El envejecimiento de la piel no tiene por qué delatarnos

El envejecimiento de la piel es un proceso complejo, el cual es parte del mosaico natural por el que atraviesa el ser humano. Este proceso prosigue diferentes trayectorias con el tiempo haciéndose evidente en órganos, tejidos y células. Por lo general, los signos del envejecimiento de los órganos internos se enmascaran del ojo propio y del extraño, mientras la piel provee las primeras señales obvias del paso del tiempo. La salud y la belleza de la piel son consideradas como uno de los principales factores del bienestar y de la percepción de salud en el humano.

Envejecimiento cutáneo de nuestra piel
Envejecimiento cutáneo de nuestra piel

Como muchos otros procesos vitales, el envejecimiento comienza cuando se ha alcanzado el clímax de una función vital, aunque sus consecuencias no se puedan observar hasta años posteriores. Las investigaciones más recientes han demostrado que, de hecho, existen dos tipos de envejecimiento. Uno causado por el proceso normal de envejecimiento, el cual podemos relacionar con los factores genéticos, y que se denomina envejecimiento intrínseco (interno) y otro extrínseco o externo, donde los factores ambientales como la exposición a los rayos del sol es la causante principal. Normalmente estos dos procesos se superponen uno sobre otro amplificando el proceso de envejecimiento propiciando enfermedades como el cáncer de piel.

La piel es un sistema que regula la temperatura corporal, percibe los estímulos de dolor y del placer, no permite que determinadas sustancias entren en el organismo. Además, representa una barrera corporal contra los efectos del sol, entre otros. La piel constituye aproximadamente el 16 por ciento del peso total del ser humano. Este tegumento es un órgano delgado, relativamente plano, está compuesto por dos capas principales: una exterior, más fina, llamada epidermis y otra interna, más gruesa, denominada dermis. Aunque la capa que se encuentra por debajo de la dermis (hipodermis o capa subcutánea), no forma parte de la piel propiamente dicha, por ella pasan los principales vasos y nervios de la piel adyacente. La función primaria de la piel es la de proteger al cuerpo contra el medioambiente externo, para esto cuenta con un complejo sistema jerarquizado que le permite cumplir plenamente esta función[1].

Barreras defensivas primarias
Barreras defensivas primarias

Histológicamente, la epidermis se considera un tejido epitelial escamoso estratificado compuesto por múltiples capas de células llamadas queratinocitos. Los queratinocitos cumplen con varias funciones, la más conocida es la de producir queratina, pero además sintetizan otras sustancias químicas, como: alfa interferón, prostaglandinas, factores estimulantes de colonias granulocíticas-monocíticas, factor activador de los timocitos, derivado de las células epidérmicas (ETAF). Los queratinocitos se renuevan continuamente por división mitótica provenientes de las células basales. A medida que se forman nuevas células en la capa basal éstas se desplazan lentamente hacia la superficie del epitelio. Las modificaciones estructurales que experimentan durante este viaje posibilita la distinción en cuatro zonas en los cortes histológicos perpendiculares a la superficie cutánea. Estas zonas son las siguientes: el estrato basal, el estrato espinoso (estrato de Malpighio), el estrato granuloso y el estrato córneo.

Diagrama esquemático de las cuatro capas de la epidermis
Diagrama esquemático de las cuatro capas de la epidermis

La dermis es la capa de la piel situada bajo la epidermis y está constituida por tejido conectivo, la sustancia fundamental y por células. La sustancia fundamental está compuesta por glucosaminoglicanos, ácido hialurónico, condroitinsulfato y dermatansulfato, que embeben gran cantidad de agua formando un gel. Los elementos celulares de la dermis son los fibroblastos, mastocitos (células cabadas) y células fagocíticas (macrófagos, histiocitos). El tejido conectivo, a su vez, está formado por tres tipos de fibras: Colágenas, elásticas y reticulares. Las fibras colágenas son las más numerosas, la disposición y el grosor de las mismas, varía de acuerdo al nivel en que se encuentran: en la dermis superficial o papilar son fibras delgadas, a diferencia de la dermis media y profunda, donde son más gruesas y se disponen en haces casi paralelos a la superficie de la epidermis. Las fibras elásticas son fibras delgadas, su grosor al igual que el de la colágena y varía de acuerdo al nivel en que se encuentran: delgadas en dermis superficial y gruesas en dermis profunda. Las fibras reticulares son un tipo especial de fibra colágena de tipo III.

