¡¡¡¡¡Anarquismo????? ¡¡¡¡¡México?????

En las últimas décadas el auto-denominarse “anarquista” ha tomado cierta fuerza. Después de casi desaparecer refugiados en universidades y sindicados, diversos grupos se han levantado retomando los principios fundamentales del anarquismo, aunque sin identificar sus ideas como parte del viejo anarquismo del siglo XIX. En muchas ocasiones, a diferencia de los anarquistas del siglo XIX, los anarquistas modernos no presentan un ideario político que sirva para comprender sus acciones. En la mayoría de los casos, se les puede identificar por su anti-partidismo o por su defensa a ultranza de “movimientos sociales” multicefalos o acéfalos. Recientemente, en México a los auto-denominados anarquistas se les ha identificado por ser generadores de actos violentos, estos mantienen su anonimato utilizando capuchas o máscaras, por lo que es aún más difícil el saber sus ideas políticas.

Movimiento Sin Tierra Brasil
Movimiento Sin Tierra Brasil

Aunque el pensamiento de Miguel Bakunin, principal exponente del anarquismo colectivista, fue variando durante su vida, el ideario de los socialistas libertarios puede resumirse señalando lo siguiente: “las clases sociales y la propiedad privada no pueden abolirse sin abolir al mismo tiempo el Estado; que todo Estado engendra una clase dominante; que todo Estado es por su propia naturaleza un Estado de clase; que no hay ni puede haber un Estado que se liquida así mismo, sino que todo Estado tiende a perpetuarse y a crecentar su poder.”[1] Su proclama socialista revolucionaria puede leerse en “Estatismo y Anarquismo”[2], la cual dice: abolición de todos los Estados, destrucción de la civilización burguesa, libre organización de abajo a arriba por medio de las asociaciones libres, organización del lumpenproletariado, de toda la humanidad liberada, creación de un nuevo mundo humano.

Mijail Alexandrovitsch Bakunin
Mijail Alexandrovitsch Bakunin

Los anarquistas, proclamaba Bakunin, “estimamos que a la hora de encontrar remedio a los males y de conseguir la felicidad del género humano, no hace falta establecer nuevas leyes e instituciones, sino sencillamente abolir todas las existentes. Sólo de esta forma los hombres, uniéndose libremente en federaciones cada vez más amplias, podremos construir nuestro destino social, sin interferencia de ningún poder artificial extraño, grande o pequeño, natural o sobre natural… De esta forma queremos la abolición de la familia jurídica y del matrimonio, tanto eclesiástico como civil, del que se deriva necesariamente el derecho a la herencia. Queremos también la igualdad de los derechos políticos y socioeconómicos de las mujeres y los hombres, y queremos que la tierra pertenezca a las comunidades agrícolas que la trabajen y el capital y los instrumentos de producción a los obreros, unidos en asociación… Queremos sobre todo que desaparezca el Estado y el principio de autoridad sobre el que se apoya, y con él todas las instituciones eclesiásticas, políticas, militares, burocráticas, jurídicas, académicas, financieras, económicas y cualquier otra que inventase el inagotable ingenio del hombre. Queremos la autonomía absoluta de cada individuo, cada federación de trabajadores, cada asociación de federaciones, y cada pueblo para ser lo que quiera ser, organizándose desde abajo hacia arriba de acuerdo con el principio intocable de la libertad.”[3] El anarquismo colectivista del siglo XIX era fundamentalmente anti-capitalista.

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que el anarquismo, como alternativa política, resurge entre los grupos contestatarios, sobre todo en aquellos que promulgan la ruptura de la relación capital-trabajo y promueven la extinción del Estado, gracias al descalabro teórico-práctico del marxismo-leninismo. El socialismo real fue una bofetada a los ideales anti-capitalista, la ausencia de libertad, el partido-Estado y la incapacidad de desarrollar una economía que supliría el bienestar social propuesto por los marxistas confirmó una de las predicciones política más asertivas hecha por político-teórico alguno. En 1873, Bakunin atacó abiertamente al marxismo en su libro “Estatismo y anarquismo”, insistiendo en que “el estado socialista visualizado por Marx crearía despotismo por un lado y esclavitud por otro.” “La teoría marxista, agregaba Bakunin, es una falsedad detrás de la cual se esconde el despotismo de una minoría gobernante, una falsedad tanto más peligrosa cuanto aparece como la expresión ostensible de la voluntad del pueblo”[4]. Su ideario político libertario se expresa en el postulado siguiente: “Que la libertad sin el socialismo es el privilegio, la injusticia; y que el socialismo sin la libertad es la esclavitud y la brutalidad”[5].

