre los romanos la ética sexual era completamente distinta de la que inspiraba a la pederastia helénica. Cantarella señala, que la relación homosexual en Roma no desarrollaba la función formativa del joven varón que le estaba confiada en Grecia; el compañero “pasivo” de la relación, por lo menos según la regla, no era un muchacho libre, sino uno esclavo. El joven romano era educado desde la más tierna edad para ser un conquistador: tu regere imperio populos, romane, memento (Tú, romano, atiende a gobernar con autoridad a los pueblos)[2]. Imponer la propia voluntad, someter a todos, dominar al mundo: esta es la regla vital del romano. Y su ética sexual no era otra cosa que un aspecto de su ética política. Para satisfacer y demostrar a los demás su sexualidad exuberante y victoriosa, debía someter también a los hombres.

Centurión romano y su jocen amante
Centurión romano y su joven amante

Sin embargo, esta regla de dominio no perduró hasta la ciada del imperio romano. Mucho antes, las relaciones homosexuales dejaron de ser una expresión de opresión social y sexual y se fue transformando en manifestaciones de amores románticos. La clase dominante fue abandonando la regla de oro según la cual los adultos debían adoptar siempre y exclusivamente el papel activo. Para el siglo III d.C., diversas constituciones imperiales comienzan a establecer sanciones cada vez más severas, primero con respecto a los homosexuales pasivos y luego también contra los activos.

En Florencia, Italia, para el 1492, los lugares más comunes de encuentros entre hombres eran las tabernas, los casinos (casas de sexo, baile y juego) y las casas de baños. Las autoridades, en esa época, iniciaron una “purga contra el vicio de la sodomía” y para estos fines decretaron varias ordenanzas contra la sodomía. El 11 de abril de 1492 advirtieron a la administración de una de las casas de baños de Florencia el mantener fuera del establecimiento a ciertos “jóvenes sospechosos” bajo pena de multa. En el periodo de abril de 1492 a febrero de 1494 se juzgaron a 44 hombres de cometer actos de sodomía, sin violencia ni circunstancias agravantes[3].

L'ARMARI OBERT
L’ARMARI OBERT

El desarrollo de la modernidad trajo consigo un desquiciado  afán por censurar y perseguir las relaciones sexuales entre hombres. La identificación de estos actos como entidad clínica y el acuñamiento del término “homosexual” como sinónimo de patología en el siglo XIX[4], no eximió a los hombres que tiene sexo con hombres de ser perseguidos como criminales y lacra social, antes bien, ocurrió todo lo contrario. Al ser considerado los actos de sodomía y específicamente la homosexualidad un delito perseguido y castigado con cárcel y multa, las casas de baños jugaron un papel fundamental al convertirse en un “lugar de encuentro seguro”, un lugar donde la sexualidad del parroquiano podía mantenerse en secreto.

Federico García Lorca
Federico García Lorca

Aunque el México independiente no criminalizó la homosexualidad como tal, las casas de baños ofrecieron un lugar seguro contra la estigmatización y el discrimen social contra los hombres que buscaban tener sexo con hombres. La conveniencia de las casas de baños no sólo radica en la seguridad contra la policía, sino que se convierten en un espacio abierto de sexualidad aceptada y convivencia donde la seguridad es uno de los beneficios. El escrutinio por el que pasa la persona que paga su entrada ofrece ciertas garantías contra posibles asaltos o agresiones contra los comensales. Por ejemplo, actualmente, es una regla general el no permitir la entrada de personas intoxicadas con alcohol o drogas.

Las casas de baño, bathhouse
Las casas de baño, bathhouse

Las casas de baños están diseñadas para que el parroquiano pueda caminar libremente, y por lo general en forma circular. La circulación está hecha de tal forma que se pueda pasar de un área a otra observando libremente. Aunque, el movimiento permite que los comensales puedan verse y entablar conversación sí así lo desean, lo fundamental es promover el encuentro “cara a cara”, la mayoría de las veces sin mediar palabras. Si bien, las relaciones son “anónimas”, con el transcurso del tiempo el comensal que asiste con cierta regularidad establece relaciones de amistad limitan a los momentos de interacción social que se producen en los baños. Este uso regular de las facilidades va creando una “comunidad” que aumenta el grado de seguridad individual. El individuo se comporta libremente, expresa con su cuerpo sus deseos, mismos que son entendidos con claridad.

Casi todas las entradas a las casas de baños son discretas, y las Termas, Puebla, no es la excepción. Una vez la persona paga la cuota de ingreso por el uso de las facilidades, entra a un mundo donde él domina el lenguaje corporal. La actividad del cuerpo en el fluir del convivir dentro de esta “comunidad” restringida estará inmediatamente incluida en la actitud de confianza que el comensal desarrolle en su cotidianeidad. La postura de la cara frente al otro o a los otros a quienes se aborda adquirirá una importancia especial para lograr un encuentro sexual o simplemente entablar una conversación. Los encuentros toman forma y tienen un lenguaje específico en un mundo que posee sus propias reglas de comportamiento.

El acto de desvestirse, una vez en el estableciendo, abre las puertas a ese mundo diferenciado donde podrá expresar su sexualidad libremente frente a iguales. En el caso de las Termas, Puebla, se cuenta con área de lockers donde las personas que no alquilan un cuarto privado pueden desvestirse y guardar sus propiedades. Como parte del ritual, a todo el mundo se le entregan en la recepción una toalla, una manta de nylon y un juego de llaves para el loker o el cuarto. Puede alquilar sandalias o traerlas. Una vez desvestida la persona cubre su área genital (si lo desea) con la manta de nylon que le entregaron.

Amigos sexuales en una casa de baño
Amigos sexuales en una casa de baño

Este acto “rutinario” tiene el efecto de generar un ambiente simétrico donde no existe una conciencia de estratificación social. El cuerpo desnudo, cubierto por una pieza de ropa idéntica entre comensales, crea una especia de comunidad igualitaria donde no existe estatus social. Ni el grado académico, ni el nivel económico de la persona  intervienen en los encuentros. El cuerpo, con su edad así como su fisonomía son las cartas de presentación. El evitar una mirada de frente o el dar la espalda discretamente es suficiente para señalar que no se desea entablar ningún tipo de relación.

Berguer y Luckmann explican como en la situación “cara a cara” la subjetividad del otro es accesible mediante un máximo de síntomas: “La experiencia más importante que tengo de los otros se produce en la situación “cara a cara”, que es el prototipo de la interacción social y del que se derivan todos los demás casos…En la situación “cara a cara” el otro se me aparece en un presente vívido que ambos compartimos. Sé que en el mismo presente vívido yo me le presento a él. Mi “aquí y ahora” y el suyo gravitan continuamente uno sobre otro, en tanto dure la situación “cara a cara”. El resultado es un intercambio continuo entre mi expresividad y la suya…Lo veo sonreír, luego reaccionar ante mi ceño fruncido dejando de sonreír, después sonreír nuevamente cuando yo sonrío, y así sucesivamente. Cada una de mis expresiones está dirigida a él, y viceversa, y esta continua reciprocidad de actos expresivos podemos utilizarla tanto él como yo simultáneamente”[5].

Ser gay en el mundo islámico
Ser gay en el mundo islámico

El mundo de las casas de baños es uno donde el lenguaje corporal, en una co-presencia simétrica, presupone un código elaborado socialmente que rige la subjetividad de los encontrados. El registro reflexivo del cuerpo, de gestos y posturas, se usa por lo general para producir una <<clausura de un compromiso convencional>>[6]. Según Giddens, en las destrezas de interacción que los actores revelan en la producción y reproducción de encuentros, lo notable es su anclaje en una conciencia práctica. Más tacto que cinismo es inherente a la estructuración de encuentros. El tacto –un acuerdo conceptual latente entre quienes participan en contexto de interacción- parece ser el principal mecanismo que sustenta una <<confianza>> o seguridad ontológica por largos recorridos de espacio-tiempo[7].

