Sociedad y biología en la toma de conciencia

No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. K. Marx

Karl Marx
Karl Marx

Es común escuchar entre los grupos políticos la consigna, “tomar conciencia”. Aunque el concepto es bastante amplio, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que esta consigna refiere a un término prescriptivo, esto es, el de adquirir conocimiento sobre un evento específico. En el caso de los políticos, la consigna misma incluye la utilización del marco de referencia ideológico que unifica la interpretación de los eventos percibidos. Por ejemplo, el 26 de septiembre de 2014, en Iguala-Ayotzinapa, Guerrero, México, desaparecieron 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Aunque este evento ha sido condenado a nivel mundial por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por las diversas comisiones nacionales e internacionales de derechos humanos, por el Banco Mundial, por partidos políticos mexicanos, organizaciones no gubernamentales e individuos en general, la caracterización del mismo depende de quién lo describa. Mientras que para la ONU y la mayoría de las organizaciones mundiales y nacionales esto fue un “crimen de Estado”, el gobierno mexicano insiste en que es un evento aislado al igual que la masacre perpetuada por militares en el municipio de Tlataya, Estado de México.

Ayotzinapa
Ayotzinapa

En el caso de Ayotzinapa, los grupos que proclaman la consigna “tomar conciencia”, refieren a este evento como consecuencia de la naturaleza militarista y represora del Estado, por lo que la toma de conciencia no es sobre el evento criminal ocurrido en esa localidad sino el carácter represor del Estado. La conciencia es, pues, la interacción entre la percepción del evento, su codificación e interpretación del mismo en el cerebro, lo que a su vez genera el comportamiento denunciante o militante.

De acuerdo a los estudios neurobiológicos, los cambios comportamentales novedosos en los organismos son el producto de la interacción cuerpo-cerebro con el mundo, efecto que el Nobel de medicina, GM Edelman, llama la “Trinidad Comportamental”[1]. Mientras que los cambios estructurales que llevan a funciones novedosas en un organismo son el producto de las modificaciones en la conformación genética de estos. El lenguaje y la conciencia son ejemplos espectaculares donde se puede observar como la interacción social pone en práctica las funciones novedosas del organismo, dando lugar a lo que hoy conocemos como Homo sapiens.

Bipedestación Del Homo Sapiens
Bipedestación Del Homo Sapiens

Al referirnos a la conciencia podemos señalar que desde un punto de vista biológico, todos los animales poseen el mínimo o “núcleo” de lo hoy llamaríamos un “Yo”. Éste se produce toda vez que el procesamiento de un objeto modifica el proto-Yo. Por ejemplo, cuando en un organismo un objeto es visualmente sentido y el lente y la pupila de éste son ajustados se produce el efecto del proto-Yo. El concepto de proto-YO, acuñado por Antoni Damasio, es  la recolección de patrones de actividad neuronal de corto plazo, el cual representa el estado actual del organismo[2]. El proto-Yo recibe señales neurales y hormonales de los cambios viscerales. Aunque éste no se entiende como un estado consciente, el proto-Yo constituye el precedente biológico del “YO”. El núcleo del Yo representa el nivel más bajo que puede ser considerado como consciente, es un tipo de inmediatez, limitada a lo que es inmediatamente presente, una consciencia irreflexiva presumiblemente poseída por todos los animales, no solamente por los seres humanos. El Yo mínimo o núcleo, por lo general, es segmentado en el Yo-agente (el Yo que actúa), el Yo-experimentador (el Yo que experimenta) y el Yo-sujeto (el Yo que puede actuar sobre otras entidades en el entorno)[3].

Por otra parte, el Yo, desde el punto de vista biológico, es la respuesta emergente que el cerebro produce a las señales corporales que surgen del sistema sensorial-motor de un agente individual[4]. Estas señales predominantemente motoras sirven para distinguir el sentido de agencia corporal de las señales evocadas por el movimiento de otros animales o agentes corporales. Este sistema se mantiene constantemente activo a través del desarrollo propioceptivo del sentido corporal. Según Edelman, la combinación de tales señales omnipresentes del sistema sensorial–motor hacia el núcleo-Yo y su distinción de que son contemporáneas con las señales perceptuales y memoriales del núcleo-Yo generan un sentido de Yo-experimentador de un mundo sustituto.

