El origen neurobiológico y evolutivo de la cultura

El concepto de cultura ha variado desde su uso original, acuñado inicialmente por Cicerón, el cual hacia uso de una metáfora agrícola hablaba acerca de una cultivación del alma o “cultura animi”, al término actual orientado más al reconocimiento de las expresiones físicas y simbólicas de un determinado grupo social.  En cierto sentido, de alguna forma la cultura se asocia al comportamiento humano, su pensamiento simbólico, sus expresiones artísticas, valores y otras prácticas sociales compartidas por el grupo en cuestión.

Marco Tulio Cicerón
Marco Tulio Cicerón

 

Las manifestaciones culturales que observamos hoy implicaron profundas transformaciones en el cerebro, y en particular en la corteza motora del ser humano. De acuerdo a varios autores el origen cultural se acompañó de la evolución biológica del ser humano. A mediados de 1990 un grupo de investigadores dirigidos por Giacomo Rizzolatti[1] descubrieron en el lóbulo frontal de monos lo que ellos llamaron, neuronas espejo. Estas neuronas son bimodales: son células que responden a estímulos tanto motores como visuales. Originalmente, estas células fueron identificadas en la corteza ventral premotora de los monos (área F5), tienen la particularidad de reaccionar cuando el mono realiza alguna actividad (como por ejemplo, coger la comida) como cuando observa a otros individuos (el experimentador) realizar una acción parecida. La función de estas neuronas es la del reconocimiento y de la comprensión del significado de los eventos motores, es decir de los actos de los demás[2]. Según Rizzolatti, por comprensión no se entiende necesariamente la conciencia explícita (ni siquiera reflexiva) por parte del observador (en este caso de monos) de la identidad o semejanza entre la acción vista y la acción ejecutada. Ésta sería, la capacidad inmediata de reconocer en los eventos motores observados un determinado tipo de actos, caracterizado por una modalidad de interacción específica con los objetos, así como de diferenciar determinado tipo de otros y, eventualmente, de utilizar una información similar para responder de la manera más apropiada. Lo que implica que dichos actos adoptan significado para el observador.

Neuronas espejo
Neuronas espejo

Según Rizzolatti[3], se puede afirmar que nuestros antepasados, emparentados con el mono (que se remonta  a más de 20 millones de años atrás), poseyeron el sistema de neuronas espejo que le permitió ejecutar y reconocer actos motores como fueron el tomar cosas con la mano y el sostenerles, entre otras, Además, siguiendo la línea filogenética, nuestros antepasados emparentados con el chimpancé (unos 5-6 millones de años atrás) dispusieron del sistema de neuronas espejo que le permitió ciertas formas genéricas de imitación. La evidencia paleontológica parece sugerir que la transición del Antrolopithecus al Homo habilis (que vivió unos 2 millones de años atrás) coincidió con la transición del sistema espejo hacía algo más diferenciado e incorporado a estructuras más complejos, es decir, capaz de proporcionar un sustrato neural para la formación de expresiones culturales mímica que adquiere su mayor expresión en el Homo erectus, el cual vivió aproximadamente entre 1.5 millones de años y 300,000 años antes del presente). Finalmente, es plausible sostener que también el paso al Homo sapiens (hace 200-150,000 años a. P.) estuvo marcado por la evolución del sistema de las neuronas espejo, pero en esta ocasión con un sistema capaz de responder al crecimiento ya del patrimonio motor[4].

Una de las propuestas de árbol evolutivo de los homínidos bípedos.
Una de las propuestas de árbol evolutivo de los homínidos bípedos.

Tradicionalmente se ha dividió al cerebro en tres partes: la sensorial, la motora y la asociativa. Todos los fenómenos sensoriales, perceptivos y motores se consideraban repartidos por las zonas corticales, nítidamente diferenciadas. El área sensorial, supuestamente incluye las zonas visuales, (localizadas en el lóbulo occipital), la zona auditiva (circunvolución temporal superior), las somatosensoriales (circunvolución poscentral), etc. El área motora está situada en la parte posterior del lóbulo frontal,  y entre ambas áreas se interponen regiones corticales denominadas áreas asociativas, a las cuales les estaría encomendada la tarea de juntar las informaciones de las distintas áreas sensoriales y de formar perceptos[5] objetuales-espaciales para enviarlos a las zonas motoras con vista a la organización de los distintos movimientos. Bajo este esquema, el sistema motor desempeñaría un papel periférico y eminentemente ejecutor.

