Elementos para una filosofía de la mente sobre el poder

Tradicionalmente, los historiadores han descrito los personajes que han ejercido “poder” sobre otros. Es muy común encontrar en las descripciones históricas rasgos personales de estos individuos así como sus discursos y sus hazañas. Con suerte, podemos encontrar las circunstancias que permitieron el surgimiento de estos personajes y, como quien describe la punta de un tempano de hielo, inferimos los motivos ulteriores de sus acciones. La filosofía de la mente y la psicología cognitiva han dado saltos en esta dirección. En el cerebro se generan estados mentales que bien podrían describir los estados emocionales que alimentaron las acciones y los motivos ulteriores de estos individuos. En esta ocasión evitaremos mencionar comportamientos patológicos propiamente identificados con compulsiones, obsesiones, fobias, entre otras, y nos abocaremos a señalar elementos comunes que pueden presentarse en la vida de cualquier individuo.

Discursos enardecedores de dictaros y genocidas, A. Hitler y B. Netanyahu
Discursos enardecedores de dictaros y genocidas, A. Hitler y B. Netanyahu

El tema del “poder” es uno que ha fascinado casi a todas las disciplinas relacionadas con el ser humano. Sin ir muy lejos, Max Weber[1] definió el poder como “la probabilidad de que un actor en una relación social esté en una posición de llevar a cabo su propia voluntad a pesar de la resistencia, sin tener en cuenta las bases donde descansa esta probabilidad”. Más reciente, Michel Foucault[2], desarrolló la idea de “poder” como un proceso dialectico, presente en todas las acciones y relaciones sociales. Para Foucault, el poder no se restringe a la esfera económica o política, es la forma como las palabras sociales son estructuradas, dando significado y experimentándose a través de los mecanismos del poder, lo que se extiende hacia nuestro entendido como lo que constituye normalidad, verdad y orden[3]. Por lo que podemos inferir que la definición de poder dependerá de las relaciones que se quieran explicar y de los mecanismos del poder que se deseen resaltar en cada una de esas relaciones.

Ejercicio del poder del hombre sobre la mujer
Ejercicio del poder del hombre sobre la mujer

Existen diferentes definiciones de “poder”, pero en esta ocasión utilizaremos la que Cameron Anderson y Jennifer L. Berdahl[4] utilizan en su excelente artículo sobre la experiencia del poder. De acuerdo a los autores “el poder es la habilidad de proveer o retener recursos valiosos o administrar castigo”. Según los autores, una propiedad importante del poder es que es contextual, definido con referencia a una relación en particular o a un grupo. Esta definición permite diferenciar al poder de otros comportamientos relacionados con él como lo sería el domino o el liderazgo.

Franco dando un discurso en Éibar en 1949
Franco dando un discurso en Éibar en 1949

La literatura sobre la psicología del poder presenta tres áreas de estudio en relación a éste tópico: (1) el motivo de alcanzar el poder; (2) las bases del poder y, (3) las consecuencias de tener poder. Esta última, examina cómo el poder influencia aquellos que lo poseen. En la búsqueda por un marco de referencia que permitiera entender los efectos del poder, Keltner et al[5] propusieron la teoría acercamiento/inhibición del poder.  Esta teoría retoma las dos tendencias fundamentales que impulsan el comportamiento: el acercamiento y la evitación. Keltner asocia al poder con recursos y limitaciones, ubicándolo en el mundo motivacional. De una forma simplista diríamos que aquellos que tienen poder poseen más recursos y experimentan menos limitaciones que aquellos que no lo tienen.