En las casas de baños, cuando los comensales salen al encuentro de otros, los movimientos parecieran ser casuales o rutinarios pero una observación más detenida muestra que son intencionales y utilizados como cualquier gesticulación verbal. Dado que no existe mucha conversación entre los que se mueven de un lugar a otro, a excepción de los lugares que podríamos denominar “áreas neutras”, durante la circulación no se observa una gran comunicación verbal. En el caso de dos comensales que se conocen y se encuentran se separan de la circulación normal si desean platicar, y usando sus cuerpos como barreras contra los otros, charlan de manera privada. El deambular por el establecimiento presume que todo el mundo sabe cómo comportarse, es como si todo el mundo supiera lo que es correcto, lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer. La postura corporal, los gestos y atuendo, en cierta medida, marcan las expectativas normativas. Goffman expone claramente el carácter de este tipo de relación:

Preferencias
Preferencias

“Idioma corporal, entonces, es un discurso convencionalizado. Tenemos que comprender que es, además, un discurso normativo. O sea, existe de manera una obligación de transmitir cierta información cuando se está en presencia de otros y una obligación de no transmitir otras impresiones (…) Aunque un individuo pueda dejar de hablar, no puede dejar de comunicar a través de un idioma corporal (…) Paradójicamente, el modo en que puede dar la menor información sobre sí mismo – aunque siga siendo apreciable- es ajustarse a lo que se espera de personas de su clase y actuar de ese modo”[8]

El homosexual, por lo general injuriado, discriminado y afectado desde su primera infancia por la violencia social que le recrimina el ser diferente, aprende a escribir en su rostro sus intenciones y sentimientos. Como bien lo explica Didier Eribon, el formarse y crecer como un “ser aparte”, este sentimiento de ser alguien “aparte”, de “no ser como los demás”, es sin duda determinante en la implantación de la identidad personal, en la construcción de uno mismo[9]. Al citar parte de la obre de Paul Monette, Becoming a Man, Eribor nos dice: “Es toda una estructura psicológica que describe en esas pocas páginas perturbadoras que refieren una especie de fenomenología de la experiencia vivida de los homosexuales (en todo caso de los masculinos), pero que sobretodo relatan de maravilla el modo en que la subjetividad de un homosexual se constituye en un proceso de educación de sí mismo y, mediante la severa autodisciplina que debe imponerse en cada instante, en cada gesto, <<para parecer tan normal como los demás>>. El efecto a largo plazo de la injuria y del odio (en este caso, de la agresión física contra otro) se inscribe en su cuerpo y actúa por medio del consentimiento que se otorga a la orden del recuerdo, de la sumisión ante la comunicación que contiene el encubrir la propia personalidad y sus deseos, de amoldarse a los cánones. Es la necesidad de <<hacer como si>>, un esfuerzo permanente para que no se transluzcan las propias emociones, los sentimientos, los deseos”[10].

Eribon retoma el pensamiento de Goffman para explicar la necesidad que tiene un individuo perteneciente a una categoría <<estigmatizada>>, desde el momento en que se empeña en disimular su <<defecto>>, de estar <<siempre atento a la situación social, de escrutar continuamente las eventualidades, volviéndose así ajeno al mundo más simple en el que parecen afincadas las personas que lo rodean>>[11]. Porque <<surgen sin tregua nuevos peligros que hacen inadecuados los camuflajes antiguos>>[12]. Este esfuerzo para que nada trasluzca, esta obligación de mentir a los demás, incluso a los más próximos –a la familia, a los padres-, produce una <<tensión intolerable>> que no puede por menos de tener efectos profundos sobre la personalidad individual, sobre la subjetividad[13]. Goffman insiste en que “el conjunto formado por el “estigma” y por el esfuerzo acumulado para disimularlo o remediarlo se “fija” como una parte de la identidad personal[14]. Eriborn concluye diciendo que habría que añadir; como una parte esencial de la personalidad, como la que da a la identidad su fisonomía tanto interior como exterior[15].

El dominio que el homosexual aprende a tener de sus impulsos y deseos, controlando sus emociones para que nadie se entere de ellos, hace que se desarrolle un lenguaje que sólo es entendido entre iguales. Goffman al hablar de quienes comparten un estigma en común, pone precisamente el ejemplo del homosexual y señala: “cuando un homosexual aborda a otro, la acción se puede desarrollar de tal modo que los normales no perciben que está ocurriendo algo fuera de lo común”[16]. Para abundar en su ejemplo Goffman cita parcialmente a  E. Hooker:

“Si observamos con detenimiento y sabemos qué observar en un bar de homosexuales, podremos advertir que aparentemente algunos individuos se comunican entre sí sin intercambiar palabras, sino tan solo miradas, pero no el tipo de miradas fugaz que con frecuencia se da entre los hombre… La estructura de ese encuentro de miradas es compleja, y entraña un reconocimiento cognoscitivo mutuo de la identidad social (pero no personal); también implica una intención sexual y, a veces, un contrato tácito.”[17]

Vocabulario gay
Vocabulario gay

En las Termas los encuentros entre hombres se llevan a cabo con mucho tacto, se utiliza el lenguaje corporal, y sí ha de haber sexo no se requiere de una gran conversación antes del evento. Los encuentros pueden darse en el cuarto oscuro, en el vapor, en el sauna seco, o en los cuartos. No todo el mundo alquila un cuarto, ni tan poco en todos los encuentros tiene que haber penetración. En muchas ocasiones los comensales sólo buscan relaciones orales y la pueden adquirir fuera de los cuartos. Aunque, en el cuarto oscuro se supone que el sexo sea totalmente anónimo, los comensales saben quién entra y sólo tienen acercamientos sexuales con los que les interesan. Basta sólo con caminar fuera del cuarto oscuro para terminar cualquier acercamiento. Toda acción es voluntaria y deseada. Aunque, el deseo de estar con alguien se puede expresar verbalmente, el hostigamiento se encuentra entre las acciones no permitidas, por lo que un rechazo debe ser entendido como definitivo.

Los que alquilan los cuartos a veces dejen sus puertas abiertas en señal de que desean tener sexo. Esto no quiere decir que cualquiera puede entrar, la persona en posesión del cuarto decide quien entra y el que desea entrar deberá acatar la decisión del otro. La persona que desea entrar al cuarto deberá esperar una señal que le autorice a entrar. En algunas ocasiones la puerta puede estar media abierta y las personas dentro del cuarto pueden estar teniendo relaciones sexuales, esto puede significar que se puede observar pero no entrar, a menos de que se le indique que se una. De recibir una señal, la persona que observa fuera del cuarto puede entrar y ser parte del sexo en grupo.

Algo muy peculiar que enmarca la cultura del deseo sexual, la identificación del activo o el pasivo, la cual indica la posición de preferencia en cuanto a la relación sexual. Cuando la persona que ocupa el cuarto deja la puerta abierta y se recuesta boca abajo puede estar indicando que está listo para tener sexo y que desea ser penetrado, esto quiere decir que él es pasivo, y sí se recuesta boca arriba envía el mensaje contrario, él desea ser activo, o sea, tener una relación donde él es el que penetra.