Carlos Marx y  Federico Engels

Carlos Marx y Federico Engels

El antropólogo mexicano, Gilberto López y Rivas, en su artículo Movimientos sociales y la izquierda institucionalizada[6] explica, a través de los autores Antonio Julio de Menezes Neto[7] y  Raúl Zibechi (Autonomías y emancipaciones: América Latina en movimiento, 2007, Editoriales Bajo Tierra y Sísifo, México), las contradicciones entre la actividad electoral-gobierno y los movimientos sociales, ambos temas centrales en el pensamiento de Bakunin. Aunque el objetivo del artículo no es desarrollar el ideario anarquista moderno, sus citas son elocuentes para entender cuáles son los planteamientos del anarquismo del siglo XX. El autor de Meneses Neto señala como el Movimiento de los Sin Tierra (MST) va perdiendo autonomía al relacionarse con el Partido de los Trabajadores (PT) una vez en la presidencia de Brasil (Lula y Dilma Rousseff): “No presentando más conflictos con el ‘gerente del capitalismo’, o sea, el gobierno federal, y subestimando el papel del nuevo gobierno en la lucha de clases favorable al agronegocio y a la derecha, el MST pierde visibilidad”. En su libro Raúl Zibechi es más directo en sus planteamientos anarquistas: “Están naciendo nuevas formas de dominación, enmascaradas bajo un discurso progresista y hasta de izquierda. Siento que es necesario exponerlas a la luz para contribuir a neutralizarlas y, sobre todo, para evitar que consigan su objetivo mayor: la demolición de los movimientos sociales desde dentro, de un modo mucho más sutil que el represivo pero, por lo mismo, más profundo y duradero.” De acuerdo a López y Rivas el autor concluye aseverando que, el divorcio entre la izquierda electoral y los movimientos no tiene solución; en suma, la construcción de una autonomía ligada a la emancipación sólo pueden hacerla los de abajo, con otros de abajo, en los espacios creados por los de abajo.

Movimiento de los Sin Tierra
Movimiento de los Sin Tierra

Interesantemente, ninguno de estos autores reivindica la violencia como instrumento de cambio. Esto no quiere decir que en la lucha anti-capitalista el anarquismo del siglo XIX no haya reivindicado magnicidios u otros actos violentos, pero de acuerdo a muchos autores, la asociación entre anarquismo y violencia es producto de la propaganda anti-anarquista que intenta identificar a Sergei Gennadievich Nechaev con Bakunin. En su rechazo a Nechaev, Bakunin escribe: “Las revoluciones sangrientas son con frecuencia necesarias a causa de la estupidez humana. Pero son siempre un mal, un daño monstruoso y un gran desastre, no solo por lo que respecta a las víctimas sino también por la pureza y la perfección del fin en cuyo nombre esas revoluciones se suscitan.” El principal texto de Nechaev, “Catecismo del revolucionario”, señala: “… Dentro de lo más profundo de su ser, el revolucionario ha roto -y no sólo de palabra, sino con sus actos- toda relación con el orden social y con el mundo intelectual y todas sus leyes, reglas morales, costumbres y convenciones. Es un enemigo implacable de este mundo, y si continúa viviendo en él, es sólo para destruirlo más eficazmente… El revolucionario desprecia la opinión pública. Desprecia y odia la actual moralidad pública en todos sus aspectos. Para él sólo es moral lo que contribuye al triunfo de la revolución. Todo lo que la obstruye es inmoral y criminal… Con el propósito de la destrucción despiadada, el revolucionario puede, y frecuentemente debe, vivir en sociedad, simulando ser lo que no es. El revolucionario deber penetrarlo todo en todas partes: las clases más altas y medias; el almacén del mercader; la iglesia; la mansión del aristócrata; los mundos de la burocracia, el ejército, la literatura; la División Tercera (policía secreta); e incluso el Palacio de Invierno (del Zar)…”[8]

 Encapuchados queman autobus
Encapuchados queman autobus

Los “anarquista encapuchados”, producto de reciente creación en mexicana, guardan más relación con Nechaev que con Bakunin. (http://www.proceso.com.mx/?p=388494) Estos grupos, de ser verdaderos anarquistas, no toman en consideración los efectos reales de sus actos violentos. Un ejemplo indiscutible de cómo esta actividad político-militar repercute negativamente en la población en general es la destrucción de las Torres Gemelas en New York, USA, el 11 de septiembre de 2011. La consecuencia más inmediata se encuentra el “Patrioc Act”. Esta ley, firmada por George W. Bush en octubre de 2001, representa uno de los retrocesos más grande en la democracia Norteamérica. Lejos de afectar la economía o el gobierno de los Estados Unidos, con los atentados del 9-11 los norteamericanos perdieron muchas de sus garantías civiles y libertades constitucionales.  La quema de las puertas del Palacio Nacional y la destrucción de autobuses pertenecientes a la línea del Metrobus en el Distrito Federal beneficia al Estado represor, que sólo busca una excusa para limitar las garantías constitucionales de los mexicanos y así mantener el control militar de la vida ciudadana.

11S Atentados Torres Gemelas
11S Atentados Torres Gemelas

[1] Cappelletti AJ., 1998, Bakunin y el socialismo libertario, ed. LEEGA, ed. Minerva, México p. 63

[2] Estatismo y Anarquismo, http://metalmadrid.cnt.es/cultura/libros/mijail-bakunin-estatismo-y-anarquia.pdf

[3] Discurso de Miguel Bakunin en la Asociación  Internacional de Trabajadores,        http://movimientoobreroprimerainternacional.blogspot.mx/2012/08/discurso-de-mijail-bakunin-en-la.html

[4] Palmer Ángel, (1992) Obras, Agricultura y sociedad en Mesoamérica, ed Gernika, México p 108

[5] Federalismo, socialismo y antiteologismo,

[6] http://www.jornada.unam.mx/2011/04/29/opinion/021a1pol

[7] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=126460

[8] https://archive.today/20121127170011/anarcofago.blogspot.com/2005/11/catecismo-del-revolucionario-sergei.html

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