Antes de que se desarrollara una consciencia de orden superior, esto es, consciente de que se está consciente, y de que se creara el lenguaje, se requirió una conciencia primaria que permitiera experimentar la categorización e imaginación de una escena corporal basada en referencias neurales del espacio. La consciencia primaria ocurre en los animales aunque estos carezcan de capacidad lingüística. Para el ser humanos, este tipo de consciencia es un proceso esencial que sienta las bases de la conciencia superior. Los cambios neuronales que llevaron a la creación del lenguaje están detrás de la emergencia de la conciencia de orden superior, la cual caracteriza a los seres humanos. Una vez el Homo sapiens contó con la estructura corporal y neuronal, aproximadamente 200,000 años antes del presente, la conciencia de orden superior comenzó a emerger, sentando las bases del Yo extendido: el Yo autobiográfico dirigido directamente por la memoria episódica; el Yo concepto, también conocido como el Yo contextual; el Yo volitivo con funciones ejecutivas; y por último, el Yo narrativo, el cual es capaz de informar accione e intenciones.

La “toma de conciencia”, entendida ésta como pensamiento abstracto sobre algo, reclama la participación de la memoria en su emergencia. Por ejemplo, en el mundo antiguo, los pitagóricos (grupo filosófico-religioso, siglo V a. de C) entendían la toma de conciencia como un acto reflexivo de las actividades del día. Este ejercicio reflexivo considerado como parte de las técnicas del Yo por Michael Foucault[5], tenía el objetivo de purificar el “Alma”. Para los pitagóricos, como explica Federico Copleston[6], lo importante del hombre era el alma y no el cuerpo que la aprisiona: en efecto, el alma era el hombre “real” no una simple sombra o una imagen del cuerpo, tal como aparece en la poesía homérica. De ahí la importancia de ejercitar el alma y de purificarla, ascesis que incluía preceptos tales como el de la abstinencia de la carne. Actualmente, a excepción de algunos grupos religiosos, el alma es entendida como el Sujeto, el cuerpo de donde emergen todas las funciones neuronales. La memoria sería parte de las modificaciones que sufren las neuronas en el cerebro al procesar información entrante, la cual entra a través del cuerpo para su procesamiento.

aprendizaje no percibido
aprendizaje no percibido

Por lo que, la consigna, “toma de conciencia”, prescrita por los políticos, se enfrenta a la memoria del individuo y al conocimiento previo a la percepción del momento. Por ejemplo, para aquellos que vivieron durante el apogeo del marxismo-leninismo (trotskismo,  maoísmo o sus variantes) así como durante la caída del muro de Berlín y, mantienen una posición crítica ante estos sucesos, el llamado a la toma del Estado les es desagradable y son muy renuentes adoptar la conclusión política de que es necesario destruir o tomar el Estado para corregir y evitar eventos como los de Ayotzinapa. Esto no quiere decir que no consideren que los eventos en Ayotzinapa fuero un crimen de Estado, pero la interpretación de tales acontecimientos no les lleva a concluir que el Estado es el enemigo a vencer, por lo que hay que destruirlo. Un mismo evento con consideraciones históricas diferentes pueden llevar a conclusiones política opuestas.

Vladimir Ilich Lenin
Vladimir Ilich Lenin

Mientras para el movimiento pitagórico la toma de conciencia tiene un significado transcendental donde se utilizan prácticas como la de oír música, oler perfumes y sobre todo, ejercitarse en el examen de conciencia revisando toda la jornada y recordar las faltas cometidas a fin de expurgarlas y purificarse de ellas por ese mismo acto de memoria[7], para el mundo actual la toma de conciencia implica el procesamiento de un evento percibido donde la información entrante es codificada e interpretación de acuerdo a la memoria almacenada en el cerebro.

Pitagoras, siglo V a. C.
Pitagoras, siglo V a. C.