Área de Asociación ubicada en el Lóbulo Prefrontal
Área de Asociación ubicada en el Lóbulo Prefrontal

Sin embargo, los descubrimientos más recientes indican que la estructura anatómica-funcional de la corteza motora es mucho más compleja de lo que se piensa y que permite superar la aparente dicotomía entre el sistema motor, de un lado, y los sistemas sensoriales del otro. Esto ha llevado a la conclusión de que el sistema motor no es en modo alguno periférico ni está aislado del resto de las actividades cerebrales. El sistema motor parece ser parte de una compleja trama de zonas corticales capaces de contribuir de manera decisiva en las transformaciones sensorio-motoras de las que dependen la individualización, la localización de los objetos y la actuación de los movimientos solicitados por la mayor parte de los actos que dirigen nuestra vida cotidiana. Además, el hecho de que la información sensorial y la motora sean reducibles a un formato común, codificado por específicos circuitos parieto-frontal, sugiere que la percepción y el reconocimiento de los actos ajenos, la imitación y las mismas formas de comunicación gestuales o vocales, pueden remitir al sistema motor y encontrar en él su propio sustrato neuronal primario.

Área de motora
Área de motora

 

El Homo sapiens llegó a nuestra era con varios cambios evolutivos que definieron su futuro. Entre ellos, la bipedestación, lo que desarrolló un espacio supra-laríngeo que aumentó enormemente la cámara de resonancia formada por la garganta y la boca, permitiendo producir una variedad de sonidos que van mucho más allá de las capacidades de los simios. Además, la encefalización y la braquicefalización le confirieron mayores capacidades cognitivas y una mayor inteligencia. La evolución que llevó a la aparición del hombre moderno (Homo sapiens sapiens) debió compartir la condición sine qua non de toda forma de comunicación, es decir, la condición de paridad, según la cual el emisor y el destinatario no pueden por menos de compartir la comprensión de lo que cuenta.

La base de la cultura es el comportamiento con significado, el cual se expresa con representaciones tanto físicas como simbólicas. La cultura se va generando por los actos con significado los cuales son comprendidos por el otro. Los gestos, los sonidos, las marcas y los colores, que posteriormente se transformaron en lenguaje y escritura, dicen porque tienen significado para los interlocutores. La identificación del código o del símbolo utilizado así como la comprensión de estos sienta las bases para la comunicación, ya sea escrita o hablada. Antes de que el Homo sapiens pudiera clasificar y representar sus experiencias con símbolos, sus antecesores biológicos tuvieron que desarrollar las estructuras neuronales capases de dar significado a sus actos. Sin estas estructuras el género Homo hubiera sido incapaz de vivir en sociedad.   

En el reino animal, al momento del cortejo, el macho se muestra ...
En el reino animal, al momento del cortejo, el macho se muestra …

Aunque, Rizzolatti es claro al señalar que no pretende decir que la presencia de un sistema de neuronas espejo, como el que se encuentra en el mono, sea de por sí suficiente para explicar la emergencia de un comportamiento comunicativo intencional o incluso lingüístico. Sin embargo, es muy probable que este sistema sea la base neuronal de las formas sociales de reconocimiento y de entendimiento de las acciones de otros individuos. Nada como observar el comportamiento de los animales, desde sus luchas hasta el cortejo o desde el cuidado de la prole hasta el juego, para ver como la conversación de gestos caracteriza las fases preliminares de muchos de sus  comportamientos. 

El cortejo de Baco y Ariadna (Luca Giordano). Guepardos
El cortejo de Baco y Ariadna (Luca Giordano). Guepardos

 

 

 

 


[1] Rizzolatti G., fadiga L., Foggassi L., Gallese V., (1996). Premotor cortex and the recognition of motor actions, Cognitive Brain Research 3 131-141

[2] Rizzolatti G. y Sinigaglia, C. (2006). Las neuronas espejo. Barcelona: Paido

[3] Ibid Rizzolatti (1996). Premotor cortex

[4] Ibid Rizzolatti. Las neuronas espejo, pp153-163

[5] grado de excelencia en el producto

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