La técnica microprocesadora, la neurobiología y la libertad

En neurobiología, el determinismo llamado duro señala que nuestras elecciones son la causa de nuestras acciones, pero esas elecciones son causadas por creencias y deseos, valores, razonamiento, rasgos de carácter, entre otros, y estos a su vez, tiene causas externas. En otras palabras, según ellos no podemos encontrar ejemplos de libre elección en el ser humano ya sea, porque sus acciones son causadas por necesidades naturales (hambre, sed, excreción, respiración entre otra) o porque su identidad y personalidad son la causa de sus acciones. Aunque ésta posición raya en el extremismo, ya que la liberta es ejercida por un ente existente no por un ente etéreo idealizado sin biología ni historia, cualquier postulado que defienda el ejercicio de libre determinación en el ser humano debe explicar qué papel juega la memoria, los valores y las creencias en el ejercicio de la libertad. Sin embargo, reiteramos, no es la nada la que actúa libremente, es su contraparte, lo existente, lo que puede deliberar y actuar con conocimiento de causa.

Entre los requisitos que los deterministas ponen para aceptar que un acto sea libre está el que el individuo que actúa libremente sea la causa última (causa primaria) de sus acciones. Este planteamiento señala que no existe libertad si cada cosa que hacemos está causada en última instancia por sucesos y circunstancias fuera de nuestro control, de esta forma, no seriamos las fuentes últimas (origen, causa primaria) de nuestra elección. Por ejemplo, si tomamos dos monedas y una la lanzamos al aire para apostar de qué lado cae la moneda, y la otra, la dejamos en la mesa para que ella de vuelta en el aire “por sí misma” y así apostar de qué lado caerá la moneda, tendríamos una demostración de acciones deterministas y otra de acciones libres. En la primera opción, aunque interviene el azar, y su caída podría considerarse aleatoria, estaríamos hablando de variables desconocidas, es aleatorio por ignorancia, no conocemos todos los factores que actúan sobre la moneda pero de saberlo podríamos predecir de qué lado caería. En la segunda opción, el movimiento de la moneda es producido por sí mismo, en ella no actúa ningún estímulo externo, por lo que cumpliendo con la máxima exigida por los deterministas, la moneda actúa totalmente libre. En este ejemplo, la naturaleza intrínseca de la moneda posee la capacidad de actuar libremente.

En su tesis doctoral, “Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro”, Karl Marx logra exponer, tomando el átomo como ente en cuestión, el debate filosófico de estos dos polos polarizantés, Demócrito, un fiel determinista y Epicuro, un fuerte defensor del azar-libertad. Epicuro muestra el quiebre espontaneo, o lo que es lo mismo, la curvatura en el movimiento del átomo como un acto aleatorio, independiente de toda causalidad. En este sentido al referirse a Epicuro, Lucrecio afirma que la desviación quiebra[1] las fati foedera, (los pactos del destino), y al aplicar[2] esto a la conciencia, se puede decir del átomo que la desviación es ese algo en su interior que puede luchar y resistir. Por lo que, la desviación del átomo acaecería sin causa, en consecuencia de la relación consigo mismo y con los átomos que le rodean. Tratando de aplicar los conceptos modernos a lo que Epicuro hace mención, podemos decir que el movimiento curvo del átomo es espontaneo, lo que describiría algo que ocurre natural, sin restricciones y no planificado, producto de las causas o fuerzas internas, sin influencia externa.

Han transcurridos más de 2,000 años desde el inicio de estos argumentos filosóficos sobre la Naturaleza y hoy la mecánica cuántica revive sorprendentemente este debate aportando evidencia física a favor de los postulados de Epicuro. La mecánica cuántica se refiere a la ciencia que estudia el cosmos a partir del momento en que empiezan a notarse efectos como el principio de indeterminación de Heisenberg, que establece la imposibilidad de conocer con exactitud, arbitraria y simultáneamente, la posición y el momento de una partícula. Algunos fundamentos importantes de la teoría son que la energía no se intercambia de forma continua. En todo intercambio energético hay una cantidad mínima involucrada, llamada “quantum”. La escala microscópicas de investigación de la mecánica cuántica es del orden de la constante de Planck, en unidades del sistema internacional de medidas, el valor resultante de la constante de Planck es aproximadamente 6.63 x 10-34 J.s. (6.63 x 10 a la menos 34 julios por segundo). Un mundo microscópico del cual nosotros somos parte.

