Algunos elementos a tomar en la descriminalización del consumo de sustancias adictivas

Dada la magnitud y los diferentes factores que involucran el tráfico de sustancias adictivas el problema de las adicciones da la impresión que siempre ha estado entre nosotros. Sin embargo, la idea de que se puede ser adicto es algo reciente. Aunque, este concepto procede de mediados del siglo XIX, el término no se hizo de uso común sino hasta más tarde y precede en un cierto tiempo a la aplicación difusa del término “adicción alcohólica”. En la explicación que nos ofrece Anthony Giddens señala que, no es hasta el siglo XIX cuando  la ingesta de alcohol, por ejemplo, fue vista sólo como un “problema social” y sólo cuando ésta conducía al desorden público. Tardó mucho tiempo hasta que el alcoholismo fue aceptado oficialmente en los círculos médicos como una adicción, y finalmente como una enfermedad con una base psicológica definida[1], Originalmente, las adicciones fueron vistas como un estado del organismo, actualmente se les comprende como una condición donde se entrecruzan los factores biológicos (neuroquímicos y la predisposición genética), estilos de vida e identidad.

una imagen de adicción
una imagen de adicción

Según Giddens, las adicciones son un índice negativo del grado en que el proyecto reflexivo del ego se traslada a un puesto de plataforma central en la modernidad tardía. Son modos de conducta que se introducen –quizás en forma muy consecuente- en este proyecto, pero rechazan quedar incorporados en el mismo. Son modos de conducta que se introducen en este proyecto reflexivo que, aunque se intenta impedir queden incorporados en el mismo. Las adicciones parecen haberse incorporado en forma muy consecuente a nuestro estilo de vida moderno. Hoy más que nunca, es posible llegar a ser adicto, entre otras cosas, a las drogas, a la comida, al trabajo, a fumar, a ir de tiendas, al ejercicio, al juego y a las relaciones, entre otras cosas[2].

Zenós Frudakis. Libertad
Zenós Frudakis. Libertad

Giddens añade que, en nuestra sociedad moderna amplias áreas de la vida de una persona ya no están conformadas por modelos y hábitos preexistentes, como ocurría en las sociedades tradicionales. El individuo moderno se ve obligado continuamente a negociar opciones de estilo de vida. El haber eliminado la tradición y al no contar con un modelo social particular que sea obedecido y sancionado, el individuo está obligado a descubrirse a sí mismo en sus hábitos y acciones. El proyecto reflexivo de persona asume una importancia especial en su identidad y las opciones de estilos de vida ya no son aspectos “externos” o marginales de las actitudes individuales, sino que definen dónde “está” el individuo. En otras palabras, las opciones de estilo de vida son constitutivas de la narrativa del Yo[3]. La pérdida temporal de esta preocupación reflexiva por la protección de la identidad genérica es parte de la experiencia adictiva.

Prometeo encadenado
Prometeo encadenado

Cuando la conducta es gobernada por la búsqueda constante del estímulo y esta no es una opción libre, en lo que respecta a la personalidad, se habla de adicción. Los comportamientos habituales como parte de la identidad individual, en la adicción se traducen en la búsqueda de reforzadores que permitan obtener respuestas gratificantes. Los reforzadores son estímulos cuya percepción se traduce en un aumento de la probabilidad de respuesta, pueden ser estímulos positivos o negativos, los primeros son considerados de recompensa y los últimos como de castigo. Los reforzadores, además, pueden ser naturales o artificiales. Entre los primeros están la ingesta de comida y de bebida, las relaciones sexuales y el cuidado de la descendencia, todos ellos esenciales para la supervivencia de la especie. Entre los segundos se encuentran la estimulación cerebral, las drogas de abuso, los juegos de azar y los videojuegos, por poner algunos ejemplos. Tanto los reforzadores naturales como los artificiales parecen incidir sobre los mismos sistemas neurales de modo que al ser usados de forma indebida se produce una alteración en los sistemas neuronales que regulan el esfuerzo natural, lo cual se traduce en la aparición de comportamientos denominamos “adictivos[4].

Secuestro del cerebro
Secuestro del cerebro

Hoy se reconoce que el sustrato neural básico que mantiene las conductas adictivas radica en el sistema meso-cortico-límbico dopaminérgico, el cual se localiza en la parte anterior del cerebro. Este sistema está formado por una serie de núcleos interconectados entre sí, de forma que permite una circulación relativamente fluida desde la porción neuronal que ocupan las áreas relacionadas con el placer y las áreas relacionadas con los movimientos. La vulnerabilidad a los reforzadores positivos es diferente entre una y otra persona. Desde el punto de vista neuronal, en algunos individuos las deficiencias en ciertos elementos reguladores de la transmisión sináptica del sistema dopaminérgico y de opioidérgico pueden participar como factores de vulnerabilidad. Sin embargo, excepto en el caso de la existencia de patologías psiquiátricas asociadas y previas a la adicción, el riesgo biológico de adquirir dependencias a sustancias adictivas, es muy similar para todos.