Todos estos códigos son flexibles y no siempre son como la mayoría los interpreta. Por ejemplo, la mayoría de los comensales asumen que sí la persona es “afeminada” desea ser penetrada. Al entrevistar algunas de las supuestas “loquitas” sobre las actividades donde se define lo pasivo o lo activo, ellos indican que “los machitos se voltean”, señalando con esto que aunque van esperando ser pasivos al final son ellos los que penetra y no el supuesto macho. En público se mantienen muchos de los estereotipos del mundo homosexual, pasivo/activo, macho/loquita, pero en privado, finalmente, nadie sabe lo que ocurre. El mundo de lo privado es uno donde lo que rige es la preferencia íntima y su sexualidad dependerá de la interacción de los interesados, no de los estereotipos, sobre todo, si esta relación es anónima. Es el privilegio del anonimato.

El cuarto de vídeos, donde las películas son pornográficas, permite a los comensales observar quién está presente e integrarse en un ambiente todavía más sexuado. En esta área, aunque no es lo común, está permitido que se lleve a cabo actividad sexual abierta. Basta una señal, un movimiento de cabeza, para indicar que se desea ir a un lugar más privado para continuar teniendo sexo con alguno en particular. Por lo contrario, si se aleja la mano de la persona que intenta tocar al otro se deberá entender como que no se es bienvenido. Un rechazo es un mensaje definitivo y el hostigamiento nunca es bien visto.

En las Termas no todo es sexo. Los comensales utilizan las facilidades de regaderas y saunas como en cualquier otro baño público. Es fácil encontrar personas que van temprano en la mañana con esos fines y, si de paso encuentran algo que les guste estarán disponibles para el sexo. Las casas de baños son un lugar de encuentros donde la seguridad y la claridad de las intenciones son su principal atractivo. Los servicios propios de un baño público son el complemento de la recreación de los usuarios. El esparcimiento emocional que se deriva de la seguridad facilita la convivencia de los comensales.

 Comportamientos de riesgo en las casas de baños: 

La respuesta a la epidemia del SIDA generó diversas reacciones, desde las más homofóbicas hasta los extremos cientificistas que rayaban en claras violaciones de los derechos individuales. La denuncia de prácticas sexuales en las casas de baños es utilizada como instrumento políticos para acarrear adeptos contra el derecho de libre asociación, en especial de los homosexuales. Ante el daño devastador, que en muchos lugares estaba causando la epidemia,  en varios lugares del mundo se optó por cerrar las casas de baños, identificando las como los  “sitios de mayor riesgo”. Todavía hoy, ante el aumento en el número de nuevas infecciones así como de enfermedades sexualmente transmisibles, algunos grupos estudian la posibilidad de promover el cierre de esos establecimientos.

Las acusaciones contra las casas de baños se sustenta en extrapolaciones que presumen que es el lugar per se  promueve el comportamiento de riesgo, negando la posibilidad de que un grupo determinado de personas, con un comportamiento de preferencia, se reúnen libremente en un lugar para llevarlo a cabo. La lógica en el análisis de los representantes gubernamentales de salud pública es que en las casas de baños existen más oportunidades de tener relaciones sexuales anales con un mayor número de parejas que en otros lugares públicos. Además, esta posición mantiene el estigma social contra el homosexual desarrollado desde temprano en la epidemia al identificar la relación entre el SIDA, el hombre que tenía sexo con hombre y las relaciones anales sin protección con múltiples parejas. Estas presunciones llevó a exigir el cierre de la casas de baños[18]. Si a esto añadimos que, en muchos lugares el comportamiento homosexual es criminalizado, lo que se está atacando es el lugar donde se supuesta mente a delinquir negando el derecho de libre asociación de aquellos socialmente identificados enigmáticamente. Esto puede llamarse política pero no ciencia, y mucho menos salud pública.

A mediados del 1980 se llevó a cabo un fuerte debate en muchas ciudades de los Estados Unidos sobre las casas de baños, los “clubes de sexo” y el papel que de estos en el desarrollo de la epidemia del SIDA. En 1984, San Francisco fue la primera ciudad en abiertamente abordar el debate. La gran controversia giró precisamente entre la salud pública y las libertades civiles de los hombres gay. Algunos representantes gubernamentales de la ciudad de San Francisco argumentaron fuertemente a favor de cerrar los establecimientos, la comunidad gay/lésbica/bisexual se opuso con igual vehemencia. Las políticas que se implantaron representaron más la ignorancia y el miedo que una verdadera acción basada en el conocimiento sobre la epidemia del SIDA[19][20].

El concepto de la asociación entre el lugar y el tipo de acto sexual que se lleva a cabo es ampliamente explicado y documentado en la investigación que realizaron Diana Binson y colaboradores[21]. Ella señala que, aunque, es mucho más probable que la transmisión del HIV pueda ocurrir más fácilmente en las casas de baños comparado con lugares “públicos de ligue” donde se tiene sexo, la mayoría de los hombres que acudieron a la casas de baños no reportaron haber tenido actividades sexuales que les pusiera haber llevado a la transmisión del HIV. El establecer que el comportamiento sexual dependerá de la relación entre individuo y el área física donde se lleva a cabo, es reducir al máximo algo tan complejo como lo es las relaciones sexuales esporádicas o los encuentros casuales.

De acuerdo a Berger y a Luckmann, “la sexualidad humana se caracteriza por alto grado de elasticidad, que no solo es relativamente independiente de los ritmos temporales, sino que se adapta tanto a los objetos hacia los que puede dirigirse como a sus modalidades de expresión. La evidencia etnológica demuestra que, en cuestiones sexuales, el hombre es capaz de casi todo. Aunque la imaginación sexual del individuo se estimule hasta un extremo de la lujuria febril, es improbable que llegue a evocar una imagen que no corresponda a lo que en alguna cultura es norma establecida o, por lo menos, una contingencia admisible.”[22] Después del verano de1981, cuando se declarara el primer caso de SIDA, la racionalidad instrumental del sexo pasó a ser parte de la vida cotidiana del hombre homosexual. El condón se hizo tan común como los utensilios para comer. Sin embargo, cuando no existe una apropiación reflexiva de esta racionalidad instrumental se continúa con el comportamiento de riesgo. Probablemente, el uso del condón no es parte de la norma en el grupo social donde se entablan las relaciones sexuales de riesgo, y es ahí donde está el trabajo de prevención, en convertir el uso del condón en algo tan culturalmente incorporado a la vida cotidiana que sería absurdo no utilizarlo.

En un beso
En un beso

Berger y a Luckmann  continúan señalando, “…Al mismo tiempo, claro está, la sexualidad humana está dirigida y a veces estructurada rígidamente en cada cultura particular. Toda cultura tiene una configuración sexual distintiva, con sus propias pautas especializadas de comportamiento sexual y sus propios supuestos “antropológicos” en el campo sexual. La relatividad empírica de estas configuraciones, su enorme variedad y rica inventiva, indican que son producto de las propias formaciones socio-culturales del hombre más que de una naturaleza humana establecida biológicamente.”[23]  Por ejemplo, cuando en la modernidad tardía, la radio, la prensa y la televisión utilizan el sexo como un instrumento de mercadotecnia, la promoción de la abstinencia como método de prevención de las enfermedades sexualmente transmisibles es contraria a lo que culturalmente ya es una aceptación. La promoción de la abstinencia como alternativa al uso del condón, no tan sólo ha fracasado como método de prevención, sino que también ha distorsiona el mensaje preventivo-formativo en las escuelas al cambiar el énfasis en los programas de responsabilidad sexual[24]. El entorno socio-cultural con sus expresiones políticas obstaculiza la apropiación reflexiva de la técnica del “sexo seguro” al sembrar la semilla de la duda y al enviar un mensaje distorsionado sobre la sexualidad.

