La enfermedad arterial periférica, otro ejemplo del daño endotelial

Una de las diversas condiciones de salud que se desarrollan a partir del daño en la pared arterial es la enfermedad arterial periférica[1]. Las personas con enfermedad arterial periférica, tienen habitualmente aterosclerosis, una enfermedad en la cual la grasa se acumula dentro de las arterias y va estrechando gradualmente la luz de arteria. Por definición, la enfermedad arterial periférica, se refiere a cualquier proceso patológico que cause obstrucción del flujo sanguíneo en las arterias, sin contar las arterias coronarias ni los vasos cerebrales. Principalmente, la restricción del flujo sanguíneo ocurre en las arterias de los brazos, piernas, pies, estomago, riñones y pelvis.

 

oclusión arterial

 

Las arterias son los vasos sanguíneos que transporta la sangre que contiene oxígeno, las venas son los vasos sanguíneos que regresan la sangre hacia el corazón una vez han liberado su oxígeno en los tejidos. La enfermedad arterial periférica incluye a todas las arterias del cuerpo. Aunque, los síntomas de ésta condición sólo se observan en el área donde se ha estrechado la luz arterial. Las personas que padecen esta condición a menudo también tienen acumulación de grasa en las arterias del corazón y en las del cerebro, situación de alto riesgo para un infarto o un ataque de apoplejía.

Cuando se produce el estrechamiento de una arteria, las partes del organismo que irriga reciben un flujo sanguíneo insuficiente. La consiguiente disminución de la provisión de oxígeno (isquemia) puede manifestarse súbitamente (agudo) o de forma gradual (crónica). Los síntomas más comúnmente asociados con la enfermedad arterial periférica son los calambres o el dolor en los muslos, pantorrillas, o caderas, los cuales se producen al llevar a cabo actividades físicas (caminar, subir escaleras, hacer ejercicios, etc.). Sin embargo, en el 75 por ciento de las personas que padecen esta enfermedad, no se presenta síntoma alguno.

El primer síntoma del estrechamiento gradual de las arterias de las piernas es una sensación dolorosa, calambres o cansancio en los músculos de la pierna. Los síntomas generalmente se disipan con reposo (aunque pueden tardar varios minutos en aliviarse). Cuando las personas experimentan la molestia suele ocurrir en forma permanente, generalmente cada vez que la persona camina una cierta distancia, y desaparece unos pocos minutos después de detenerse para descansar. A medida que la enfermedad arterial de los miembros inferiores progresa, el dolor de pierna puede ocurrir a distancias de caminata cada vez más cortas.  Este “ir y venir” de síntomas se llama “claudicación intermitente”. A medida que la enfermedad se agrava, la distancia que se puede caminar sin sentir dolor se hace cada vez más corta. Finalmente, la claudicación aparece incluso en reposo. El dolor habitualmente se inicia en la parte inferior de la pierna o en el pie, es intenso y persistente y se agrava cuando se eleva la pierna. Para sentir algún alivio, la persona puede dejar colgar los pies en el borde de la cama o bien sentarse con las piernas colgando.

 

ateroesclerosis en pierna

 

Paradójicamente, el ejercicio es el principal tratamiento no farmacológico para este tipo de situación clínica. Los estudios clínicos han demostrado que ejercicios de entrenamiento han ayudado a mejorar el tiempo de caminar libre de dolor en personas con claudicación en un promedio de hasta un 180 por ciento. Los mayores beneficios, para mejorar la habilidad en el caminar, se han obtenidos cuando las sesiones de ejercicio duran más de 30 minutos, estas se llevaron a cabo por lo menos tres veces por semana y cuando las personas caminan hasta casi el punto de inicio del dolor. Este entrenamiento es de una duración de más de seis meses.

Los ejercicios de entrenamiento para reducir la claudicación siguen un patrón de periodos cortos de caminar hasta inducir la molestia de moderada intensidad, con intervalos de periodos cortos de descanso. Las alteraciones fisiológicas, metabólicas, y mecánicas que ocurren durante los periodos de ejercicio parece ser que estimulan una respuesta de adaptación que a ultimadas cuentas reduce los síntomas de claudicación.

Los ejercicios de entrenamiento mejoran el aspecto biomecánico del caminar y su eficiencia metabólica. Las personas con claudicación responden al dolor de sus piernas adoptando un patrón de caminar que favorece una mayor estabilidad del paso a expensas de la velocidad. Esta alteración biomecánica desventajosa hace que aumente el consumo de oxígeno al caminar. Consecuentemente, una cantidad determinada de caminata se realiza con un porcentaje mayor de consumo de oxígeno. En personas con claudicación, este aumento en el consumo de oxígeno ocurre a una tasa relativamente baja de caminar y el ejercicio de entrenamiento mejora estas alteraciones permitiéndole a la persona mantener un mejor consumo de oxígeno.

Otro ejemplo de la enfermedad arterial periférica es el de la aorta abdominal y sus ramas, arteria renal, aorta inferior y arterias de las piernas. Cuando una obstrucción súbita y completa ocurre en la arteria mesentérica superior, la rama principal de la aorta abdominal la cual alimenta gran parte del intestino, se producen dolores abdominales muy intensos. Al comienzo, habitualmente aparecen vómitos y deposiciones diarreicas con sensación de imperiosidad. Esta situación puede llevar a la muerte a la persona que lo padece. La obstrucción de las arterias renales, los vasos que alimentan a los riñones, produce un repentino dolor en el costado y la orina se vuelve sanguinolenta. La obstrucción gradual de las arterias de uno o ambos riñones puede provocar hipertensión (hipertensión reno-vascular).

 

aorta-abdominal

 

En el caso de la aorta inferior, le obstrucción trae como consecuencia que la persona sienta cansancio muscular o dolor en las nalgas, las caderas, y las pantorrillas al caminar. En los varones es frecuente la impotencia cuando existe un estrechamiento de la aorta inferior o de ambas arterias ilíacas. Si la obstrucción se produce en la arteria que comienza en la ingle y baja por la pierna hacia la rodilla (arteria femoral), aparece un dolor típico en las pantorrillas al caminar, así como debilidad o falta de pulso por debajo de la obstrucción.

La enfermedad arterial periférica, particularmente la enfermedad asintomática, es muy común y probablemente va hacer cada día más común mientras la población sigua envejeciendo y la capacidad para reconocer los casos asintomáticos mejore. La importancia de poder reconocer los casos asintomáticos consiste en poder refinar la valoración del riesgo vascular y el riesgo considerable de un infarto del miocardio o un ataque de apoplejía. Los riesgos de accidentes vasculares, junto con los síntomas severos de las personas con claudicación, pueden ser sustancialmente reducidos a través de cambios moderados en las conductas de riesgos y con el tratamiento oportuno. Estos factores de riesgos, al igual que los de accidentes vasculares consisten en: niveles altos de colesterol, fumar y vida sedentaria.

 

Maratón de hombres griegos


[1] Hankey GJ, Norman PE, Eikelboom JW. (2006) Medical treatment of peripheral arterial disease. JAMA.  295(5):547-53.

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