La evolución darwiniana y el desarrollo del cerebro humano

Comúnmente encontramos personas con interrogantes sobre el sistema nervioso, las cuales, puede decirse, tienen su origen en el desconocimiento de la relación de éste con la evolución. Socialmente, la información que más ha sido difundida sobre la evolución es el de la progresión lineal desde formas “inferiores” a formas “superiores”. Dentro de este concepto la evolución habría producido un avance progresivo en la complejidad de la organización cerebral, de la inteligencia y de las capacidades cognitivas, partiendo desde el estadio “primitivo” de los peces, pasando por el de los anfibios, los reptiles, las aves, los mamíferos, los primates, hasta la cúspide, el ser humano. Esta idea se sustenta en el concepto aristotélico de “scala naturae” y da pie a la idea de progreso dentro de la evolución.

La scala naturae
La scala naturae

El progreso, como fuerza motriz básica de la historia de la vida, se ha expresado de formas diversas, desde las ingenuas versiones elaboradas por la cultura popular hasta los sofisticados razonamientos que aparecen en las publicaciones técnicas o especializadas. Este concepto erróneo reposa sobre el falaz argumento de que la evolución incorpora una tendencia o impulso fundamental hacia un resultado básico y definitorio, una característica que se destaca de todo lo demás como epítome de la historia de la vida. Este rasgo crucial ha sido definido a nivel funcional de muchas maneras distintas: como tendencia de la vida a una creciente complejidad anatómica, a una mayor complejidad neuronal, a un más amplio y flexible repertorio de comportamiento o cualquier otro criterio urdido con el propósito evidente de situar a Homo sapiens en la cima de una supuesta pirámide[1].

Aunque, la evidencia sobre el origen químico y físicos de la vida es bastante contundente, lo cierto es que, un grupo de personas, incluyendo una minoría de científicos, señalan que existen razones intrínsecas para creer que la vida, tal como la conocemos, no puede ser el fruto de fenómenos naturales. Este grupo de personas, al tiempo que afirman aceptar los hallazgos de la bilogía moderna, destacan que la “ciencia no lo explica todo” y defienden la tesis, del llamado “diseño inteligente”. En esta tesis cuestiona las propiedades, el origen y la evolución de la vida, sobre todo, propone la intervención de una influencia distinta de la simple operación de las leyes de la naturaleza en el proceso evolutivo.

Diseno inteligente, Ferney Yesyd Rodriguez
Diseno inteligente, Ferney Yesyd Rodriguez

El “diseño inteligente” consiste en dos argumentos fundamentales. El primero señala que la evolución, de acuerdo a los principios darwinistas, no puede ser posible debido a que la vida está constituida por estructuras llamadas “complejidades irreductibles”. Esto quiere decir que si usted mueve cualquiera de los partes componentes de estas estructuras (por ejemplo un canal de iones), dejará de ser, no parcialmente ineficiente, sino enteramente disfuncional. Esta aseveración niega la posibilidad de un proceso evolutivo que, con intervención de la selección natural, haya podido conducir una complejidad creciente por medio de estadios intermedios que cumplieran, cada uno a su manera, una función útil. Por ejemplo: las principales proteínas del cristalino transparente del ojo fueron reclutadas en el curso de la evolución a partir de proteínas enzimáticas que desempeñaban un papel complementario distinto.

El big bang
El big bang

Otro argumento del “diseño inteligente” consiste en señalar que las mutaciones aleatorias y la selección natural no pueden generar información nueva, por lo que no puede producir la “complejidad específica” necesaria para la adaptación al medio ambiente. Esto sería cierto, si y sólo si, el proceso evolutivo estuviera unido a un patrón independientemente dado. Lo que no es el caso. La evolución no tiene propositito. La única fuerza impulsora de la evolución es el éxito reproductivo, en otras palabras reproducir un grupo selecto y replicar una generación exitosa, lo que a su vez garantiza la sobrevivencia. El añadir un propósito o un comportamiento teleológico a la evolución es una aseveración experimentalmente inadmisible, biológicamente no probada e insostenible. Si el construir una estructura compleja mejora la adaptabilidad reproductiva, entonces esta estructura crecerá, pero si, el destruir o alterar esta estructura compleja mejora la adaptabilidad reproductiva esos cambios se llevarán a cabo por medio de la selección natural.   

El Dios cerebro
El Dios cerebro

Uno de los iconos más prominente de los promotores del “diseño inteligente” es el cerebro. Sin embargo, la anatomía comparativa ha podido documentar que el cerebro del ser humano es un aglomeramiento de viejas partes donde alguna de ellas ya no se usan. El cerebro de una lagartija y de un ratón no involucra todo un diseño nuevo. En principio, el cerebro del ratón es básicamente el mismo que el de la lagartija, con algunas partes sobrepuestas. Al comparar el cerebro del ser humano con el del ratón se puede observar que es básicamente el mismo pero con otras estructuras sobrepuestas, una encima de la otra. Esa es la razón por la cual contamos con dos sistemas visuales y dos sistemas auditivos (uno ancestro y otro moderno), todo apretujado en una misma cabeza. El cerebro humano evolutivamente es construido como un cono de helado, con una capa nueva apilada sobre la otra, una capa nueva en cada época de nuestro linaje. Lo menos que se puede observar en el cerebro del ser humano es un diseño inteligente.