Estructuras de la dermis
Estructuras de la dermis

El proceso intrínseco de envejecimiento es un continuo que normalmente comienza a mediado los 20 años de edad. A medida que las personas envejecen el estrato subcutáneo pierde grasa, las dos capas que conforman la piel (epidermis y dermis) se vuelven más delgadas, las fibras elásticas de la dermis se fragmentan perdiendo su elasticidad, la producción de colágeno disminuye haciendo que la piel se arruga.

Juventud y las capitales del sol
Juventud y las capitales del sol

El envejecimiento extrínseco normalmente se refiere a lo que se denomina “foto-envejecimiento” (photoaging) y es causado por la exposición repetida a la luz ultravioleta (UV) de los rayos del sol. Aunque existen otros factores que aceleran el envejecimiento de la piel como lo es el fumar, la gravedad y las enfermedades de la piel, los rayos solares son la causa principal del envejecimiento prematuro. Mientras que el envejecimiento natural trasforma la piel en suave, pálida y con arrugas finas; el foto-envejecimiento de la piel se presenta con arrugas toscas, una piel curtida, asociadas con despigmentación y con la dilatación de los vasos capilares dando la apariencia de telarañas.

Efectos directos del sol sobre la piel
Efectos directos del sol sobre la piel

Los rayos solares alteran la colágena, el principal componente estructural de la piel. Los descubrimientos más recientes señalan que la degradación de la colágena no tan sólo es parte del proceso natural de envejecimiento sino que es estimulada y acelerada por los rayos del sol. La luz UV impide la síntesis de nueva colágena mientras la va degradando y desdoblando. El proceso de foto-envejecimiento ocurre en un periodo de muchos años. Con las exposiciones repetidas al sol, la piel pierde su capacidad de autorreparación y los daños se van acumulando en ella.     

Colagena y elastina
Colagena y elastina

Contra el envejecimiento prematuro de la piel lo mejor es la prevención. Proteger su piel de los rayos solares es la mejor prevención. Utilice un bloqueador solar con un factor de protección mayor de 15. Si usted trabaja o hace deporte o simplemente le gusta recrearse bajo los rayos del sol recuerde que los bloqueadores solares deben de aplicarse por lo menos 20 minutos antes de salir al sol.

Las investigaciones más recientes han confirmado los beneficios del aceite omega -3 sobre la piel, no como un bloqueador solar sino como un agente anti-envejecimiento. El aceite omega-3 (ώ-3), utilizado principalmente para mantener flexible la pared arterial y para ayudar a impedir la formación de trombos en la sangre, parece que al ser aplicado tópicamente actúa como un agente anti-envejecimiento de la piel. Los aceites identificados como ώ-3 y el ácido eicosatetraenoico (EPA), inhiben la acción de los rayos ultra violeta (UV) sobre la colágena de la piel[2]. Además, parece que el EPA estimula la formación de pro-colágena y de proteínas que participan en la elasticidad de la piel. El envejecimiento de la piel no tiene por qué delatarnos.

La piel no tiene por qué delatarnos
La piel no tiene por qué delatarnos

Slominski AT., Zmijewski MA., Skobowiat C., Zbytek B., Slominski RM., Steketee JD., (2012) Sensing the environment: regulation of local and global homeostasis by the skin’s neuroendocrine system, Advances in Anatomy, Embryology and Cell Biology 212 1–115.

[2] Kim HH., et al., (2006) Photoprotective and anti-skin-aging effects of eicosapentaenoic acid in human skin in vivo, Journal of Lipid Research, Vol 47 p 921-930

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