El amor es como
El amor es como

En un estudio, con metodología probabilística, de Woods W.J. y colaboradores, estimaron el comportamiento sexual riesgoso en una casa de baños del oeste de los Estados Unidos. Los resultados contrastan con lo que tradicionalmente se ha pensado sobre las casas de baños. Según ellos, la mayoría de los hombres entabla  relaciones sexuales orales en vez de sexo anal y en la mayoría de las relaciones anales se utiliza el condón. Además, la mayoría de los que señalaron tener relaciones sexuales anales sin protección eran más propensos hacerlo en sus propias casas que en lugares públicos. De acuerdo a este estudio, todo podemos inferir que el que acude a una casa de baños tiene la intención de tener sexo y se protege, por lo que la casa de baño facilita en cierto modo el uso del condón cuando se tienen relaciones anales en el lugar[25].

Los hallazgos de Woods son todavía más reveladores ya que señala que, la mayoría de los hombres en la casas de baños donde se llevó acabo el estudio no entablaba comportamiento riesgoso en la casa de baño, ni en sus propias casas u hoteles, ni en ningún otro lugar. Específicamente, la mayoría de los hombres reportaban haber tenido pocas parejas durante su visita a la casas de baños. Casi todo el que tuvo relaciones sexuales anales utilizó el condón y aquellas personas que indicaron haber tenido comportamiento de alto riesgo recientemente reportaron haber tenido prácticas de sexo seguro durante la visita a la casas de baños.

El resultado de nuestras investigaciones (no publicado), aunque con diferente metodología, confirma lo encontrado por Woods sobre el comportamiento de riesgo en las casas de baños. Nuestros datos señalan que la mayoría de los entrevistados mantienen relaciones sexuales, donde un grupo no significativo lo hizo sin utilizar el condón. Además, algo muy interesante es que más de la mitad de los entrevistados se había hecho la prueba de VIH, de los cuales sólo el 7 por ciento resultó ser positivo a la prueba de anticuerpos. Ambos resultados son sorprendentemente altos sí tomamos en consideración que en las Termas no se regalan los condones y que la campaña gubernamental de promoción de la prueba de VIH comenzó a principios del año 2007, justo cuando iniciábamos nuestra investigación.

Otro dato relevante es que, aunque, el 58 por ciento considera de alto riesgo el tener relaciones sexuales orales sin condón, el 77 por ciento de los encuestados señaló no utilizarlo en sus relaciones sexuales orales. En principio, el que un 23 por ciento de los encuestados use el condón en sus relaciones orales, puede considerarse como una cifra muy alta, ya que sobre esta práctica sexual existen muchas lagunas en cuanto a su efectividad como vía de transmisión y, aunque puede considerarse riesgosa, muy pocas personas se protegen. La pregunta que nos aqueja sería pues, ¿esta conducta es una acción con intención o es sólo una respuesta reactiva?

Si utilizamos el modelo estratificado de Giddens[26] para analizar este comportamiento podemos inferir que sí la utilización del condón en las relaciones anales es un acción cotidiana es porque ha habido un registro reflexivo de esta actividad, para lo cual no tan sólo el individuo tiene la intención de utilizar el condón sino que espera que el otro también tenga la misma intención. Esto a su vez lleva a presuponer que los actores tengan una “comprensión teórica” continua sobre los fundamentos de su actividad.

En nuestro cuestionario se incluyeron 21 preguntas para evaluar el conocimiento que se tiene sobre las vías de infección (anal, vaginal, lactancia, tatuaje, utilizar jeringuillas, transfusión), presencia del virus (pre-eyaculación, fluido seminal, fluido vaginal, sangre), el material del que está hecho el condón, tipo de lubricante que se debe de utilizar con el condón, significado de la palabra SIDA y efectividad del condón. El análisis de los resultados nos hace aseverar que existe una comprensión plena de la “teoría médica del SIDA”. Además, entre los comensales existe una comprensión crítica sobre el uso del condón ya que, si bien la gran mayoría señaló que si se utiliza el condón correctamente puede prevenir la infección del VIH, sólo el 74 por ciento consideró el condón como una barrera efectiva para impedir la infección del VIH. Por lo que, podemos concluir que el comportamiento sexual del grupo de personas que entablan relaciones sexuales en la casas de baños, Las Termas, contiene un registro reflexivo de su acción y es racionalizado. Por lo que, el que una persona tenga relaciones orales con o sin el condón es una acción intencional y no una respuesta reactiva.

Giddens señala que, mientras que actores competentes casi siempre pueden ofrecer un informe discursivo sobre las intenciones y las razones de su actuar, no necesariamente podrán aducirlo sobre sus intenciones…“Si razones denotan los fundamentos de la acción, motivos denotan los deseos que la mueven.”[27] Los motivos de escoger las casas de baños como uno o el lugar de preferencia para satisfacer los impulsos sexuales pueden considerarse como una resistencia a las implicaciones de la igualdad de los papeles sociales del sexo. El compromiso con los derechos del otro en la relación marital es mantenido a raya emocionalmente por medio del efecto de distanciamiento de los encuentros episódicos[28]. El deseo de ser dominado o de dominar puede ser subvertido y liberado a través del sexo episódico llevándolo a un plano de fantasías sexuales que rompen con los estereotipos y las constricciones sociales de la sexualidad.

Relaciones gay abiertas
Relaciones gay abiertas

En una descripción brillante, Giddens describe las relaciones sexuales episódicas en las casas de baños de la siguiente forma: “Cuando los encuentros episódicos no constituyen una herramienta de control –o una adicción,…- éstos constituyen, en efecto, exploraciones de las posibilidades ofrecidas por la sexualidad plástica. Ésta revela lo que es la sexualidad plástica (implícitamente): sexo separado de la servidumbre ancestral al poder diferencial. La sexualidad gay episódica de la cultura de las casas de baños expresa así una igualdad que está ausente de la mayoría de las relaciones heterosexuales, incluyendo las pasajeras. Por su verdadera naturaleza, permite el poder sólo en la forma de práctica sexual misma: la satisfacción sexual es el único determinante. Esto forma parte seguramente del placer y de la realización que la sexualidad episódica puede proporcionar, cuando está liberada de sus características compulsivas.”[29] Los motivos ulteriores de la visita a la casas de baños es la de disfrutar las posibilidades ofrecidas por la sexualidad plástica, libre de compromisos y abierto hacia donde los interesados deseen.

Las casas de baños, al ser un espacio con libertad de ser y de actuar sexualmente como se desee, son amenazadas constantemente por algo más tenebroso que la policía. Desde el inicio de la pandemia del SIDA el fantasma de la muerte ha caminado sigilosamente entre sus pasillos. Aunque, en la mayoría de los establecimientos donde se reúnen los hombres gay hay propaganda preventiva siempre existe el riesgo de la infección, ya sea por accidente o por causas intencionales. En estos lugares se asume la prevención como algo natural. La realidad es que el SIDA, comparando los logros obtenidos por la revolución sexual de las décadas anteriores, hizo un hito en la lucha por los derechos de los homosexuales. La vinculación del derecho a la salud con el respeto a la orientación o preferencia sexual permitió que en muchos lugares del mundo se pueda ser abiertamente homosexual. Ni siguiera la sífilis, la gonorrea o cualquier otra enfermedad transmisible por vía sexual había obligado a reflexionar sobre el cuerpo de la manera como lo hizo el SIDA. Históricamente, la relación sexo-muerte, son parangones que nunca habían sido asociados en el hombre, probablemente la sífilis, pero su asociación no compara con la del SIDA. Por otro lado, las mujeres han sido las que han vivido históricamente esta asociación, parto-muerte, tenido que sufrir esta condición al ser ellas el vehículo de la reproducción.

