La mala suerte con Boaventura de Sousa Santos

Los religiosos han sabido mantener una pelea de resistencia durante los últimos 5 siglos. Intentando retomar su papel protagónico en la vida de los ciudadanos del mundo van cambiando de color como camaleón. Su constante cambio de perfil les ha permitido tener acceso al poder político por la vía electoral donde promueven legislaciones para controlar la vida de los individuos e intentar conferir un golpe mortal a su arracimo enemigo, la ciencia. El discurso revanchista ha sido sutil gracia a los excesos cometidos tanto por gobiernos productores de bienes de consumo como por la burguesía. El desarrollo económico promovido por los gobiernos poseedores de los medios de producción así como por la burguesía jamás previeron las consecuencias de una concepción de un “mundo sin límites”. Por lo que hoy, van contra el instrumento que estos sectores de la sociedad utilizara para promover su crecimiento. Es algo común en el ser humano, y no será la primera vez en la historia de la humanidad que se ataque al instrumento del asesino y no al asesino.

En respuesta a los lectores de la BBC Mundo, el premio Nobel de Medicina 2013, Thomas Südhof, señaló que en Estados Unidos existe poco interés en invertir en el campo de la investigación del cerebro porque esta está politizada: “En Estados Unidos, de alguna manera nos desafían para que pensemos en la posición de la ciencia, porque tradicionalmente la neurociencia es políticamente neutral: sus esfuerzos están dirigidos únicamente a alcanzar la verdad. Pero se ha convertido casi en algo como en la época posmedieval[1], cuando la Iglesia católica trató de prohibir la discusión sobre el cosmos y de cómo la Tierra es la que circula alrededor del Sol”. Este no es el único ataque que la ciencia recibe en los Estados Unidos. Desde el año 2001 se prohibió la financiación del gobierno federal a los estudios con células embrionarias troncales humanas. Aunque, las investigaciones se han iniciado recientemente estas continúan restringidas a células de tipo H1, generadas antes de 2001.

El ataque al ejercicio de la acumulación del conocimiento, ciencia, el cual se ejercita a través del método experimental exigiendo corroboración y validación, no se circunscribe exclusivamente al ala radical-conservadora del partido republicano norteamericano. La guerra contra la ciencia se extiende a otros grupos sociales y abarca otras disciplinas no relacionadas con la reproducción. En la ecología la religión ha encontrado un nicho para exponer sus ideas y atacar, precisamente, el momento en que recibió uno de los más acertados golpes mortíferos, Copérnico-Galileo (siglo XV-XVI). Hablando de la sociedad moderna Leonardo Boff[2] señala: “El modelo de sociedad y el sentido de la vida que los seres humanos proyectaron para sí, al menos en los últimos 4000, años, está en crisis. Y ese modelo, al menos en términos de lo cotidiano, era y sigue siendo que lo importante es acumular un gran número de medios de vida, de riqueza material, de bienes y servicio, a fin de poder disfrutar del breve paso por el planeta. A realizar este propósito nos ayuda la ciencia…” En este caso el compinche de la maldad es la ciencia que conoce los mecanismos de la tierra, y la técnica, que interviene en ella para beneficio del ser humano.

Continúa Boff señalando: “Nuestra ciencia moderna comenzó por negar la legitimidad de otras forma de diálogo con la naturaleza tales como el sentido común, la magia y la alquimia. Llegó hasta negar a la misma naturaleza al desconocer su complejidad por suponer que estaría regida por un pequeño número de leyes simples e inmutables (Newton y también Einstein)[3]. “Se trata, por tanto, de elaborar una vigorosa ecoteología de la liberación integral”[4]. No hay lugar a dudas que, hoy día, la ecología es un río revuelto para todo el que quiera pescar. Los que parecen no estar invitados son los que la ecologistas-biólogos, reproductores de la ciencia moderna.