áreasa secuestradas
áreasa secuestradas

La naturaleza de la adicción se expresa en una conducta compulsiva, que incluso, en el caso de la dependencia química, la adicción se mide de facto en términos de las consecuencias que tiene el hábito sobre el control de la vida del individuo, más las dificultades inherentes para librarse de este hábito. La adicción puede ser definida como un hábito estereotipado que se asume compulsivamente; el sustraerse a la misma proporciona una ansiedad incontrolable. El saciar tal hábito proporciona una fuente de bienestar para el individuo, al aplacar la ansiedad, pero su experiencia es siempre más o menos transitoria. La compulsión genera una forma de conducta donde el individuo se encuentra imposibilitado de detener por sí sólo un comportamiento determinado. El poder de decisión se encuentra secuestrado, su comportamiento se reduce a la obediencia del estímulo inmediato. La conducta compulsiva se asocia al sentimiento de pérdida de control la persona. Al actuar a impulsos de la compulsión produce la liberación de tensiones y el no hacerlo causa un aumento excesivo de ansiedad[5].

adictos al trabajo
adictos al trabajo

Los factores psicosociales son el elemento distintivo en la facilitación del camino hacia la adicción. Esa facilitación se potencia, sí además, hay factores biológicos determinantes que hacen más susceptibles a individuo a los efectos positivos de los reforzadores y a las alteraciones emocionales y cognitivas que producen estos estímulos. Las adicciones se traducen en el cerebro alterando la comunicación neural. Esta modificación se ejerce sobre redes neuronales que regulan comportamientos tan importantes para la supervivencia del individuo como lo son las relaciones sociales, la ingesta de comida y bebida, el cuidado de la descendencia, así como su reproducción.

En el caso de las sustancia químicas, estas tienen la capacidad de actuar sobre los circuitos neurales de forma tal que secuestraran las actividades diarias del individuo, poniendo como única meta la búsqueda de la sustancia. Al afectarse estas redes neuronales, las sustancias adictivas van cambiando las uniones neuronales hasta llegar el momento en que el cerebro queda “marcado” y sensibilizado por el consumo de estas sustancias. Tras el consumo continuo, el cerebro se transforma en su relación con las sustancias adictivas. En cierto modo, aunque la persona esté deshabituada, su cerebro sigue sensibilizado de forma permanente. Esa marca, esa sensibilización, es la que hace vulnerable al sujeto tras una abstinencia prolongada y es lo que provoca las famosas recaídas. Las recaídas son provocadas por el consumo de pequeñas dosis de la sustancia a la cual el individuo es adicto, por la presencia de estímulos ambientales y psicológicos asociados al consumo previo o simplemente, por recuerdos asociados al consumo de estas sustancias[6]. En el comportamiento compulsivo la conducta de la persona queda gobernada por la búsqueda constante de la necesidad de saciar su compulsión, que, sin embargo, conduce persistentemente a sentimientos de vergüenza o inadecuación.

La mezcla que hace un verdadero viaje
La mezcla que hace un verdadero viaje

Entre las poblaciones más vulnerables a las adicciones de encuentran los adolescentes. La identidad de un individuo se forma con sus experiencias, las que a su vez son asimiladas y posteriormente procesadas en su cerebro. Se ha sugerido que la personalidad sería un desarrollo entre factores ambientales y el temperamento a lo largo del tiempo[7]. Desde un punto de vista genético, la personalidad se entiende como rasgos multifactoriales, en el que sin duda están implicados un conjunto de genes, probablemente de efecto débil, que además estarían interaccionando entre ellos y con numerosos factores ambientales[8]. La vulnerabilidad del adolescente radica en que durante este periodo va tomando forma su personalidad.

La adolescencia temprana, a partir de los 10 años de edad, marca la entrada a un periodo de cambios neurobiológicos sustanciales, con efectos significativos en la cognición, en lo social y en el desarrollo emocional. Más específicamente se ha propuesto que la adolescencia involucra un cambio en la dirección del control del comportamiento. Se piensa que estos cambios neuronales subrayan el remplazo de un comportamiento dirigido por impulsos afectivos por uno basado en las consideraciones de las consecuencias futuras, tanto personales como sociales. En el lenguaje de la neurociencia esto es la sustitución del cerebro emocional por un cerebro de carácter más ejecutivo[9]. Algo fundamental y característico de la adolescencia son los cambios psicológicos que afectan el sentido de identidad, su percepción de sí mismo y su relación con otros.

