La voluntad y el eterno presente en la filosofía-religión mesoamericana

El cerebro es una estructura anatómica que aun preservando su forma genéticamente codificada mantiene cierto grado de plasticidad como respuesta a la experiencia del individuo, lo que le permite adaptarse, elemento fundamental para que el individuo pueda sobrevivir. Las ciencias neurológicas mantienen un enfoque global donde se entiende que toda conducta es el resultado de la función cerebral. Lo que conocemos comúnmente como mente es un conjunto de operaciones que el cerebro lleva a cabo. Las acciones del cerebro no sólo son el sustrato de conductas motoras relativamente simples como caminar o comer, sino también de todas las acciones cognitivas que consideramos la quintaesencia de lo humano, como pensar, hablar o crear obras de arte[1].

Sinapsis, redes neuronales y bio-información
Sinapsis, redes neuronales y bio-información

Las acciones voluntarias, pues, son el resultado de la valoración de múltiples señales entrantes y de la probabilidad de que éstas lleguen al lóbulo frontal procedentes de diferentes fuentes de la corteza cerebral. Además, la acción voluntaria es el resultado de la valoración y la selección de diferente tipo de información cognitiva codificada en la corteza cerebral. En un acto voluntario, el sistema neuronal selecciona las diferentes alternativas que los impulsos entrantes ofrecen vinculando las funciones ejecutivas frontales y los impulsos neuronales llegados al lóbulo frontal. Por lo que las funciones ejecutivas dirigidas por y en el lóbulo frontal son las que al final de cuentan controlan las acciones voluntarias, esto en un estado sin lesiones cerebrales o afecciones patológicas. Al hablar de voluntad la persona se ve en su aspecto de agente, el Yo considerado como fuente de actos de los que no es solamente responsable ante otros, sino con los que se siente a sí mismo interiormente comprometido[2].

Sinapsis, red neuronal y lobotomía
Sinapsis, red neuronal y lobotomía

El experimentarse a sí mismo como un ser voluntario, como un sujeto de voluntad, significa conscientemente tomar en específico, una perspectiva individual. En particular, significa generar una perspectiva en aquellos estados actuales o posibles del mundo que son percibidos o representados como poseedores de valor, como estados metas hacia donde el sistema como un todo se encuentra dirigido[3]. Por lo tanto, aquellas decisiones que se tomen inconscientemente no serían voluntarias, ni aquellas que se toman por contingencia o por necesidad. Tampoco lo serían aquellas decisiones coaccionadas o inducidas por una entidad externa. Por lo que, la individualidad y la percepción del agente como ente único-individual se convierte en un requisito sine qua non para que el sujeto se ejercite en actos voluntarios.

Voluntad
Voluntad

El sujeto de voluntad posee la noción de naturaleza humana y mantiene, sino una separación, por lo menos una sana distancia entre lo divino y lo humano. Sus actos son producto de sus decisiones-elección y no de la voluntad de Dios o de cualquier otro ente sobrenatural, ya que para que haya voluntad se requiere que las acciones del individuo sean planificadas, controladas y moduladas por las necesidades, motivos y deseos del agente. En esto consiste que la voluntad sea un producto histórico con un fuerte carácter social. Este tipo de acciones individuales no siempre han podido ser llevadas por el agente. El individuo requiere ser “LIBRE” para que exista la voluntad.

Prometeo encadenado
Prometeo encadenado

Si observamos las comunidades originarias de Mesoamérica (milenios antes de Cristo), donde las que las actividades relacionadas con las fuerzas naturales-señores-dioses predominaron por encima de cualquier otra actividad intelectual, podemos observar la ausencia o disolución del Yo en su cosmovisión. Por milenios, la llamada “religión” en Mesoamérica fue un estilo de vida, donde los mitos y las formas se fusionaron con el pensamiento y el entorno. Esta práctica no debe entenderse como un sentimiento religioso, sino como una verdadera cosmovisión regional. Los procesos simbólicos estuvieron limitados por las propias características de las abstracciones espaciales y temporales. El espacio se refirió a elementos heterogéneos como el sol, la luna, los montes, los árboles, el maíz, ente otros), por lo que estos elementos simbolizaron conceptos. En la vida mesoamericana esto se tradujo en incapacidad para diferenciar entre los elementos simbólicos y la realidad. Es muy difícil observar en las comunidades mesoamericanas, sino que ausente, la división entre lo “divino” y lo humano.

Ceiba árbol sagrado
Ceiba árbol sagrado

Los olmecas y los mayas utilizaron la observación directa del cosmos, miraron el firmamento, ubicaron las estrellas y los astros en el firmamento, cuantificaron sus cambios y sus repeticiones. En su intento por conocer todos los elementos que afectaban su vida observaron el amanecer y el atardecer, dividieron el firmamento y el espacio físico en cuadrantes. Las matemáticas les sirvieron a los pioneros de la escritura en Mesoamérica desarrollar un calendario que les permitió medir el tiempo, lo que a su vez abrió las puertas para conocer, no sólo los eventos astronómicos futuros sino calcular los eventos históricos pasados. La hermenéutica de este conocimiento objetivo llevó a los mayas a la especulación metafísica del determinismo y de la fatalidad. Los postulados mesoamericanos encierran las siguientes ideas: los movimientos ciclos se repiten, por lo que la historia se repite, todo es un continuo con un comienzo y un fin (inmortalidad pero no eternidad). El conocimiento factico del universo, hecho astronómico-matemático (a la fecha irrefutable), sostiene una filosofía determinista-fatalista. Sus vidas, pues, estaban marcadas por el día del nacimiento, de ahí que el estudiar el calendario permitía conocer los dioses que intervendrían en la vida del individuo y su relación entro lo fasto y lo nefasto de su calendario.