Un ejemplo de actividad espontanea en el mundo microscópico de la mecánica cuántica es la observada en el átomo radio (Ra), el cual emite una partícula alfa (α) cada determinado tiempo. Este tipo de emisión se conoce como la desintegración o decaimiento alfa. La emisión de esta partícula no puede ser predicha, lo único que se puede decir al respecto es que puede llevarse a cabo en un tiempo promedio de 2,000 años. Por lo que, los físicos buscan observar el evento sin referirse a causas externas, las que para los deterministas provocan la ocurrencia del evento. La actividad nuclear de este elemento contiene el conocimiento de la incertidumbre que provoca la interacción entre el núcleo y el resto del mundo. Si se deseara conocer el por qué la partícula alfa fue emitida en un momento particular tendríamos que saber la estructura microscópica del mundo entero, incluyendo la nuestra y eso es imposible[3]. El átomo de radio actúa espontáneamente de acuerdo a su naturaleza intrínseca y a la relación de éste con los átomos que le rodean. Los argumentos causales, propios de la fisca clásica no son aplicables en este caso.

Bajo ninguna circunstancia intento trasladar el conocimiento cuántico al comportamiento humano, las leyes del mesocosmos son suficientes para demostrar la capacidad intrínseca que el ser humano posee para actuar libremente. Aunque, es necesario resaltar que por lo menos, a nivel microscópico, el indeterminismo cuántico abre las puertas a una explicación al comportamiento aleatorio y espontaneas de las partículas subatómicas, lo que niega el postulado de que no existe la libertad en la naturaleza. En el comportamiento humano la incógnita reside en sí las actividades mentales de nuestro cerebro (conciencia, voluntad, pensamiento, entre otros) son propiedades emergentes de la materia del que sería parte el propio cerebro, lo que implicaría que estas propiedades también están sometidas a las leyes de la naturaleza. Lo que capacitaría al ser humano para ser libre, pues, no estaría proviniendo del mundo atómico-subatómico del cual está hecho, sino de las propiedades emergentes que emanan de la estructura cerebral como un todo, las cuales fue heredada y desarrollada durante el proceso evolutivo.

Tanto la conciencia como la voluntad son estados mentales producto de la actividad neuronal que se expresa en representaciones mentales. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que estas representaciones carecen del potencial causal, son imágenes, sensaciones que se organizan a través de un Yo que a su vez es otra representación mental carente de actividad causal. Sin embargo, la actividad mental que genera estas representaciones mentales si poseen un  potencial causal. El estado consciente rompe con el flujo inconsciente que viene procesando la información percibida y poseída. La naturaleza bilógica del individuo le permite percibir y procesar los estímulos entrante así como sus creencias, deseos, valores, razonamiento y rasgos del carácter. En el momento en que el ser humano adquiere la capacidad emergente de un estado consciente su actividad neuronal añadió la posibilidad de intervenir el procesamiento inconsciente con información incapaz de ser adquirida o procesada de forma inconsciente y aún más, se añadió la posibilidad de repasar el pasado y planificar el futuro.

Un ejemplo extraordinario de como la actividad neuronal, productora de las propiedades emergente del cerebro, la ofrece Jon Spratley[4], experto en diseño de microprocesadores. Este investigador presentó un chip que se implanta en la superficie del cerebro, donde se monitorean los pulsos electrónicos del pensamiento. A pesar de que las personas parapléjicas son incapaces de mover sus extremidades, sus cerebros producen señales eléctricas cuando lo intentan. Este nuevo chip reconoce este tipo de pensamiento, y transmite de forma inalámbrica la señal a cualquier tipo de dispositivo, ya sea una silla de ruedas o una computadora. Mediante los pensamientos las personas pueden encender y apagar luces utilizando interruptores avanzados, pueden utilizar televisores, computadoras e incluso podrían conducir un automóvil si la técnica se perfeccionara. El principio técnico consiste en que los pulsos eléctricos emitidos por el cerebro son repetidos por el chip implantado en el cerebro, una vez recibidos e interpretad son capturados por el receptor ubicado en la computadora o en cualquier dispositivo adecuado para esta tecnología. Lo que la teoría no pudo resolver la tecnología lo hico. La actividad neuronal que permite la emergencia del pensamiento, el cual no es otra cosa que un lenguaje mental que delibera sobre representaciones mentales, es capturada eléctricamente por un artefacto mecánico y lo traduce en acciones voluntarias conscientes. Esta tecnología ejemplifica la retroalimentación que la actividad neuronal de los estados mentales emergentes ejerce sobre el flujo de información procesada en el inconsciente.

Con este bello ejemplo no existe la necesidad de recurrir al dualismo cartesiano para explicar cómo la actividad neuronal se retroalimenta de sus capacidades emergentes. Si analizamos contextualmente la fisiología general del cerebro y si abandonamos el reduccionismo fisicalista-determinista no es difícil observar la capacidad humana para actuar deliberando sus acciones con conocimiento de causa. Esta capacidad emergió del desarrollo evolutivo del cuerpo-cerebro la cual perduró por la adaptabilidad que añadió al comportamiento humano. El beneficio adaptativo sólo puede verse a la luz del proceso evolutivo que ha sufrido el ser humano.

Brain-Computer Interface
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