La sexualidad que surge de la liberación del proceso de reproducción es atacada por el espectro de la muerte, aprovechándose para atentar contra la autonomía sexual femenina y contra la nueva base sexual que han establecido los homosexuales. Esta sexualidad que también es producto de la contribución de los movimientos libertarios de los años sesenta, el cual facilitó un discurso sin trabas sobre la sexualidad como nunca se había dado, debe ser retomada desde la perspectiva de la reflexividad institucional, según lo expone Giddens[30]. El fenómeno del desarrollo sexual, “[E]s institucional, porque constituye un elemento básico estructurante de la actividad social en las situaciones actuales. Es reflexivo en el sentido de que introduce los términos para describir la vida social, entrar en sus rutinas y transformarlas, no como un proceso mecánico ni necesariamente controlado, sino porque forma parte de los marcos de acción que adoptan los individuos y grupos.”[31]

Este proceso reflexivo del saber ha permitido, dentro de las prácticas sexuales ordinarias y cotidianas reflexionar sobre la naturaleza de la relación entre mi cuerpo desea-yo quiero. Un cuerpo que demanda satisfacción, un instinto básico que exige una libre opción, en lo que respecta a la identidad propia. “Lo que se a plica al ego, se aplica al cuerpo. Éste es lisa y llanamente –en cierto sentido, todavía a determinar- el dominio de la sexualidad…El cuerpo se convierte en un foco de poder administrativo, que debe estar seguro. Pero más que esto, se convierte en una carrera visible hacía la identidad del ego y se ve crecientemente integrado en las decisiones sobre el estilo de vida que hace un individuo[32].

La reflexividad del cuerpo es fundamental en la prevención, no tan sólo del SIDA sino de cualquier proceso psíquico o físico que atente contra la vida. La destrucción del medio ambiente con sus variantes contaminantes y calentamiento global, la comida chatarra de la industria de la alimentación, los alimentos modificados genéticamente, la ausencia de espacio socio/laboral para la recreación y el ejercicio físico, son algunas de las reflexiones sociales que afectan directamente al cuerpo. El cómo, con quién y dónde se tiene relaciones sexuales son reflexiones que afectan directamente al cuerpo. Estas últimas, en particular, están exclusivamente en las manos de quienes deciden tener relaciones sexuales. El eje de la sobrevivencia está en la preocupación por sí mismo.

La oveja negra
La oveja negra

En nuestra investigación encontramos que una mayoría de los entrevistados dice que utiliza el condón en sus relaciones sexuales “porque quiere mantenerse saludable”. Esta respuesta nos indica que, además de presentar una fiabilidad en el uso del condón, refleja un interés por mantener una vida sexual plástica, libre y activa y, su vez saludable. Esto son comportamientos intencionales producto de una acción reflexiva y racional, implica una comprensión del comportamiento.

La investigación indagó sobre el por qué se utilizaba el condón en las relaciones sexuales. Algo sorprendente fue encontrar que casi el 50 por ciento de los entrevistados respondieron que usaban condón “para no infectar a nadie si ellos se llegaran a infectar”. Esta respuesta nos lleva a la reflexión del “ser para otro”, lo que tiene una importancia capital para la ética actual. De acuerdo a Alain Touraine, al romper con la “obsesión de la totalidad” llevó a Emmanuel Levinas a reconocer a la otra persona, no como objeto de la realización, sino como distancia infinita. El respeto por el otro es la condición primera de la justicia y, por lo tanto, de la liberación. Según Touraine, Levinas define al otro como el rostro, pero a través de él capta lo infinito en el momento en que se asume su responsabilidad[33]. Los derechos alcanzados por los movimientos libertarios del siglo pasado quedarían truncados si sus beneficiarios no adoptaran el respeto por el otro como ética de liberación. No puedo reconocer el deseo de satisfacer libremente mis deseos sexuales sin enfermarme sino admito el derecho de los otros a hacerlo con resguardo de sus propias vidas.

Esta preocupación por sí mismo, que inicialmente es una preocupación por el cuerpo, es un paso en la constitución de un sujeto libre de individuarse. Este sujeto, que no es libre de expresar sus deseos ni de satisfacerlos en una sociedad que les exige a los homosexuales comportarse como heterosexuales, requiere del otro para ser. En su explicación sobre la relación entre Sujeto-Otro Touraine añade, “[S]i asociamos tan fuertemente el surgimiento del sujeto en el individuo a la relación de éste con el otro es porque la conciencia de sí mismo no puede hacer aparecer al sujeto, por el contrario, lo oculta… Únicamente cuando el individuo sale de sí mismo y habla a la otra persona, no en sus papeleas sociales, no en sus posiciones sociales, sino como sujeto, se ve proyectado fuera de su propio sí mismo, de sus determinaciones sociales, y deviene libertad[34].

La chispa del amor
La chispa del amor

La prevención del SIDA adquiere una connotación ética al ser la preocupación por el otro, un principio limitante en las relaciones sexuales. En el sentido levinasiano, donde la “re- sponsabilidad” es tomar a cargo al Otro, el encuentro sexual entre el Otro-Mismo obliga a la acción preventiva del SIDA. El que cumple con el deber ético de asumir al otro “a su cargo” actuará exigiendo el condón en todo momento.

Las Casas De Baños y las Adicciones

La idea de que se puede ser adicto es algo reciente, procede de mediados del siglo XIX. El término “adicción” no se hizo de uso común sino hasta entrado el siglo XX y se da en la aplicación difusa del término para la adicción alcohólica. Hasta el siglo XIX, la ingesta de alcohol, por ejemplo, fue vista sólo como un “problema social”, cuando conducía al desorden público. Tardó mucho tiempo hasta que el alcoholismo fue aceptado oficialmente en los círculos médicos como una adicción, y finalmente como una enfermedad, aunque, tenga una base psicológica definida[35]. Originalmente, las adicciones fueron vistas como un estado del organismo, posteriormente se le ha comprendido como ésta condición donde se entrecruzan los factores biológicos (neuroquímicos y predisposición genética), y los estilos de vida e identidad.

Desde la ansiedad por el pastel de chocolate hasta el deseo por la heroína pasan por el mismo sistema neurológico que va cubriendo nuestro universo hasta convertirse en una adicción, lo que hace que la Dra. Nora Volkow, directora del Instituto Nacional de Abuso de Drogas de los Estados Unidos, defina como un mal funcionamiento del deseo normal del ser humano por estímulos. Volkow piensa que las drogas o cualquier otro hábito adictivo nos mete en algunas de las fuerzas más intensas de nosotros: nuestro apetito por lo novedoso, las ansias de vitalidad, la escalofriante sensación de estar vivo. De acuerdo a ella todos buscamos esa “intensidad”, en lo cual, hay algo muy poderoso[36].

Esta concepción sobre la adicción se basa en la identificación de la dopamina como modulador de comportamiento. La dopamina es un neurotransmisor cerebral que está involucrado con la motivación, en el placer y con el aprendizaje. El viejo concepto sobre la adicción no encajaba con la realidad que viven los adictos a sustancias químicas como la cocaína y la heroína.  Debido a que estas sustancias producen un flujo de dopamina en el cerebro, se penó que el neuroquímico era simplemente un interruptor del placer, el botón de “premiación o recompensa” del propio cuerpo. De haber sido cierto este concepto, los adictos estarían viviendo en un eterno paraíso de dicha y felicidad. Sin embargo, la realidad es otra, la gran mayoría de ellos extraen muy poco placer de este tipo de sustancia, aunque sientan una gran urgencia por el neuroquímico.

