Un acercamiento al estudio de la consciencia

La tergiversación de los principios de la física cuántica así como los de la neurociencia han dado pie a la refundación de viejas sectas religiosas. Entre las características más comunes entre estas se pueden identificar el eclecticismo ideológico que las sustenta, la magia simpática y el supuesto “holismo”. Estas sectas mezclan parte de la cosmovisión budista/hinduista con la concepción de excito norteamericana y el pensamiento mágico les sirve para promover un desenfrenado deseo por el dinero, el sexo. Sus doctrinas teosóficas pueden encontrarse en los libros o en vídeos comerciales como el de la “Ley de la Atracción” y “El Secreto”, entre otros. El discurso religioso es encubierto con la tergiversación de los principios de la física cuántica presentados por Fred Alan Wolf. Entre sus enunciados más importantes se encuentra el de poder mover las partículas subatómicas del agua con los pensamientos, lo que ellos llaman mente-consciencia. Al religioso Masaru Emoto le han ofrecido hasta un millón de dólares por llevar a cabo su magia de transformar cristales de agua, siempre y cuando se exponga al método experimental.

Los mensajes del agua Masaru Emoto
Los mensajes del agua Masaru Emoto

Las sectas religiosas que sustentan sus creencias en enunciados seudocientíficos de neurociencia y física cuántica, además, sostienen que a través de la mente-conciencia del individuo se puede cambiar la estructura cuántica de la materia y, por consiguiente el comportamiento de la misma. Al deseo-voluntad le asignan un efecto causal el cual se traduce en lo que ellos llaman mente-consciencia. Por ejemplo, al desear que una cuchara de metal se doble, la mente-consciencia hace que la materia obedezca. La práctica religiosa de estos grupos consiste tener ejercicios de meditación donde programan su día. No es un ejercicio como el de los yogas, mientras estos últimos carecen de deseo en la trascendencia los nuevos teosóficos intentan controlar con la mente-consciencia el ejercicio del dominio sobre la materia. Nada que la magia simpática no haya dicho anteriormente, sólo que en esta ocasión le han añadido los enunciados seudocientíficos de neurociencia y física cuántica para captar más ingenuos.

Postura yoga
Postura yoga

Con el fin de aclarar brevemente lo que sería la conciencia haremos un acercamiento general al tema. Durante muchos años prevaleció la idea algo tan subjetivo como la consciencia no podía ser estudiado. Tanto neurocientíficos como filósofos, así como psicólogos y científicos cognitivos prestaron muy poco interés en el problema de la conciencia. John R. Searle, uno de los más grandes investigadores del tema explica muy acertadamente dos de los motivos de esta resistencia. En primera instancia muchos neurocientíficos sentían —y algunos todavía sienten— que la conciencia no es un tema apropiado para la investigación neurocientífica. Una ciencia del cerebro legítima puede estudiar la microanatomía de la célula de Purkinje o intentar descubrir nuevos neurotransmisores, pero la conciencia parece demasiado etérea o demasiado personal como para ser un verdadero tema científico. Otros no excluyeron a la conciencia de la investigación científica, pero tenían un segundo motivo: “No estamos listos” para enfrentar el problema de la conciencia[1].

John R. Searle
John R. Searle

No es la primera vez en la historia que los científicos le dan un giro a la ciencia en dirección a la indiferencia, sobre todo cuando el tema es ideológicamente conflictivo. Probablemente, muchos científicos en la década de 1960 pensaron que no estábamos listos para enfrentar el problema de la base molecular de la vida y de la herencia. Y como dice Searle, la mejor manera de estar listo para tratar con un problema de investigación puede ser tratar de resolverlo. No sin esfuerzo, después de varias décadas de investigación, el estudio de la consciencia se ha convertido en la mayor promesa de la ciencia cognitiva. No ha dejado de ser un tema controversial, ya que los mecanismos cerebrales implicados en la génesis de los procesos cognitivos superiores son todavía poco conocidos por la Neurociencia, en especial aquellos aspectos relacionados con la conciencia. Por ello, como todo campo de la ciencia insuficientemente establecido, puede abordarse por medio de hipótesis altamente especulativa[2].

Otro obstáculo, en la investigación sobre la conciencia, ha sido el enfrentar las posiciones filosóficamente antagónicas que entrampan el debate científico. De acuerdo Searle, para el dualismo, la conciencia y otros fenómenos existen en un ámbito ontológico son completamente diferente del mundo físico ordinario de la física, la química y la biología. Y desde el punto de vista materialista tradicional se desconoce cuál es la relación causal entre los mecanismos cerebrales y la conciencia, dónde los procesos cerebrales causan nuestras experiencias conscientes.