Lo ofensivo e ironico, Gaston Saldana
Lo ofensivo e irónico, Gaston Saldana

En el campo de la investigación muy a menudo nos encontramos con diferentes terminologías refiriéndose a un mismo objeto de estudio. En este caso, podemos decir que, la terminología que describe el sistema de acercamiento e inhibición se relaciona con las categorías afectivas, cognitivas y con los procesos comportamentales que tratan con la recompensa y el castigo. En el campo de la investigación psicológica el sistema de inhibición puede llamársele evitación y amenaza. En el campo de la neurociencia cognitiva este sistema de acercamiento-inhibición es reconocido como recompensa y castigo, para el cual se tiene definida claramente su sustrato neuronal. En este sentido, las estructuras neuronales identificadas con las consecuencias de tener poder se encuentran en áreas subcorticales que juegan un papel importante en la modulación del comportamiento en respuesta a la presentación de estímulos potencialmente de recompensa. Desde el punto de vista neurocientífico, los mecanismos cerebrales que se ocupan de la recompensa son los mismos que se ocupan del placer o por lo menos se superponen a éste. Los sistemas nerviosos que median la gratificación y el placer emplean diversos neurotransmisores, en este caso está involucrado concretamente la dopamina. Entre los tres mecanismos cerebrales que funcionan con los sistemas dopaminérgico, el sistema meso-límbico-cortical, que se origina en el área tegmental ventral del mesencéfalo, y envía sus axones hacia estructuras del cuerpo estriado, área límbica y centros corticales[6], es el que está implicado en el comportamiento aprendido dependiente de recompensa.

Sistema dopaminérgico
Sistema dopaminérgico

El ser humano aprende comportamientos que a simple vista podríamos decir se adquieren de manera natural. Sin embargo, su aprendizaje depende de la respuesta obtenida en su ejercicio conductual, por ejemplo, el recién nacido responde ante la presencia de alimento, al calor y a los cuidados que la madre le proporciona en sus periodos de nutrición. Si la actividad es interpretada por el cerebro como placentera, los sistemas de recompensa la agregarán al repertorio de conductas placenteras. En este caso, el sistema dopaminérgico hará que el individuo desarrolle conductas aprendidas que responden a hechos placenteros y rehúya a los desagradables. La obtención de recompensas placenteras hará que el comportamiento se habitué. Los comportamientos habituales, como parte de la identidad individual, se traducirán en búsqueda de reforzadores que permitan obtener, precisamente, respuestas gratificantes. Los reforzadores, entendidos como estímulos cuya percepción se traduce en un aumento de la probabilidad de respuesta, pueden ser estímulos positivos, en contraposición a los que reducen la probabilidad de aparición de la respuesta, lo que se denomina estímulos de castigo.

Augusto Pinochet
Augusto Pinochet

No es ninguna ciencia el saber que los poderosos viven en un ambiente con más recursos y recompensas; por definición, están mejor capacitados para alcanzar sus metas y ante la vista de los demás, viven sin limitaciones o sin consecuencia de sus actos. Por el contrario, los que carecer de poder viven en un medio ambiente con mucho menos recursos y con un gran potencial de castigo; están conscientes de las limitantes sociales en que se encuentran, ya que son otros los que controlan sus resultados. El carecer de poder significa no sólo que la persona tiene menos acceso a recursos, sino que además, es más sujeto a las amenazas sociales y al castigo[7]. De ahí que la carencia de poder crea un contexto negativo, de amenaza que activa las vías neuronales del castigo.

Detenciones en Chile y Argentina durante dictadura militar
Detenciones en Chile y Argentina durante dictadura militar

La vía meso-límbica-cortical, la cual tiene como neurotransmisor fundamental a la  dopamina, participa fisiológicamente en la creación de hábitos de conducta tras estímulos reforzadores naturales (comida, bebida, sexo). Su origen estructural coincide con la parte media del encéfalo, específicamente en el área tegmental ventral. Casi el sesenta por ciento de las neuronas que conforman esta área producen dopamina y se proyectan hacia el núcleo accumbens. Recordemos que el núcleo accumbens tiene un papel importante en la recompensa, la risa, el placer, la adicción y el miedo. No es casual que el poder se asocie a comilonas, orgías y borracheras. El núcleo accumbens y el área tegmental ventral tienen conexiones recíprocas con la corteza prefrontal y la región límbica que son centros poderosos moduladores de la conducta y las emociones. La corteza cerebral sería el destinatario final de la información que hasta ahora el cerebro ha estado procesando. Al conectase con la corteza prefrontal, el cerebro procesará la información implicada con los aspectos motivacionales de la conducta dirigida a objetivos, esto es, la relación recompensa-castigo, da ahí su capacidad inhibitoria.

