Griegos y modernos en el debate sobre la libertad

Respuesta de Prometeo a Hermes, servidor de los dioses:

 “Has de saber que yo no cambiaría mi mísera suerte por tu servidumbre”

En nuestro idioma, el término libertad refiere a un objeto no independiente, por lo que para el ensayista y filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955), éste requiere de algo para su existencia. Es por esto que por lo general, nos referimos a la libertad como la capacidad de hacer algo. Además, la libertad se asocia a un estado psicológico o político, por lo que uno se encuentra en libertad de acción siempre y cuando no se esté coaccionado por alguna fuerza externa. Su significado básico, y generalmente más utilizado, coincide con la definición clásica de libertad “como independencia de la voluntad arbitraria de otro”[1]

José Ortega y Gasset
José Ortega y Gasset

El referirnos a la capacidad nos obliga a reconocer los recursos y aptitudes que tiene un individuo o entidad para desempeñar una determinada tarea. Los recursos y aptitudes a su vez nos remiten a la naturaleza del ente en cuestión. En este último punto estamos obligas a reflexionar sobre la naturaleza de esta capacidad que permite la acción independiente de la voluntad arbitraria de otro en el ser humano. Esta naturaleza o la existencia es lo que definirá en última instancia si el ser humano posee o no tal libertad. Esta reflexión, por tal motivo, deberá incluir tanto los aspectos filosóficos así como los neurológicos. Recordemos que desde el punto de vista neurobiológico, todas las funciones conductuales del cerebro, esto es: el procesamiento de la información sensitiva, la programación de las respuestas motoras y emocionales, la actividad vital de almacenar información (memoria), son desempeñadas por conjuntos específicos de neuronas conectadas entre sí[2]. Por lo que, toda conducta es el resultado de la función cerebral. Lo que conocemos comúnmente como mente es un conjunto de operaciones que el cerebro lleva a cabo. Las acciones del cerebro no sólo son el sustrato de conductas motoras relativamente simples como caminar o comer, sino de todas las acciones cognitivas que consideramos la quintaesencia de lo humano, como pensar, hablar o crear obras de arte[3].

La doctrina filosófica determinista sostiene que todo acontecimiento físico, incluyendo el pensamiento y las acciones humanas, están causalmente determinados por la irrompible cadena causa-efecto, por lo que, la libertad sería una ilusión, una quimera o un fetiche social. Si a toda acción le corresponde una reacción, el estado actual “determina” en algún sentido el futuro. La mejor exposición del determinismo lo expresó el astrónomo francés Pierre-Simon Laplace. Parafraseando su máxima, Laplace señaló: un intelecto que en cualquier momento dado conociera todas las fuerzas que animan la naturaleza y las posiciones de los seres que la componen; si este intelecto pudiera someter los datos a análisis, podría condensar en una simple fórmula el movimiento de los grandes cuerpos del universo y del átomo más ligero; para tal intelecto nada podría ser incierto y el futuro así como el pasado estarían frente sus ojos. Para los deterministas todas las acciones humanas están predeterminadas, no existe una acción promovida por sí misma, carente de un estímulo que genere una reacción.

Pierre-Simon & marquis de Laplace
Pierre-Simon & marquis de Laplace

Aun bajo estos argumentos, sostenidos en su gran mayoría por lo que se conoce como las “ciencias duras”, el concepto libertad ha sido defendido inquebrantablemente por muchos filósofos desde la antigüedad. El concepto de libertad, tal y como lo conocemos hoy, debutó en la modernidad al mismo tiempo que la mecánica determinista. Los mejores exponentes de la física mecánica moderna fueron  Isaac Newton, 1642-1727 y  Laplace 17491-1827, principios físicos y filosóficos que perduraron inquebrantablemente hasta el siglo XX. Mientras se consolidaba la física moderna la Revolución francesa estallaba a finales del siglo XVIII declarando: “Libertad, igualdad, fraternidad”, siguiendo los preceptos de dos grandes pensadores: Montesquieu (el fin de toda política es la libertad, necesidad de una constitución con los tres poderes separados) y Rousseau (la soberanía reside en el pueblo). Ambos conceptos extremos, determinismo versus libertad, han cohabitados y debatidos por siglos desde puntos de vista tanto filosóficos como teológicos.

“Libertad, igualdad, fraternidad”
“Libertad, igualdad, fraternidad”

En su tesis doctoral titulada, “Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro”, Karl Marx, aborda la naturaleza misma de la libertad. En rigor, si bien los objetivos de Marx eran de otra índole, corresponde a Marx, como lo han señalado varios autores[4], el mérito de haber sido el primer investigador moderno de la historia de la filosofía en desmontar la idea de la identidad entre la física de Demócrito y Epicuro. Mark logra establece claramente el pensamiento determinista de Demócrito, mientras que a Epicuro, por lo contrario, lo identifica visiblemente con el indeterminismo, la aleatoriedad, el azar, la libertad.

Karl Marx
Karl Marx

Entre estos autores el azar enfrenta al determinismo, y el movimiento rectilíneo del átomo es negado por la desviación espontánea y sin causa del átomo. Estas actividades obedecen, dentro del concepto de Epicuro, a movimientos individuales en sí mismos. Es en la naturaleza misma del átomo donde reside la capacidad de desviarse, sin causa alguna y al azar. Para Marx es un hecho histórico que Demócrito emplea la necesidad como reflexión de la realidad, mientras que Epicuro utiliza el azar, y cada uno de ellos rechaza con aspereza polémica la opinión contraria.