La dopamina, lejos de estimular una respuesta sobre lo bien que debemos sentirnos, promueve una señalización en lo que sobresale, realza la nueva información inesperada a la cual debemos poner atención para poder sobrevivir, como la alerta sobre el sexo, la comida y el placer, así como el peligro o el dolor. Por ejemplo, si se tiene hambre y llega al olfato el olor de unos tacos recién hechos con salsa mexicana fresca, los niveles de dopamina se disparan. Esto también ocurre cuando un individuo se encuentra enfrentando a un enemigo que atenta contra su vida. De acuerdo a Volkow, el papel que juega la dopamina es la de alertar, como si gritara, “pon atención a esto”, posteriormente el mensaje se transforma en un murmullo, “mmm, esto se siente bien”.

La teoría emergente sobre la dopamina también provee nuevas explicaciones sobre las tendencias autodestructivas de los humanos, desde la glotonería hasta la adicción por el juego. De estar correcto los resultados que se están encontrando en las investigaciones actuales sobre la adicción, la dopamina sería algo más que un “viaje de placer”. Ésta sería como la droga de la vida. Su misión sería, pues, la de conectar al  individuo con el mundo y de suplirlo con la voluntad de mantenerse vivo.

De igual forma, Volkow, señala que, la dopamina es liberada en el torrente sanguíneo cuando algo sorpresivamente importante pasa, ya sea una recompensa inesperada o un accidente. Debido a que la dopamina también está involucrada en el aprendizaje, en la memoria, y en la motivación, este químico nos ayuda a poner atención en la información que necesitamos para sobrevivir, actúa sobre ella y la recuerda para el futuro. Las sustancias adictivas secuestran la maquinaria cerebral, enviando de 5 a 10 veces más lacantidad de dopamina que se requiere en las estructuras cerebrales, haciendo que las motivaciones del cerebro y la maquinaria de atención se enfoque puramente en la sustancia ésta se convierte en la cosa más importante e interesante del mundo. En un adicto, lo único que sobresale es la sustancia a la cual está adicto, no existe competencia[37].

Con el tiempo, el cerebro del adicto se adapta al torrente de dopamina desensibilizando el sistema a ella. El cerebro de los adictos a la cocaína no se estimula ante la mayoría de las cosas que alertan a una persona que no es adicta a la cocaína, ya sea el sexo, una pasión romántica, la comida, el frió, o inclusive el dinero en efectivo, a no ser que este sea para comprar más droga.

La corteza prefrontal, la parte del cerebro que está asociada con el juicio y el control inhibitorio, también deja de funcionar normalmente cuando la persona es adicta. Al aumentar la motivación por la droga o por cualquier sustancia que genere adicción, se va alterando el sistema de la corteza prefrontal. De esta forma el adicto sólo desea la sustancia, lo que se transforma en la pérdida del control sobre el comportamiento[38].

El hambre no es la única cosa que nos estimula a comer. Como ocurre en los adictos, las personas que comen de más (muchas veces poco cantidad y con una alta calórica) van compensando su necesidad de dopamina con la única cosa que puede estimular su cerebro, la comida. El nuevo punto de vista sobre la dopamina no niega que el químico nos ayuda a registrar el placer. Pero el placer se concibe como parte de un conjunto de comportamientos interconectados relacionados con la dopamina.

De acuerdo a la Dra. Volkow, la adicción o la inclinación a beber alcohol, comer en exceso, la utilización de drogas narcóticas o fumar, no es un problema moral o de autocontrol, sino de distorsión en la atención. Al igual que casi todas las situaciones de salud donde la genética interviene, esta es altamente influida por el medio ambiente. El sistema dopaminérgico es altamente influido por la interacción social.

La naturaleza de la adicción se expresa en una conducta compulsiva. Giddens señala que; incluso en el caso de la dependencia química, la adicción se mide de facto en términos de las consecuencias que tiene el hábito para un control del individuo sobre su vida, más las dificultades inherentes para librarse de este hábito. La adicción puede ser definida como un hábito estereotipado que se asume compulsivamente; el sustraerse a la misma proporciona una ansiedad incontrolable. Éstas proporcionan una fuente de bienestar para el individuo al aplacar la ansiedad, pero esta experiencia es siempre más o menos transitoria. Una compulsión es una forma de conducta que un individuo encuentra muy difícil o imposible de detener sólo con el poder de su voluntad. La conducta compulsiva se asocia al sentimiento de pérdida de control sobre el ego. Obrar a impulsos de la misma produce una liberación de tensiones y el no hacerlo causa un exceso de ansiedad[39].

En la sociedad actual, donde amplias áreas de la vida de una persona ya no están conformadas por modelos y hábitos preexistentes, como en las tradicionales, el individuo se ve obligado continuamente a negociar opciones de estilo de vida. Siguiendo el pensamiento de Giddens, el haber eliminado la tradición como nunca antes y al no contar con un modelo social particular que es obedecido y sancionado, donde es normal hacer hoy lo mismo que se hizo ayer, el individuo está obligado a descubrirse a sí mismo en sus hábitos y acciones. El proyecto reflexivo del yo asume una importancia especial en su identidad y, las opciones de estilos de vida ya no son aspectos “externos” o marginales de las actitudes individuales, sino que definen donde “está” el individuo. En otras palabras, las opciones de estilo de vida son constitutivas de la narrativa del yo[40]. La pérdida temporal de esta preocupación reflexiva por la protección de la identidad genérica en muchas circunstancias de la vida de cada día es parte de la experiencia adictiva.

Lether gay
Lether gay

Según Giddens, las adicciones son un índice negativo del grado en que el proyecto reflexivo del ego se traslada a un puesto de plataforma central en la modernidad tardía. Son modos de conducta que se introducen –quizás en forma muy consecuente- en este proyecto, pero rechazan quedar incorporados en el mismo. Hoy más que nunca, es posible llegar a ser adicto a muchas otras cosas, además de las sustancias químicas, entre ellas se pueden encontrar la comida, el trabajo, el fumar, el ir de tiendas, el ejercicio, el juego, y, además del componente específicamente sexual, también al amor y las relaciones familiares-amigo-pareja[41].

La vida nos da opciones y elijo
La vida nos da opciones y elijo

Podemos considerar al sexo como compulsivo, justamente como otro modelo de conducta, cuando un comportamiento sexual queda gobernado por una búsqueda constante de algo, que sin embargo, conduce persistentemente a sentimientos de vergüenza o inadecuación. Cuando la conducta sexual no es una libre opción, en lo que respecta al proyecto reflexivo del ego personal, hablamos de adicción sexual como de otras formas de conducta. La sexualidad compulsiva debe ser entendida en medio de las circunstancias en las que la experiencia sexual es más libre que en otras etapas anteriores y donde la identidad sexual forma una parte nuclear de la narrativa del yo[42].

Las sustancias químicas psicoestimulantes, por ejemplo, el alcohol, comúnmente se mezclan con el sexo, sea éste parte de la adicción o no. Sin embargo, en nuestro estudio encontramos que, en el caso específico de las Termas, ni el alcohol ni las drogas fuertes (cocaína, heroína, metanfetamina, éxtasis, cristal) juegan un papel relevante en relación al aumento del riesgo de la infección del VIH. De acuerdo al dueño del establecimiento el consumo de cerveza, único licor que se vende en los baños, el consumo de cerveza mo asciende a más de 6 latas (una lata de 340 ml) en promedio por individuo, cuando se consumen la mayoría de los comensales. Tomando en consideración que el establecimiento sólo abre 6 días a la semana, de 8 de la mañana a 8 de la noche, con excepción de los sábados, que abre todo el día, podemos asegurar que en las Termas el alcohol no es un elemento que aumenta el riesgo de infección.