El dualismo nos dice que hay dos tipos de fenómenos en el mundo, el mental y el físico; el materialismo dice que sólo hay uno, el material. El dualismo termina con una bifurcación imposible de la realidad en dos categorías separadas y por lo tanto resulta imposible explicar la relación entre lo mental y lo físico. Pero el materialismo termina negando la existencia de cualquier estado irreductible, subjetivo y cualitativo de sensación y de la alerta. En pocas palabras, el dualismo vuelve insoluble el problema y el materialismo niega la existencia de cualquier fenómeno a estudiar, y por lo tanto, de cualquier problema[3]. El materialismo niega la existencia de una conciencia ontológicamente subjetiva. Sin embargo, la conciencia es un fenómeno biológico causado por procesos cerebrales que se llevan a cabo en la estructura del cerebro. Es irreductible no porque sea inefable o misteriosa, sino porque tiene una ontología de primera persona y por ello no puede ser reducida a fenómenos con una ontología de tercera persona. Ni el dualismo ni el materialismo, tradicionalmente interpretados, permiten encontrar una respuesta a la pregunta de la consciencia.

El dualismo de Descartes
El dualismo de Descartes

La consciencia es una experiencia subjetiva de las funciones cognitivas. En otras palabras, la conciencias es una experiencias del “sí mismo” en el pensar. Debido a que el “sí mismo” no es una función cognitiva en sí, carece de un sustrato neuronal. Por lo tanto, la consciencia debe considerase como un fenómeno concomitante del pensar -de la cognición. La experiencia consciente emerger de cualquiera de las funciones cognitivas. Es por esta razón que al estudiar su sustrato neuronal encontramos que la arquitectura cortical de la consciencia es la arquitectura de las funciones cognitivas: percepción, memoria, atención, lenguaje e inteligencia[4]. La consciencia al ser un estado subjetivo carece del potencial causal, no es un ente físico el cual pueda interactuar con la materia.

El término cognición (del latín: cognoscere, “conocer”) hace referencia a la facultad de los seres de procesar información a partir de la percepción, el conocimiento adquirido (experiencia) y características subjetivas que permiten valorar la información. Las funciones cognitivas son los diferentes actividades cerebrales que posibilitan a la ser humano a adquirir, codificar, almacenar, recordar y manipular la información sobre la naturaleza de su entorno. La consciencia emanada de estas diversas funciones consiste en un estado unificado que integran múltiples componentes o micro-consciencia (de color, forma, sonido, movimiento, olor, etc.). Normalmente, la experiencia consciente resulta de la operación y la interacción de varias funciones cognitivas. Ésta se nos presenta siempre como un todo integrado, de tal modo que, somos conscientes o no lo somos, pero nunca, salvo en casos excepcionales, tenemos la impresión de tener más de una consciencia al mismo tiempo.

 

En términos biológicos simples, la consciencia es un estado de la mente, aquello que perdemos cuando dormimos o nos anestesian. Ésta parece radicar fundamentalmente en la corteza cerebral, aunque el tálamo y los sistemas subcorticales de alerta (arousal) podrían ser necesarios, pero no suficiente, para generarla. Se plantea que el cerebro podría generar consciencia mediante mecanismos de resonancia, sincronización y/o integración funcional de la actividad de las neuronas de diferentes regiones corticales y subcorticales. Es importante tener en cuenta que la consciencia no es información directa sobre el procesamiento mental de información. Este procesamiento tiene lugar en el cerebro y ocurre de forma totalmente inconsciente. Lo que la consciencia aporta, a su modo, es el resultado, el producto final de ese procesamiento[5].

Anestesia
Anestesia

Al día de hoy, la neurociencia ha descrito satisfactoriamente los procesos físicos de la actividad cerebral que aportan el sustrato neuronal de las actividades cognitivas. De igual forma, los ensayos experimentales han permitido identificar cómo las actividades cognitivas dan pie a la conciencia. Sin embargo, la especulación metafísica ha revivido el dualismo cartesiano dando sustento al reavivamiento de sectas mágicas que tergiversan los principios de la física cuántica. Aunque el mosaico los procesos cerebrales que participan en la emergencia de la experiencia subjetiva identificada como conciencia es amplia,  parece claro que los procesos que la originan son puramente cerebrales y la física que subyace la misma no precisa de la colaboración de la mecánica cuántica. De igual forma, la explicación de la emergencia de la conciencia no precisa de ningún otro mecanismo fisiológico o físico que no se aplique a sistemas nerviosos más sencillos: es decir, la aparición de la conciencia sólo dependerá de la mayor complejidad de la neo-corteza cerebral humana.

Neuronas, sustrato cerebral para las actividades cognitivas
Neuronas, sustrato cerebral para las actividades cognitivas

 


[1] Searle JR., 2000, Consciousness, Annu.Rev.Neurosci.  23; 557-578

[2] Pastor-Gomez J. (2002) Quantum mechanics and brain, Rev. Neurol 35 (1): 87-94

[3] Ibid  Searle, p. 566-567

[4] Fuster, JM., Cortex and Mind, (2003) Oxford University Press, USA

[5] Morgado I., (2009), Psicobiología de la consciencia: conceptos, hipótesis y observaciones clínicas y experimentales Rev Neurol, 49 (5). 251-256

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s