Demócrito

Para Demócrito la necesidad aparece, en efecto, en la naturaleza finita como necesidad relativa, como determinismo. De acuerdo a Marx, Plutarco, autor de De placitis philosophorum señala que según Demócrito la necesidad sería: el destino y la justicia, la providencia y la creadora del mundo; pero la sustancia de esta necesidad sería la antitipia, el movimiento, el impulso de la materia. Epicuro escribe, en cambio: “La necesidad, a la que algunos convierten en dominadora absoluta, no existe; hay algunas cosas fortuitas, otras dependientes de nuestro arbitrio. Es imposible persuadir a la necesidad; el azar, al contrario, es inestable. Sería preferible seguir el mito sobre los dioses que ser esclavo del hado de los físicos. Pues aquél deja la esperanza de la misericordia por haber honrado a los dioses, pero éste presenta la inexorable necesidad. Sin embargo, debe admitirse[5] el azar y no la divinidad, como cree el vulgo. Es un infortunio vivir en la necesidad, mas vivir en ella no es una necesidad. Por todas partes se hallan abiertas las sendas, numerosas, cortas y fáciles que conducen a la libertad. Agradezcamos, pues, a dios que nadie pueda ser retenido en la vida. Dominar a la necesidad misma está permitido”[6].

Según D’Ambrosio[7], el punto clave de la filosofía de la naturaleza de Epicuro para Marx está en su teoría de los meteoros ya que esta debería realizar el principio atomista. En los cuerpos celestes la materia recibe forma, individualidad y autonomía. Pero es allí donde Epicuro sostiene la necesidad de un relativismo gnoseológico que acepte todas las explicaciones posibles, sin considerar ninguna de ellas como la explicación última. En tanto, universalidad existente,  los meteoros destruyen la ataraxia de la conciencia. En ellos la naturaleza ha llegado a ser autónoma, y para Epicuro el único ser autónomo es el ser de la autoconciencia individual. En este punto se explicita con claridad el principio de su sistema: la libertad de la autoconciencia. En términos modernos lo indicaríamos como la conciencia de la consciencia, para los posmodernos sería la metacognición. Y a esto añadiríamos que la conciencia, (en este caso autoconciencia)  es una experiencia del “sí mismo” en el pensar. Debido a que el “sí mismo” no es una función cognitiva en sí, carece de un sustrato neuronal. Por lo tanto, la consciencia debe considerase como un fenómeno concomitante del pensar -de la cognición-. La experiencia consciente emerger de cualquiera de las funciones cognitivas: percepción, memoria, atención, lenguaje e inteligencia[8]. Podríamos concluir que la retroalimentación cíclica sensorial-motora actúa como intermediario entre los códigos externos y las señales químicas y eléctricas propias del cerebro.

Epicuro
Epicuro

Marx señala que, Epicuro admite un triple movimiento de los átomos en el vacío. El primero es la caída en línea recta; el segundo se produce porque el átomo se desvía de la línea recta, y el tercero se debe al rechazo de numerosos átomos. La diferencia entre los dos filósofos reside en la desviación del átomo de su línea recta. Los átomos son cuerpos puros autónomos, o más bien, el cuerpo pensado en su autonomía absoluta, como los cuerpos celestes. Ellos se mueven, en efecto, como éstos, aunque no en línea recta sino oblicua. El movimiento de la caída es el movimiento de la dependencia. En este sentido al referirse a Epicuro, Lucrecio afirma que la desviación quiebra[9] las fati foedera, (los pactos del destino), y como él aplica[10] en seguida esto a la conciencia, se puede decir del átomo que la desviación es ese algo en su interior que puede luchar y resistir. La desviación del átomo acaece sin causa. Esto sólo puede acontecer si el ser con el cual él se relaciona no es otro que él mismo, es decir, también un átomo.

Para Epicuro la libertad es la posibilidad de ocurrencia de un cambio producido por sí mismo. Este autor abre las puertas a la individualidad y en ella se expresa tanto el azar como las acciones sin causa, como consecuencia de la relación existencia-esencia, donde la libertad es consecuencia de la naturaleza misma del ente en cuestión. Por lo tanto, el ser humano, el individuo, actúa libremente en la medida en que posee en sí mismo esa capacidad. El potencial para actuar voluntariamente, sin causas que determinen sus decisiones, sería parte de naturaleza. La libertar reside, como capacidad, en la individualidad del ser humano y ésta en su individualidad genética-neurológica.    Epicuro

Pd, Les invitamos a seguir nuestras publicaciones.

Zenós Frudakis. Libertad
Zenós Frudakis. Libertad

 

 


[1] 1F.A. Hayek, The Constitution of Liberty (Chicago: University of Chicago Press, 1960), pp. 11-12.

[2] Kandel ER., Schwartz JH., Jessell TM., (2000) Principios de Neurociencia, 4ta ed, McGraw-Hill-Interamericana pp 25

[3] Ibid pp 5 Kandel

[5] Dióg. Laercio, X, 133.

[6] Séneca, Epist., XII.

[7] Id. Agustín D’Ambrosio

[8] Fuster, Joaquín M., Cortex and Mind, (2003) Oxford University Press, USA

[9] Lucrecio, De rer, nat., II, 253 ss.

[10] Id., 279 ss.

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