El consumo de drogas fuertes, recientemente se ha hecho un problema grave en la ciudad de Puebla. Como anécdota podemos decir que las drogas fuertes están más asociadas a los“antros” o lugares con música y licor donde se puede pasar la noche. Según algunos comensales, se comienza bebiendo hasta que el alcohol tiene su efecto, luego se consume cocaína para estabilizar o bajar los efectos del alcohol y se termina en los lugares conocidos como “after hours”-“después de horario”, donde se consume éxtasis, la droga del amor, la cual tiene un fuerte componente estimulante. Este es sólo un ejemplo de las posibles combinaciones existentes en el consumo de psicoestimulantes. Dependiendo del  tipo de adicción o efecto que se desee se pueden encontrar otras sustancias, todo sobre pedido. El uso de este tipo de drogas se vinculación con el sexo cuando se obtienen parejas a través de aplicaciones del celular o del internet ya entrada la madrugada. A través de estas aplicaciones se pueden localizar personas en el mismo estado o con el mismo interés. Dada la compulsión que produce la propia adicción y el estímulo de las sustancias químicas concentradas, el riego de tener sexo no seguro se amplifica, ya que ninguna de las partes involucradas en el acto sexual está reflexionando sobre si ni sobre el Otro. La necesidad de sexo en este caso es uno de tipo “individual” producto de un estado psíquico alterado.  En el caso de las Termas, el consumo de drogas está abiertamente prohibido y si se identifica a alguien visiblemente intoxicado se le niega la entrada o se le pide que se retire del establecimiento. Al igual que con el alcohol, en las Termas las sustancias adictivas fuertes tan poco son un elemento que aumenta el riesgo de infección.

El cerebro plastico
El cerebro plastico

En el caso de la adicción al sexo podemos decir que existe un grado de riesgo, el cual no se puede definir certeramente, dado la libertad en la sexualidad episódica que se genera en las casas de baños. En nuestro estudio encontramos un grupo numéricamente bajo, pero significativo, que señaló sentir culpa después de tener relaciones sexuales. Este sentimiento de culpa, vergüenza o inadecuación es característico de la adicción. Esto indica un grado de sentimiento de pérdida del control de la identidad consciente, lo que puede llevar a comportamientos autodestructivos.

Las casas de baños se han caracterizado por ofrecer un espacio de seguridad física contra el abuso policial y el discrimen social. Hoy, además, ofrecen un espacio de seguridad emocional. En una sociedad con constantes cambios, las casas de baños ofrecen una ambiente tradicional y de poco cambio, un “club” cerrado, donde los comensales repiten los rituales todos los días, con una comunicación monolingüe y donde todo el mundo sabe a lo que vino y lo que quiere.

Estas condiciones garantizan cierta autonomía personal y seguridad en la identidad sexual, esto a cambio de ser atrapado en un nicho de exclusividad, lo que al ser aceptado conscientemente reduce los niveles de ansiedad. No son las casas de baños las que producen la adicción sexual, es en las casas de baños donde se puede encontrar más fácilmente aquellas personas que han desarrollado la adicción al sexo, como comportamiento ante las exigencias de opciones de estilo de vida que carecen de una verdadera autonomía personal y donde, contrario a lo que se desea en relación a la sexualidad, hay una pérdida en el proyecto reflexivo del yo.

En este sentido, la adicción sexual será un obstáculo en la satisfacción sexual plena y a la misma vez se presenta como un co-factor de riesgo en la infección del VIH. Al ser la adicción algo que atenta contra la totalidad del yo, las técnicas de sexo seguro (con toda su parafernalia) no necesariamente funcionarán en la prevención de las infecciones sexualmente transmisibles, ya que el comportamiento sexual no será reflexivo debido a su fuerte componente compulsivo.

El modelo tradicional de prevención del SIDA es orientado a grupos específicos donde se incorpora el lenguaje y las técnicas sexuales propias del grupo con que se trabaja. Comúnmente, en los  programas de prevención dirigidos a las trabajadoras sexuales se les enseñaba a negociar el uso del condón con sus clientes y hasta poner el condón con la boca. En los grupos que se reconocen como gay se promovió la erotización del uso del condón y se trabajó contra la reacción anti-preventiva dentro de los mismos grupos gay. Este rechazo se ejemplifica en frases que se han hecho muy comunes como las de: “usar el condón es como hacer el amor con guantes”; “no se siente igual”. Todavía hoy no existe una estrategia efectiva que empodere a las mujeres en la prevención de la infección. Esto pasa más por la autonomía personal que por las técnicas de sexo seguro.

Aunque es reconocido ampliamente que el conocimiento no cambia el comportamiento, también se sabe que el atributo sociodemográfico más poderoso en la supervivencia excepcional es la educación. Este es un tema recurrente en los estudios de morbilidad, en el cual las personas altamente educadas parece que les va mucho mejor en relación a los resultados finales en problemas de salud que los menos educados[43].

Conclusión:

El proyecto reflexivo del yo, en los términos en que lo desarrolla Giddens, ha jugado un papel fundamental en la acción preventiva individual. La preocupación -por sí mismo- ha actuado como faro ante arrecifes, haciendo que el individuo reflexione sobre su cuerpo e identidad. La experiencia brasileña, el mesclar tratamiento con prevención, fue todo un éxito en Brasil, pero en los lugares donde se sustituyó el discurso preventivo por el de promover la prueba de VIH, ha sido un fracaso. Hoy se cuenta con el primer medicamento que, además de reducir los niveles del VIH sanguíneos, previene la infección de éste. La Agencia Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos aprobó el medicamento Truvada, como primera píldora para ayudar a prevenir la infección del VIH causante del SIDA Aunque este medicamento ha sido utilizado en el tratamiento del VIH desde el 2004, “Truvada puede utilizarse para la profilaxis previa a la exposición del virus.

El principio terapéutico detrás del tratamiento preventivo consiste en inhibir la replicación del virus desde el momento en que este entra al organismo, lo que impediría que se lleve a cabo una infección permanente y a su vez permitiría al sistema inmunológico poder destruirlo. Truvada consiste en la combinación de dos medicamentos: el tenofovir y emtricitabine. La prevención del SIDA está indiscutiblemente vinculada al uso del condón. La efectividad del condón se extiende, además del VIH, a las principales enfermedades transmisibles sexualmente como lo son: la gonorrea y la clamidia. Además, es una barrera efectiva para evitar el embarazo.

Junto con las dos armas preventivas anteriores, se cuenta con la evidencia de cómo la circuncisión puede reducir el riesgo de infección del VIH. Además, se ha presentado evidencia que indica que las mujeres con parejas circuncidadas corren menos riesgo que otras de contraer cáncer cervico-uterino debido al virus de papiloma. La explicación que se tiene sobre este respecto es que la parte interna del prepucio contiene cierto tipo de células que son más propensas de ser infectadas.

Las vacunas preventivas (con una eficacia superior al 80-90%) son los instrumentos más eficaces para controlar las enfermedades infecciosas y, eventualmente, incluso erradicarlas del planeta como ha sido el caso de la viruela. Las vacunas es el primer instrumento con que cuente la salud pública para la prevención de enfermedades infecciosas alrededor del mundo, son fáciles de administrar y sus efectos son duraderos. Como una de las herramientas más poderosas, la accesibilidad a una vacuna contra el VIH es una de las grandes prioridades de este siglo. La capacidad del VIH, única en su tipo, de evadir y suprimir la respuesta inmune, su extraordinaria diversidad genética, las modificaciones de sus proteínas y la capacidad de establecer una infección sistémica en días, así como de inducir la disfunción y la muerte de células inmunes, han establecido un desafío sin precedente en el desarrollo de una vacuna.