Algunos autores atacan la ciencia moderna con el objetivo de coronar al sentido común, junto a su pragmatismo, como método legítimo de búsqueda del conocimiento. Con esto en mente se intentan desacreditar el método moderno de acervarse al conocimiento por la vía teórica y experimental. Boaventura de Sousa Santos[5], sociólogo que sostiene esta postura, sostiene su defensa del sentido común bajo el supuesto de una crisis en el modelo de racionalidad científica moderna. Su señalamiento es de tal magnitud que pronostica que en poco tiempo habrá una ruptura en el paradigma dominante, entiéndase en la ciencia moderna, abriendo las puertas a la epistemología que él identifica como del Sur.

Antes de explicar esta supuesta crisis paradigmática de la ciencia moderna es necesario señalar algunos puntos que nos permitirán reconocer el error en que el señor de Sousa Santos incurre: primero, al describir la metodología que él identifica como ciencia moderna  comete el grave error de generalizar la concepción y la práctica de la ciencia física con el resto de las otras ciencias naturales. El fisicismo, reduccionista y determinista, ha sido fuertemente criticado, en especial por los biólogos, ya que esta metodología no puede ser aplicada en la biología evolucionista[6]. Sin embargo, es un modelo perfectamente válido para la física aunque no para la biología.

Es innegable que a partir del siglo XX los físicos se desbordaron en descubrimientos que transformaron la física moderna. La teoría de la relatividad destruyó el espacio y el tiempo absoluto que habían caracterizado la física moderna desde los tiempos de Newton. La relatividad general sustituyó a la cosmología moderna, el universo estático e infinito fue remplazado por el universo finito y en expansión. La mecánica cuántica eliminó el principio de causalidad estricto sobre el que se había afirmado la representación determinista de la Naturaleza. La revolución científica del siglo XX cambió nuestra representación de la Naturaleza y los presupuestos epistemológicos sobre los que se asentaba la Razón moderna[7].

Al hablar de la revolución en el campo de la física no debemos olvidar que, si bien, la teoría de la relatividad general sustituyó la cosmología moderna caracterizando el universo de forma diferente y la mecánica cuántica eliminó el principio de causalidad estricto en el microcosmos, en nuestra vida diaria, en el mesocosmos, las leyes de Newton siguen vigente. El señor de Sousa Santos erróneamente adjudica las rupturas paradigmáticas del siglo XX en la física a todas las ciencias naturales modernas, y proyecta esta ruptura, sin aportar ninguna prueba o argumento, al modelo de racionalidad científica moderna. El método de investigación y experimentación moderno sigue incólume. Uno de los mejores ejemplos lo ofrece Arthur Eddington, el cual contribuyó a probar experimentalmente la teoría de la Relatividad General mediante la observación del desplazamiento de la posición relativa de una estrella durante un eclipse total de Sol. Es la prueba experimental lo que finalmente válida una teoría en las ciencias modernas y eso permanece intacto el día de hoy.

El lenguaje de la física clásica es diferente al de la física contemporánea y dificulta la comprensión de la física cuántica, tanto las nuevas categorías conceptuales así como la reinterpretación de eventos atómicos tradicionalmente interpretados rebasan nuestro sentido común. El principio de incertidumbre, donde la posición y la velocidad exacta de un electrón es imposible de ser descrito; la indeterminación del estado del electrón, en el que el estado de éste se encuentra sobrepuesto en onda-partícula y, la desigualdad de Bell, con la que se demostró que ninguna teoría local determinista de variables ocultas puede reproducir todas las predicciones experimentales de la mecánica cuántica, son ejemplos de lo antes mencionado, además, son los que ponen en entredicho los principios causalidades deterministas de la física clásica. El concepto de “realidad” ha tenido que ser reinterpretado, entendiendo que si bien existe una realidad independiente del sujeto ésta no es la que perciben nuestros sentidos. La realidad física cuántica deviene actual en el momento de la observación, mientras que no lo es cuando no está siendo observada. Por lo que lo “real” es, en gran medida, potencial o indeterminado, susceptible de actualizaciones diversas según la interacción a la que se verá sometida por el observador. Este principio, bajo ninguna circunstancia quiere decir que la física contemporánea es idealista como señala de Sousa Santos[8]. Este principio se ejemplifica en el experimento mental conocido como la paradoja de Erwin Schrödinger.