Pinky y Cerebro
Pinky y Cerebro

El origen evolutivo de las neuronas puede observarse bastante distante en la escale filogenética. Los organismos pluricelulares más primitivos que aún no poseen sistema nervioso tienen su cuerpo rodeado por una capa más externa de células epiteliales que son capaces de reconocer estímulos ambientales. Estos organismos son excitables. A partir de estas estructuras simples con capacidad de excitabilidad se desarrollaron características más eficientes para reaccionar frente a los estímulos y dar respuestas eléctricas que se pueden propagar. Es por ello encontramos en animales como las medusas, los moluscos, los urocordados o tunicados así como en embriones de anfibios epitelios que son capaces de propagar potenciales de acción. La neurona es el prototipo de una célula excitable.

Neurona
Neurona

En el estudio del cerebro podemos observar evidencia del concepto darwinista llamado “tinkering-bricoler-chapucero” postulado por Francois Jacob[2] (1977), y el de “exaptación” presentado por los paleontólogos Stephan Jay Gould y Elizabeth S. Vrba[3]. En el primero, la  chapucería, recoge la idea del trabajo de un aficionado en la que en su actividad creativa reutiliza lo preexistente. La evolución, de acuerdo a este principio, combina y reagrupa lo preexiste en todos los sentidos, y el carácter aparentemente desordenado de muchas estructuras biológicas es una consecuencia de la historia evolutiva del organismo.

Tinkering
Tinkering

Gould y Vrba, al explicar el origen de adaptaciones sumamente complejas a partir de estructuras sencillas postulan el concepto de exaptación, que identifica a aquella estructura de un organismo que evoluciona originalmente sin una función o que juega un papel muy diferente al que finalmente tiene. Un ejemplo conocido son las plumas: se originan por la ramificación de los pelos corporales (protoplumas) de dinosaurios terópodos para mantener la temperatura corporal de forma más eficiente. Su funcionamiento como estructura voladora apareció más tarde tras servir de paracaídas. Lo importante en este proceso es la refuncionalización de las modificaciones no adaptantes llamadas “spandrels” por Gould. Este término arquitectónico, espacios triangulares que no tienen ninguna función y que quedan después de inscribir un arco en un cuadrado (enjuta), representa un tipo de subproducto evolutivo.

Aves
Aves

En el origen de las Especies, Darwin presentó una gran cantidad de evidencia en apoyo de la teoría de que los animales evolucionan con el tiempo. Después de más de un siglo y medio de haberse presentado el libro “El Origen de la Vida”, la evidencia es abundante a favor de la teoría darwiniana, efectivamente, la evolución es un hecho. La evidencia es tan abrumadora que ningún biólogo habla ya de la evolución como una teoría sino como de un hecho. Tal como dijo Dobzhansky: “En biología nada tiene sentido si no es a la luz de la evolución”[4]. Sin embargo, citando a Gould, la revolución de Darwin habrá culminado cuando consigamos demoler el pedestal de arrogancia e interiorizar las profundas implicaciones de la evolución relativas a la impredecible falta de direccionalidad de la vida; y cuando tomemos en serio la topología darwiniana, admitiendo que el Homo sapiens (repitamos la letanía) es una minúscula ramita brotada apenas ayer del enorme y frondoso árbol de la vida, que jamás volvería a producir el mismo conjunto de ramas si su semilla fuera plantada de nuevo[5].

La actividad mental del cerebro humano, entiéndase, las altas funciones de la inteligencia, no deben cegar nuestro entendimiento sobre su origen. Si bien, la formación de conceptos, la manipulación de abstracciones, la lógica, el lenguaje, la percepción ética, las tendencias estéticas, la creatividad, son únicas, éstas son propiedades de un órgano creado por la evolución, las cuales son también capaces de generar un tipo de conocimiento independiente de sus raíces biológicas, y menos condicionado por la zoología que por la experiencia, el aprendizaje y la acumulación de cultura.

El paso evolutivo observado en nuestra especie debe entenderse a la luz de la relación del Homo sapiens con su entorno, tanto ecológico como social. Los cambios estructurales que llevan a funciones novedosas en los organismos son el producto de las modificaciones en la conformación genética de estos. Mientras que los cambios comportamentales novedosos son el producto de la interacción cuerpo-cerebro con el mundo, efecto que Edelman llama la “Trinidad Comportamental”[6]. Esto es el caso del lenguaje y la conciencia, donde la interacción social puso en práctica las funciones novedosas del nuevo organismo, el Homo sapiens. Lo sorprendente del sistema nervioso del ser humano es cómo éste evolucionó para permitir recoger información que no se adhiere a los genes pero que se transmite a través de la cultura aportando así un comportamiento que, en gran medida, ayuda a la sobrevivencia de la especie.  

La Mente humana
La Mente humana

 

 


[1] Stephen Jay Gould, La Grandeza de la Vida, (1997), ed. Crítica, Barcelona, p 29.

[2] Jacob F., (1977), Evolution and Thinkering. Science, 196 (4295), 1161-1166

[3] Gould SJ. And Vrba ES., 1982), Exaptation,: A missing term in the science of form; Paleobiology 8: 4-15

[4] Ernst Mayr, Así es la Biología, (1998), ed. Debate, Barcelona, p195-96

[5] Ibid p 37

[6] Edelman GM., Gally JA. and Baars BJ., 2011, Biology of consciousness, Frontiers in Psychology/ Consciousness Research, Vol 2, Article 4, 2

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