Núcleo accumbens y el área tegmental ventral
Núcleo accumbens y el área tegmental ventral

En la interpretación cotidiana de los hechos, donde el sentido común es nuestro método cognitivo, asociamos los comportamientos con las personalidades, sin darnos cuenta que muchos de esos comportamientos observados son el producto del lugar, en relación al poder, que se encuentra la persona observada. Las personas sin poder nos parecen inhibidas, como lo demuestra su postura encogida y la reducción en la actividad gestual[8]. Mientras que el poderoso impone, camina erguido, pone menos atención a otros y reproduce un comportamiento estereotipado. Tanto la neurobiología como la psicología del poder alcanzan a describir los efectos sociales del comportamiento individual dependiendo del lugar en que uno se encuentre.

El papa en su silla pontificia
El papa en su silla pontificia

En muchas ocasiones asociamos el silencio que una persona pueda guardar cuando está “atendiendo” a otra con la capacidad de escuchar. Cuando observamos debates donde dos personas hablan a la misma vez decimos que no se están escuchando. Sin embargo, cuando dos personas parten de un punto coincidente en una conversación pueden hablar al mismo tiempo y esto no quiere decir que no se están escuchando, por ejemplo, al comentar lo bonito de algo o lo feo de ese mismo objeto, al asistir las opiniones políticas coincidentes. El comportamiento o la expresión facial no necesariamente es isomórfico a la intencionalidad del individuo. Por lo que, podemos inferir que el comportamiento silencioso no necesariamente quiere decir que se está escuchando. En nuestro primer ejemplo se confrontan ideas divergentes, situación que depende en cierta medida del grado de subordinación que uno de los interpelantes tenga en relación al otro, si es total, probablemente, el silencio será total.  Si tomamos esta definición como marco de referencia para interpretar los ejemplos antes expuestos no nos cuesta mucha dificultad concluir que si mi alimentación, mi seguridad y mi trabajo dependen del que está hablando, guardaré silencio, aunque no lo esté escuchando.

En el juicio a Efraín Ríos Montt
En el juicio a Efraín Ríos Montt

En nuestra disertación hemos señalado el esquema expuesto por Keltner, et al[9], con su teoría de acercamiento/inhibición del poder, a fin de entender los efectos del  poder en las personas que lo ejercen. Keltner asocia al poder con recursos y limitaciones, ubicándolo en el mundo motivacional. La teoría de acercamiento/inhibición del poder señala que cuando los individuos tienen mucho poder, están más atentos a los aspectos de recompensa del ambiente social, mientras que los que tienen menos poder están más atentos a los aspectos amenazantes del ambiente social. Las personas con mucho o poco poder difieren en sus tendencias perceptuales más que en la precisión global de sus percepciones. No es que unos perciban una realidad diferente a la del otro, sino que los que tienen menos poder van un paso más allá, interponen la consecuencias que va a traer el comportamiento en el contexto del ambiente social donde se lleva a cabo, recompensa o castigo. La respuesta individual ante una situación ambigua es muy diferente entre una persona con poder y otra que no lo posee. Mientras el poderos camina como dueño de la casa el carente de poder camina atientas, en desconfianza y con miedo a ser objeto del crimen y del abuso.

Tristeza
Tristeza

Sustentando sus argumentos con la evidencia presenta por otros investigadores, Anderson y Berdahl[10] señalan que, en el campo de las emociones el poder le da forma a la experiencia emocional. Por ejemplo, los individuos con diferentes niveles de poder exhiben diferencias en la demostración de la ira o enojo así como en el comportamiento sonriente. Esto, al igual que la percepción, no quiere decir que las personas con mucho o poco poder sientan las emociones de forma diferentes, sino que, cuando la actividad cerebral relacionada con la recompensa no percibe tal, la respuesta es inhibida, por lo que en el caso de las personas carentes de poder, la respuesta a los estímulos se correlacionan a estados de ánimos negativos. La función primordial de la emoción es el coordinar los sistemas de respuestas y su regulación tiene ésta misma finalidad[11]. Las emociones son estados mentales consientes que guardan una relación o un significado situacional, son representaciones mentales, las cuales pueden ser placenteras o desagradables[12]. Gran número de estos estados emocionales son el resultado de interpretaciones de situaciones sociales y de la evaluación de las consecuencias de estas mismas. Por tal motivo, la respuesta emocional va directamente relacionada al grado de poder que un individuo posea y a la interpretación que él haga de su ambiente social. Su demostración de la emoción que experimenta dependerá igualmente de estas correlaciones.