La conciencia de orden superior, conciencia que posee el ser humano, descansa sobre el substrato neuronal que sustenta la capacidad simbólica de éste. La capacidad simbólica inherente en el ser humano sólo pude entrar en acción y ponerse en práctica a través del pensamiento. El lenguaje, creado por el ser humano, fue el medio del que se sirvió el cerebro para sentar las bases del pensamiento simbólico. El lenguaje implicó formar símbolos intangibles en la mente, y permitió combinar símbolos en formas novedosas. Además, permitió elaborar la pregunta “¿qué pasa sí?”, lo que a su vez permitió relacionar el mundo en una forma diferente y sin precedente[8].

símbolos numéricos
símbolos numéricos

Para K. Max, el lenguaje es la conciencia práctica, la conciencia real, que existe también para los otros hombres y que, por tanto comienza a existir también para sí mismo; el lenguaje nace como la conciencia, de la necesidad , de los apremios de las relaciones con los demás hombres… La conciencia, por tanto, es ya de antemano un producto social, y lo seguirá siendo mientras existan seres humanos. La conciencia es, en principio, naturalmente, conciencia del mundo inmediato y sensorio que nos rodea y conciencia de los nexos limitados con otras personas y cosas, fuera del individuo consciente de sí mismo; y es, al mismo tiempo, conciencia de la naturaleza, que al principio se enfrenta con un poder absolutamente extraño, omnipotente e inexpugnable, ante el que la actitud de los hombres es puramente animal y al que se sometan como el ganado; es, por tanto, una conciencia puramente animal de la naturaleza (religión natural)[9].

Los investigadores neurobiólogos Edelman y Tononi[10] señalan que el animal posee una individualidad biológica pero no un verdadero YO, no es consciente de sí mismo. Aunque, los animales tienen un “recuerdo presente”, mantenido por la actividad en tiempo real del núcleo dinámico, no posee el concepto de pasado y presente. Estos conceptos emergieron sólo cuando las capacidades semánticas, la habilidad para expresar sentimientos y referirse a objetos y a eventos por medios simbólicos, aparecieron en el curso de la evolución. Necesariamente, la consciencia de orden superior involucró las interacciones sociales. Cuando la lingüística en plena capacidad basada en la sintaxis apareció en los precursores de los Homo sapiens, la consciencia de orden superior floreció, en parte como el resultado del intercambio en una comunidad de parlantes.  Sólo así la conciencia de estar consciente fue posible.

Comunidad primitiva
Comunidad primitiva

La toma de conciencia, pues, además de ser un proceso individual, es producto de la cognición social que se genera en una comunidad de parlantes. No podemos substraer al ser humano de su contexto social en la elaboración del pensamiento simbólico. Aunque su capacidad de abstracción consiste en el procesamiento jerarquizado de la información almacenada en su cerebro, es el significado socialmente adjudicado a los símbolos lo que le da sentido a estos.

La conciencia del amor

La conciencia del amor

[1] Edelman GM., Gally JA. and Baars BJ., 2011, Biology of consciousness, Frontiers in Psychology/ Consciousness Research, Vol 2, Article 4, 2

[2] Damasio, Antonio R. 1999. The feeling of what happens. New York: Harcourt Brace.

[3] Franklin S., D.´Mello S., Baars BJ, and Ramamurthy U., (2009). Evolutionary Pressures for perceptual Stability and Self as Guides to Machine Conscuiousness. International Journal of Machine Consciousness 1 (01):99

[4] Ibid, Edelman

[5] Foucault M., (2005), La Hermenéutica del Sujeto, ed Akal, Madrid, p 57

[6] Copleston F., 2011, Historia de la Filosofía, ed. Ariel Filosofía, España, Vol 1, cap 4, p. 32

[7] Ibid Foucault M., (2005), p 59

[8] Tattersall I., (2004), What Happened in the Origin of Human Consciousness? The Anatomical Record (Part B: New Anat.) 276B:19–26,

[9] Marx C., Engels F., Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialistas e idealistas, Obras Completas, Traducción al Español, Ed Progreso, Cap. I de la Ideología Alemana, p 26-28, 1980, Moscú

[10] Edelman GM. Y Tononi G., A Univers of Conscousness, Ed Basic Books, 2000, NY,, USA

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