Los fármacos antirretrovirales reducen el número de partículas de virus en circulación, aunque no logran eliminar totalmente al virus del cuerpo pues el virus se mantiene presente y se refugia en “santuarios o reservorios”, sirven para reducir el riesgo de infectar a otros. Actualmente, se recomienda la utilización de la terapia antirretroviral desde el inicio de la infección con el fin de preservar el sistema inmune en capacidad de responder a la infección y así no esperar a tener que restaurarlo una vez el virus ha matado las células inmunes.

Con los recursos que contamos y en ausencia de una vacuna que impida la infección, la epidemia del SIDA sólo puede detenerse impidiendo que nuevas personas se infecten con VIH o evitando que personas infectadas infecten a otras. Esto sólo se logra por las acciones solidarias de los infectados, algo evidenciado en nuestro estudio. El utilizar el condón para evitar la infección de otro es excelente ejemplo de solidaridad. Este tipo de comportamiento habla de una ética comunitaria, que aunque no es claramente visible refleja una cultura diferente en el sexo episódico. El placer no está divorciado de la solidaridad.

 Los detalles sobre el conocimiento de las técnicas del sexo seguro deberían ser abordados por el trabajo comunitario. El trabajo entre iguales o entre pares ha faltado en este grupo. Un programa de prevención del SIDA dirigido a la comunidad homosexual debe incluir el reforzamiento de la identidad, incluyendo la sexual, el reforzamiento cognitivo sobre las técnicas del sexo seguro y la promoción  del comportamiento solidarios en una sexualidad responsable. Como grupo es necesario resaltar el comportamiento solidario como forma efectiva de detener la epidemia. Los padres de la salud pública decían. “un dólar de prevención vale más que mil dólares de tratamiento”.

Lo admito
Lo admito

[1] Cantarella E., 1988, Según Natura, La Bisexualidad en el Mundo Antiguo, ed AKAL Universitaria, Madrid, pp 9.

[2] Ibid pp 12, (Eneida, VI, 847-853)

[3] Rocke M. 1996. Friendship: homosexuality and male Culture in Renaissance Florence. (p 203) N.Y. Oxford University Press. Inc.

[4] Foucault M., Historia de la sexualidad, I, La voluntad de saber, Madrid, Siglo XXI, 1995, p 59-60

[5] Berger PL.,  Luckmann T., (2006), La Construcción Social de la Realidad,  1 ed.-20 reimp- Buenos Aires: Amorrurtu, Traducción de Silvia Zulueta

[6] Goffman I., 1963, Behavior in Public Place, New York: free Press, (p.156)

[7] Giddenss A., 2006, La constitución de la sociedad 1 ed. 3 ed reimp. Buenos Aires: Amorrurtus,  p.109, Traducción de José Luis Etcheverry

[8] Ibid, Goffman, Behavior in Public Place, (p.35)

[9] Eriborn D., 2001,  Reflexiones sobre la Cuestión gay, Barcelona , Editorial Anagrama, SA, p. 138

[10]  Ibid. Eriborn D., 2001,  p. 139

[11] Ibid. p. 140; Goffman, Estigma, 1 ed.-10 reimp. – Buenos Ares, Amorrortu ed, 2006 (p. 108)

[12] Ibid. Goffman, Estigma, p. 140

[13] Ibid. p. 140; Goffman Erving, Estigma, 1 ed.-10 reimp. – Buenos Ares, Amorrortu ed, 2006 (p. 110)

[14] Ibid. p. 140; Goffman Erving, Estigma, 1 ed.-10 reimp. – Buenos Ares, Amorrortu ed, 2006 (p. 83)

[15] Ibid, Eriborn

[16] Goffman Erving, Estigma, 1 ed.-10 reimp. – Buenos Ares, Amorrortu ed, 2006 (p. 118)

[17] Ibid.; E. Hooker, The Homosexual Community, trabajo inédito leído en el Décimo Congreso Internacional de Psicología Aplicada, Copénhagen, 14 de agosto de 1961, página 8.

[18] Woods W.J., Binson D., P MlL, Wohlfeiler D., Stal R.D., and Catania J.A. (2003), Public Policy Regulation Privet and Public Space in Gay Bathhouse. Journal of Acquired deficiency Syndromes 32;417-423

[19] Disman C. (2003) The San Francisco bathhouse battles of 1984: civil liberties, AIDS risk, and shifts in health policy. J. Homosex. 2003; 44 (3-4): 71-129

[20] Berube A. (2003) The History of gay bathhouse. 1984.  J. Homosex. 44 (3-4): 33-53

[21] Binson D., Woods W.J., Pollack L., Paul J., Stall R. Castania J., (2001), Differential HIV Risk in Bathhouse and Public Crusing Areas, American Journal of public Health, Vol 91. No.9

[22] Berger, Peter L. y  Luckmann, Thomas; 1 ed.-20 reimp- Buenos Aires: Amorrurtu, 2006, (p. 67-68) Traducción de Silvia Zulueta

[23] Ibid. Berger y  Luckmann (p.68)

[24] Underhill, Kristen; Montgomery, Paul, Operario, Don; Sexual Abstinance only programmes to prevent HIV infection in high income contries. BMJ. 335(7613): 248-259), BMJ, 334 (7599): 867

[25] Woods W.J., Binson D., Blair, Johnny Ba.; Han, Lei; Spielberg, Freya; Pollack L., Probability sample Estimates of Bathhouse Sexual Risk Behavior; Journal of Acquired deficiency Syndromes, 45 (2);231-238, 423

[26] Ibid Giddenss A, La constitución de la sociedad (p. 43-44)

[27] Ibid. Giddenss A, La constitución de la sociedad (p. 43-44)

[28] Giddens A., (2004) La transformación de la intimidad, 4 ta ed. Ediciones Cátedra, España, Traducido por Benito Herrero Amado (p. 135)

[29] Ibid Giddens A., La transformación de la intimidad  p. 136

[30] Ibid Giddens A., La transformación de la intimidad  p.36-37

[31] Ibid. Giddens A., La transformación de la intimidad p. 38

[32] Ibid Giddens A., La transformación de la intimidad  p 39

[33] Touraine, Alain; (2006) Critica de la Modernidad; segunda reimpresión en español, Fondo de Cultura Económica, México, p. 223

[34] Ibid Touraine  p. 225

[35] Giddens A., La transformación de la intimidad, 4 ta ed. Ediciones Cátedra, España, 2004, Traducido por Benito Herrero Amado (p. 68, 74-75)

[36] Psychology Today, Vol. 37, No. 6.

[37] E. Fernández-Espejo, Bases Neurobiológicas de la drogadicción, Rev. Neurol; 34 (7): 659-664

[38] Volkow ND, Fowler JS. Addiction, a disease of compulsión and drive: involvement of the orbitofrontal cortex.  Cereb Cortex 2000; 10: 318-25.

[39] Giddens A., La transformación de la intimidad, p 72

[40] Ibid. (p. 75), Giddens, A.; Modernity and Self-Identity, Cambridge, Polity, 1991

[41] Ibid. (p. 76, 68); Ditzler Joyce, Ditzler James; If you really love me-how to survive an addiction in the family, Londres, McMillan, 1989.

[42] Ibid. (p 77)

[43] Willcox BJ., (2006), Midlife risk factors and healthy survival in men, JAMA Vol. 296, No 19, p. 2343-2350

8 comentarios en “Las casas de baño y la actividad homosexual

  1. Wow lo leí completito, me gusto
    Cuidemos todos nuestra salud, en nosotros y el uso del condon está la cura contra el VIH. Mientras no exista algo que lo extermine y/o lo controle, controlemoslo nosotros
    Saludos
    NR

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