La experiencia emocional y la fundamentación religiosa

La experiencia del trance extático, estados alterados de la conciencia, experimentados principalmente por personas identificadas como chamanes, es primordialmente emotiva y por consiguiente, subjetiva. Las técnicas para alcanzar el trance extático no son rituales de sacrificios ni invocaciones a dioses o a espíritus, son ejercicios que estimulan el sistema nervioso llevándolo a un estado donde las visiones y las alucinaciones se entremezclan con el conocimiento cultural del individuo. Pero como es generada neurológicamente, es común a todo ser humano. Por eso, cuando se habla de del trance extático, aquellos que la han experimentado entienden perfectamente bien de lo que se habla. El chamán puede utilizar técnicas pasivas o activas para estimular el sistema nervioso y provocar estados alterados de la conciencia, conocidos como trance extáticos. Es por esto por lo que la práctica chamánica no tan sólo se difundió en todo el periodo paleolítico, sino que perdura hasta nuestros días.

Chaman
Chaman

La vinculación de estas prácticas con las estructuras neuronales generadoras de emociones le adjudican a las mismas un fuerte componente existencial ya que, sus experiencias se viven permanentemente cada vez que se recuerdan. Su ilusión de objetividad lo otorga el propio estado mental que produce la experiencia extática. Lewis-Williams, al hablar de la experiencia religiosa señala, que en algunos contextos la gente interpreta estas experiencias mentales como testimonios de la existencia de mundos cosmológicos (los “conceptos de un orden general de existencia” de Clifford Geertz) y de seres sobrenaturales que pueden afectar a la vida material cotidiana, una idea central en las religiones imaginistas y doctrinales[1]. Según este autor, en otras circunstancias, más mundanas, la gente entiende las mismas experiencias no como algo sobrenatural, sino como una especie de fulgor estético… En algún punto intermedio entre la experiencia sobrenatural y la estética está la sensación de ser uno con el universo, lo que se denomina “Ser Unitario Absoluto”.  

Trance extático, Ghost-dance
Trance extático, Ghost-dance

El origen evolutivo de las emociones nos señala que existe un patrón de respuesta emocional que ha desempeñado un papel importante en la supervivencia de la especie. Aunque ontológicamente, este patrón de respuesta pueda dividirse en placenteras y desagradables, existe un grupo básico innato de categorías emocionales que son fácilmente identificable en la historia evolutiva del ser humano: la sorpresa, la alegría, la ira, la eversión, la tristeza. Además, las emociones poseen un contenido experimental, como el sentir un despertar, y una relación o significado situacional. Estas emociones innatas poseen a la vez un carácter motivacional o movilizador ante estímulos apetitivos o nocivos y un papel relevante en la comunicación, principalmente a través de la expresión facial[2].

La experiencia de la emoción, al igual que otros eventos mentales, son instancias o suponen procesos físicos en el cerebro o en el cuerpo y, por lo tanto, estas pueden ser explicadas por eventos en el mundo físico[3]. Además, las emociones son estados mentales consientes, representaciones mentales, que en principio, pueden ser reportadas. Gran número de estos estados emocionales son resultado de interpretaciones de situaciones sociales o de evaluación de la consecuencia de estas. 

Desde un punto de vista experimental, diferentes investigadores han resaltado varias características de la experiencia emocional. Por ejemplo los investigadores Kringelbach y Rolls entienden por emociones “estados provocados por refuerzos y castigos”. Otros autores inciden más bien en sus aspectos estructurales, como Richard J. Davidson, quien propone que las emociones son “respuestas breves, rápidas, organizadas, que implican complejos patrones de respuesta y son difíciles de controlar”[4]. Sin embargo, desde un punto de vista evolucionista se considera que las emociones se basan en disposiciones para la acción y tienen su origen evolutivo en patrones de acción que facilitan la supervivencia, aunque frecuentemente la acción se encuentre inhibida. Las emociones, pues, pueden considerarse como un mecanismo de defensa del organismo que lo incitan a moverse ya sea para aproximarse o alejarse de la situación en cuestión.

A pesar de la diversidad y complejidad de la representación mental de la emoción podemos decir que la experiencia de la emoción es un estado intencional, un estado afectivo sobre “algo”, y que contiene elementos comunes entre las distintas emociones. Un elemento común e importante es su aspecto subjetivo. Esto quiere decir que sólo existe cuando son experimentadas por un agente consiente y no pueden ser redefinidas independientemente del experimentador. Algunos autores denominan “sentimientos” a los aspectos subjetivos, o representaciones conscientes, de las emociones.