Los poderosos
Los poderosos

Cuando un individuo se enfrenta a situaciones ambiguas, la corteza prefrontal envía señales sesgadas a otras regiones del cerebro para facilitar la expresión de tareas responsivas apropiadas frente a competencias alternativas potencialmente fuertes. En el dominio afectivo la corteza prefrontal implementa procesos anticipatorios afectivamente dirigidos.  Se puede esperar que en personas inhibidas, desde la perspectiva de la teoría de acercamiento/inhibición, esto es, sin poder, las respuestas cerebrales comprometan la representación de metas.

Pedofilia
Pedofilia

Las emociones poseen una cualidad imperativa, lo que les permite interrumpir lo que estamos haciendo al hacerse presente en nuestro consciente, éstas tienen que competir con otras respuestas que también están siendo ocasionadas por la matriz social en las que típicamente las emociones juegan[13]. Esta última cualidad es precisamente la que más se relaciona con la regulación de la emoción. La posibilidad de ser inhibida o exteriorizada hace a la emoción sujeto de control. Probablemente, esta es la razón por la que nos equivocamos al evaluar la respuesta emocional de una persona; el individuo con menos poder puede demostrar menos ira pero puede estar sintiéndola mucho más.  Las emociones sirven, además de lo antes mencionado, para facilitar el comportamiento adaptativo y la toma de decisiones en respuesta a eventos salientes. Las emociones que son pobremente reguladas o se encuentran fuera de contexto pueden impedir un buen funcionamiento[14]. La incapacidad para disminuir los estados emocionales negativos, y muy probablemente la incapacidad para aumentar, mantener y estimular los estados emocionales positivos, son una señal de vulnerabilidad ante desordenes anímicos. Por lo que podemos concluir que, la democratización del poder no es sólo un problema político sino también de salud mental.

 

Roberta Manchú
Roberta Manchú

 

[1]Weber, M. (1964). The theory of social and economic organization. New York: Free Press. pp.  152

[2] Foucault M., 1976, Historia de la Sexualidad, ed Siglo XXI, México

[3] Foucault M., 1992, Microfísica del Poder, ed. de la Piqueta, España

[4] Anderson C, Berdahl JL., (2002) The Experience of Power: Examining the Effects of Power on Approach

and Inhibition Tendencies, Journal of Personality and Social Psychology Vol. 83, No. 6, 1362–1377

[5] Keltner D, Gruenfeld DH, Anderson C. (2003) Power, approach, and inhibition. Psychological Review

110:265–284.

[6] Simón Brailowsky, Las sustancias de los sueños, Fondo Cultura Económica, ed, (2008), México, p. 77-79.

[7] Anderson C, Berdahl JL. (2002) The experience of power: Examining the effects of power on approach and

inhibition tendencies. Journal of Personality and Social Psychology 83:1362–1377.

[8] Ellyson, SL.; Dovidio, JF. (1985) Power, dominance, and nonverbal behavior. Springer–Verlag; New York

[9] Keltner D, Gruenfeld DH, Anderson C. (2003) Power, approach, and inhibition. Psychological Review

110:265–284.

[10] Ibid Anderson C, Berdahl JL. (2002)

[11] Levenson, R.W. (1999). The intrapersonal functions of emotion. Cognition and Emotion, 13, 481-504

[12] Annu.Rev.Psychol. 2007, (58): 373-403

[13] James J. Gross (ed), Handbook of Emotional Regulation, (2007), The Guilford Press, New York (pp 4-5).

[14] Davidson, R.J. (2000). Affective style, psychopathology, and resilience: Brain mechanisms and plasticity. American Psychology, 55, 1196-1214

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