Sin embargo, no debemos olvidar que todas las observaciones de la física cuántica lo son de realidades cuánticas, que no están al alcance del conocimiento desnudo de los sentidos. Por esto, todas estas realidades no son ni pueden ser objetos de conocimiento directo. En palabras de Schrödinger, “la regularidad que se observa en la naturaleza inanimada se debe completamente al número tremendamente grande de procesos moleculares que cooperan entre sí”. Lo que observamos en la vida diaria es la interacción inimaginable de las partículas subatómicas y de los átomos. Los efectos cuánticos se desvanecen al tratar con partículas mayores que un átomo.

La teoría de la relatividad no debe entenderse como un cuestionamiento a la realidad sino como una teoría del campo gravitatorio y de los sistemas de referencia generales. Bajo esta teoría lo que se expone son aspectos distintos de la misma realidad como la aceleración y la gravedad, la noción de la curvatura del espacio-tiempo y el principio de covariancia generalizado. Einstein fue considerado entre los físicos como un creyente del “realismo” duro”, en términos vulgares podríamos decir que “lo que ves es lo que hay”.

El paradigma emergente producto de la ruptura en la física moderna representó en términos prácticos el manejo del material nuclear. Actualmente se desarrollan fuentes alternas de producción de energía como lo es la fusión nuclear, la cual produce energía limpia. El universo ya no fue exclusivo de los soñadores, los viajes al espacio están a la orden del día, con las respectivas puesta de satélites en beneficio de las telecomunicaciones. El desarrollo de la cibernética expandió la esfera de la comunicación a tal grado que el mundo se ha hecho pequeño. La digitalización, la robótica, y la inteligencia artificial se entre cruzan intentando emular el cerebro humano. Podrías continuar mencionando múltiples ejemplos de cómo se ha aplicado el conocimiento de la ciencia física en nuestro diario vivir, sin embargo no lo creo necesario. De igual forma podemos señalar las maldades de estas aplicaciones pero tampoco este es el caso a menos que queramos ideologizar la física posmoderna.

A la luz de lo antes expuesto es comprensible ver el antagonismo irreflexivo de los grupos pro “paradigma emergente” como el que predica de Sousa Santos. Lo que no es comprensible es la tergiversación de la información contra la “ciencia contemporánea”. Situación hipócrita, ya que todos estos intelectuales hacen uso de los adelantos tecnológicos de la ciencia posmoderna (celulares, computadoras, tabletas digitales, entre otros). Además, algo sorprendente es que los grupos comunitarios a los que ellos dicen representar no desean permanecer en el atraso tecnológico[9]. La supuesta crisis que habría de devenir en una epistemología del sentido común como consecuencia de la destrucción del modelo de racionalidad científica,  en el año 2010, representó el 30 por ciento del PIB de los Estados Unidos en aplicación de las técnicas derivadas de la mecánica cuántica. Lo que demuestra que la teoría del paradigma emergente de Boaventura de Sousa Santos está construida sobre supuestos falsos.

Autor del libro "Una epistemología del SUR"
Autor del libro “Una epistemología del SUR”

[2] Boff L., 2001 re-impresión, Ecología, ed Trotta, Madrid pp 14

[3] Ibid 24

[4] Ibid 12.

[5] de Sousa-Santos B., 2009, Una epistemología del Sur, Clasco coedicones Siglo XXI, Buenos Aires

[6] Mayr E. (2006), Por qué es única la biología, primera en español, ed Katz, Buenos Aires, pp 38

[7] Otero-Carvajal, 2005, Cuadernos de Historia Contemporánea, no. 27, ISNN: 0214-400-x Universidad Complutense de Madrid, http://eprints.ucm.es/6156/1/einstein.pdf

[8]De Sousa Santos, B., Crítica de la razón indolente, pp 92,   http://www.boaventuradesousasantos.pt/media/critica_de_la_razon_indolente.pdf

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