Pentecostalismo
Pentecostalismo

Otro elemento común es el carácter motivacional de las emociones. Aunque los estados emocionales en primera instancia pudieran verse de manera desorganizada, la persona que experimenta una emoción sólo se preocupa de aquellos acontecimientos, señales o ideas relacionadas con su emoción, ignorando en ese momento el resto de los estímulos. La representación mental de la emoción en un momento determinado le permite poner atención e interactuar con la situación psicológica del momento. La toma de decisión con respecto a tal o cual situación dependerá de la valorización del significado de un estímulo o situación relacionados con el bienestar del individuo. En este proceso intervendrán las fuertes reacciones fisiológicas, fundamentalmente vegetativas y hormonales, que acompañan a las emociones.

Desde un marco psicológico, se puede entender la representación mental de la emoción, en una ocasión determinada, como el flujo de un continuo cambio de la consciencia en donde el núcleo afectivo continuamente evoluciona, interactúa con, y mutuamente se constriñe con información significativa de una situación determinada. A través del tiempo, en forma continua, el cerebro procesa e integra información sensorial que recibe del mundo, por ejemplo, la información somato-visceral procedente del cuerpo se procesan y se integran con el conocimiento previo sobre objetos y situaciones lo que da pie a un estado afectivo que está unido a una situación significativa, así como a una disposición para actuar de forma determinada. Como resultado, un núcleo afectivo y una interpretación psicológica de la situación son perceptualmente categorizados y experimentados como una percepción única, de la misma forma en cómo se experimenta junto la percepción del color, la profundidad y la forma de un objeto[5]. Por lo que la experiencia emocional se puede entender como un estado mental donde el contenido es en uno afectivo (placentero o desagradable) y otro conceptual (representación del mundo que se tiene al redor).

Histeria o doctrina de demonios
Histeria o doctrina de demonios

Actualmente, se han identificado con bastante precisión las diferentes áreas cerebrales que se activan durante las experiencias emocionales. Después de un potente estímulo externo o un recuerdo espontáneo que revive una emoción suscita las respuestas fisiológicas que contribuye a construir la experiencia emocional. Anatómicamente se sabe que la corteza somato-sensorial primaria y secundaria, la corteza insular y la corteza del cíngulo anterior rostral recogen y procesan esta información fisiológica, interoceptiva que interviene tanto en nuestros sentimientos como en nuestra respuesta ante un estímulo. La corteza prefrontal, en especial las regiones ventromedial y la orbitofrontal son centros de integración emocional junto con otras áreas del sistema límbico. Lo que llamamos sentimiento, es decir, la representación consciente de las emociones, consiste en la integración de la experiencia sensorial inmediata de los estímulos presentes y del estado interno, junto con la activación emocional procedente de la amígdala y la memoria de sucesos anteriores relacionados procedentes del hipocampo.

Estos estados mentales, a los cuales nos hemos referidos, preñados de experiencias emocionales y subjetivas, producto de la estimulación al sistema nervioso, son la piedra angular sobre donde descansan las creencias religiosas. Lewis-Williams señala que, la creencia religiosa procede, en primer lugar, de intentos de codificar las experiencias religiosas en circunstancias sociales específicas. Las creencias compartidas sobre esas experiencias, en vez de visiones idiosincráticas de las mismas, se convierten en un rasgo de la sociedad: la gente desarrolla un conjunto de creencias compartidas y fundamentales sobre el mundo espiritual (generado neurológicamente). En el mundo paleolítico, donde recién se contaba con un lenguaje articulado, las experiencias mentales-emocionales del trance chamánico sirvieron de catalizador cognitivo. Lo que una vez fue un catalizador, hoy es un anestésico.

El éxtasis de Santa Teresa
El éxtasis de Santa Teresa

 

 

 

 


[1] Lewis-Williams D. (2009) Dentro de la mente neolítica, ed Akal, Madrid

[2] J.M. Martínez-Salva, Emoción, ed. Viguera, p 627-679

[3] Barrett LF., Mesquita B., Ochsner KN., Gross JJ., (2007) The Experience of Emotion, Annu.Rev.Psychol. (58): 373-403

[4] Davidson RJ. (2002), Anxiety and affective style: role of prefrontal cortex and amygdala, Biol Psychiatry; 51: 68-80

[5] Ibid. Barrett, et.al (p.385-387)

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