Estela 6 de Tortuguero, también conocida como la estela del tiempo, una de las principales piezas del museo.
Estela 6 de Tortuguero, también conocida como la estela del tiempo, una de las principales piezas del museo.

De acuerdo a Rivera-Arrizabalaga[4], la adquisición del concepto del Yo, tanto social como individual, así como de las abstracciones mentales que facilitan el control y uso de la experiencia vivida, permiten que toda información tenga un cierto ordenamiento, requisito necesario para que pueda ser utilizada. La forma en que este proceso tiene lugar, es a través de dos ejes o parámetros básicos de ordenamiento de la realidad como son el espacio y el tiempo, los cuales no son realidades dadas, sino abstracciones que nuestra percepción deduce de los hechos observables en la realidad cotidiana.

La abstracción de tiempo-espacio que los olmecas-mayas elaboraron a partir del conocimiento astronómico fue un “eterno presente”. Al deificar el tiempo éste dejó de representar lo transcurrido y pasó a ser el presente, los dioses son siempre “en presente”. En el eterno presente, los mismos acontecimientos o fenómenos se suceden sin cesar en el mismo orden, dentro de un proceso de nacimiento, muerte y renacimiento, o creación, destrucción y recreación. Esta concepción del universo mantuvo una individualidad que no estaba limitada ni definida debido a que no se era consciente de ella y su vida no tiene un seguro principio ni un bien marcado, dado que no concibe la vida del Yo desligado de sus infinitas prolongaciones[5].

Calendario de los mayas
Calendario de los mayas

El tiempo materializado como objeto medible, el cual “los dioses cargan sobre la espalda utilizando un mecapal apoyado en la frente”, día-dioses, interviene en las acciones individuales y colectivas. El individuo negocia con las entidades deificadas para evitar cualquier calamidad. La filosofía determinista-fatalista mesoamericana se tradujo a una filosofía de vida, al día de hoy se encuentra fuertemente arraigada en toda la región. El concepto astronómico de la repetición rítmica de los ciclos y orbitas se tradujo en la concepción de la repetición de la historia. Por ejemplo, de acuerdo al calendario cada 52 años (tiempo simbólico equivalentemente a un siglo nuestro) ocurre un cataclismo que termina con la vida, para cualquiera, la pregunta inmediata es cómo poder evitarlo. Los dioses, que son los mismos que las fuerzas que lo producen, son los únicos que pueden contrarrestarlo. ¿Cuál es el precio? El sacrifico. ¿Cuál es el sacrifico a ofrecer? La vida por la vida. El sacrifico humano es el precio por cambiar lo fatal y lo determinado.

Sacrificio Humano
Sacrificio Humano

En Mesoamérica, la construcción de un sujeto de voluntad tuvo que esperar todavía varios siglos después de la conquista. En el desarrollo histórico de Mesoamérica no se observan prácticas como las que señala Michel Foucault, las llama técnicas del Yo: conocimiento de sí, cuidado de sí y dominio de sí, a no ser por la búsqueda de la salvación cristiana. El obscurantismo medieval, donde el Yo es renunciado en aras de la salvación y la toma de decisiones se somete a las autoridades tanto eclesiásticas como a las sobrenaturales se extendió por lo menos hasta mediados del siglo XIX. Al día de hoy, son muchos los que piensas que sus actos son dirigidos por la voluntad de Dios, argumento comúnmente utilizado por los grandes dictadores cuando a sí mismos se llaman “el brazo de Dios” al poner orden en un pueblo en rebelión. Partiendo del supuesto de que existe una base neuronal que sustente la actividad voluntaria en el ser humano, aunque ésta sea sólo para capacitarlo en el ejercicio de aprobar o vetar una acción, esta actividad neuronal sería necesaria pero no suficiente para que el individuo desarrollo actos voluntarios[6][7]. Si bien el ser humano posee la capacidad neuronal para actuar libremente, esta capacidad, como cualquier otra, requiere del ejercicio de la misma para su desarrollo y expresión.

¡Despierta México!, Gaston Saldaña
¡Despierta México!, Gaston Saldaña

 

 


[1] Kandel ER., Schwartz JH., Jessel TM., Principios de Neurociencia (2000) cuarta ed, Mc Graw Hill-Interamericana, España, pp 5

[2] Vernant JP., Vidal-Naquet P., (2002) Mito y Tragedia en la Grecia Antigua, ed. Paidós, Barcelona, Vol I pp. 45

[3] Metzinger T., (2006), Disorders of Volition ed Natalie Sebanz and Wolfgang Prinz, Chap 2, Counscious Volition and Mental Representation: Toward a More Fine-Grained Analysis, MIT Press, MASS

[4] Rivera-Arrizabalaga A., (2009) Arqueología del lenguaje, ed Akal, Barcelona

[5] Castiglioni A., primer reimpresión 1981, Encantamiento y Magia, ed. FCE, México

[6] Zoltan Torey, The crucible of consciousness, 2009, First MIT Press Edition, Cambridge, MA, USA, p 147-154

[7] B. Libet, C. A. Gleason, E. W. Wright, and D. K. Pearl, Time of conscious intention to act in relation to onset of cerebral activity (readiness potential): The of conscious intention of a freely voluntary act, Brain 103: 623-42

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