 

Michelangelo Buonarroti - David (1501-04)
Michelangelo Buonarroti – David (1501-04)

Actualmente se reconoce a la adolescencia humana como un gran periodo dinámico del desarrollo neuronal durante donde los circuitos del comportamiento se remodelan y se redefinen. El cerebro de un niño de 5 años de edad contiene aproximadamente el 90 por ciento del tamaño del cerebro de un adulto. Sin embargo, durante el periodo de la adolescencia, los procesos básicos de desarrollo cerebral ocurrido en el periodo neo-natal son recapitulados en la adolescencia. Estos procesos incluyen: neurogénesis, programación de muerte celular, elaboración y poda de las arborizaciones dendríticas así como de la las uniones neuronales (sinapsis), mielinización y diferenciación sexual.

Sinapsis, redes neuronales y bio-información
Sinapsis, redes neuronales y bio-información

Como se puede observar, la trayectoria del desarrollo del cerebro post-natal no es linear, por el contrario, se caracteriza por cambios rápidos bruscos en el adolescente que involucran tanto eventos progresivos como regresivos. Como en cualquier proceso biológico, los  periodos de cambios rápidos en el desarrollo señalan una marcada sensibilidad y vulnerabilidad, tanto en los cambios dependientes de la experiencia como en el de las consecuencias adversas de la perturbación y del insulto. Por tanto, No sería difícil comprender por qué las perturbaciones propias del desarrollo del cerebro del adolescente dejan una huella distintiva en el comportamiento del adulto.

El Yo y el Otro
El Yo y el Otro

La adolescencia ha sido identificada con placer, agresividad, riesgo y otros atributos que dependiendo de la forma en que se expliquen podrían estar señalando inestabilidad o falta de control. Sin embargo, en este periodo el adolescente comienza a reconocer al otro, a entender las emociones, las intenciones y las creencias de los demás. En especial identifica aquellos que son sus iguales. Los estudios psicosociales sugieren que la adolescencia se caracteriza por estos cambios de fuerte contenido social, incluyendo un alto grado de percepción de sí mismo, un aumento en la importancia y complejidad en las relaciones entre iguales, al igual que una mejora en el entendimiento de otros.

Las hormonas que disparan la pubertad actúan no sólo sobre el tejido periférico causando la aparición de las características sexuales secundarias sino que además actúan en la remodelación del cerebro y en la transformación del comportamiento. Las modificaciones fisiológicas y neurológicas que surgen como consecuencia de estas hormonas impulsan cambios significativos en la experiencia individual, las cuales, por sí mismas, pueden alterar profundamente el desarrollo del cerebro. En el adolescente, el desarrollo del cerebro social es influenciado por múltiples factores, incluyendo los cambios en los niveles de hormonas así como los cambios en el medio social. Los estímulos ambientales alteran las uniones neuronales haciendo que estos se redefinan y se refuercen los circuitos neuronales que van a permanecer. Hoy en día, la pediatría ha extendido su atención médica de los infantes hasta los 24 años de edad, considerando que los individuos menores de esta edad continúan desarrollándose tanto física como mentalmente. Los cambios en cerebro continúan durante toda la vida, sin embargo, los primeros 24 años de un individuo son fundamentales en la interacción biológica-social.

En el reino animal, al momento del cortejo, el macho se muestra ...
En el reino animal, al momento del cortejo, el macho se muestra …

La adicción representa una patológica que involucra el aprendizaje y la memoria del individuo. El consumo repetido de sustancias adictivas da lugar a efectos conductuales (habituación, sensibilización y tolerancia) producto de los cambios neuronales que sufre el cerebro como consecuencia del consumo de estas. No importa cuál sea la decisión que la sociedad tome con respecto a la descriminalización de las sustancias adictivas, si desea garantizar su futuro deberá proteger su población emergente, los adolescentes.

 

Otra versión de la bandera, Gaston Saldana
Otra versión de la bandera, Gaston Saldana

 

 

 

 

 

[1]Giddens A., La transformación de la intimidad, 4 ta ed. Ediciones Cátedra, España, 2004, Traducido por Benito Herrero Amado (p. 68, 74-75)

[2]  Ditzler Joyce, Ditzler James; If you really love me-how to survive an addiction in the family, Londres, McMillan, 1989.

[3] Giddens, A.; Modernity and Self-Identity, Cambridge, Polity, 1991, p.75

[4] Ambrosio Flores, Refuerzo y Adicción, 2010, Viguera, p 435-442

[5] Ibid, La transformación de la intimidad, (p 72)

[6] Ibid, Ambrosio Flores

[7] Snidman KJ. The tapestries of temperament. In Snidman KJ, ed. The long shadow of temperament. Cambridge: Harvard University Press; 2004. p. 34-64.

[8] Rev NEUROL (2007) 45: 418-423

[9] Whittle S., Yap MBH., Yu M., Fornito A., Simmons JG., Barrett A. Sheeber L., Allen NB., (2008) Prefrontal and amygdala volumes are related to adolescents’ affective behaviors during parent–adolescent interactions, PNAS, vol. 105, no. 9, 3652–3657, http://www.pnas.orgcgidoi10.1073pnas.0709815105

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